Aprovechando que esta semana se celebró el Día Internacional del Patrimonio Mundial, nos adentramos durante un día por la ciudad, visitando sus lugares más característicos: desde Los Dólmenes hasta El Torcal, sin dejar de lado el Museo de la Ciudad de Antequera, el Castillo o la antigua Real Colegiata de Santa María.
 
Las iglesias también son una parada obligatoria, además de acudir al Museo Conventual de las Descalzas, que precisamente durante estos meses no cuenta con dos de sus pinturas más importantes, del artista mexicano Antonio de Torres. Sin duda, “turistear” por nuestra ciudad es un buen plan cualquier día de año.
 
Cuando no tienes tu ciudad cerca y no la visitas durante unos meses, tu mirada hacia ella se vuelve diferente. La ves, por decirlo de alguna manera, casi como un turista más. Encuentras fallos que antes pasabas por alto, pero también genialidades que antes no apreciabas. En definitiva, te invito a que me acompañes en esta aventura turística por nuestra ciudad desde un punto de vista diferente. Desde la mirada de una persona que ama a su ciudad y que, ahora, no tiene la posibilidad de disfrutarla tan a menudo.
 
Es sábado 13 de noviembre y comenzamos esta ruta con la mente puesta en dos conceptos clave: Patrimonio Mundial e iglesias de la ciudad, siempre basándonos en la facilidad de visitar determinados monumentos según la hora de cierre de cada uno de ellos. Por eso, nada mejor que comenzar a las 9 horas de la mañana en la Colegiata de San Sebastián (construida en 1548): majestuoso templo (entrada gratuita) que se erige en el kilómetro 0 de la ciudad y donde se encuentran las imponentes imágenes del Señor y la Virgen del Mayor Dolor, realizadas por Andrés de Carvajal.
 
El camino nos lleva a calle Encarnación, donde podemos contemplar el Museo de nuestro periódico, para después seguir hacia la Oficina de Turismo, donde nos guían por los lugares más especiales de la ciudad. Entre ellos, el Museo Conventual de Las Descalzas (3,30 euros), donde el mundo religioso nos lleva hasta un Belén Napolitano instalado en una de sus salas: ¡vayan, apaguen las luces y contemplen Antequera en miniatura!
 
Parada técnica en el camino. ¡Los molletes de Antequera hay que probarlos! Antes de continuar, degustamos unos deliciosos molletes de la tierra, cómo no.Los Dólmenes (entrada gratuita) nos esperan, pero antes de afrontar la Cuesta de Archidona, nos topamos con la iglesia de la patrona Santa Eufemia (se levantó entre los años 1739 y 1763) y, justo al lado, Santiago (mediados del siglo XVIII), donde casualmente su Virgen de la Salud se prepara para salir y bendecir a los vecinos del barrio. Nos la encontramos sobre unas pequeñas andas, vestida de manera exquisita y en un templo donde el aroma a incienso se hace notar.
 
La mañana continúa y hay que ver en un día (el tiempo del que disponemos) los lugares más destacados de la ciudad. Turno de Los Dólmenes. Su nuevo Museo nos sorprende: por fin, estos monumentos Patrimonio Mundial tienen un lugar donde contextualizar su importancia. Bartolomé Ruiz, su director, nos acompaña en una visita guiada en la que nos muestra los entresijos de un edificio concebido para atraer cada año a miles de turistas.La pasión de Bartolomé Ruiz es indiscutible: en cada rincón de ese Museo va diseccionando lo que podremos ver cuando la musealización se complete. En sus explicaciones, cada detalle. Como si en su mente fuese completando cada pared blanca con lo que hay pensado exponer.
 
El Museo, eso sí, tiene un duro trabajo por delante. Lo que vemos hoy en día es solo un boceto; un proyecto que tiene que avanzar mucho. No se trata de completar los espacios con lo primero que encontremos. Debe existir un discurso que se irá creando con el paso de los meses. 
 
Eso sí, ¿cómo es eso de inaugurar un Museo en unos meses sin tener realizada, para los próximos meses, la exposición permanente? ¿Debería inaugurarse un Museo que solo se alimentará en primer término de exposiciones temporales? Cultura tiene en este aspecto una tarea tremendamente importante: o se dan prisa o el Museo corre el riesgo de convertirse en una sala de exposiciones al uso. Con fotografías, pero sin discurso; con arte y cultura, pero sin diálogo. Con explicaciones banales, pero sin profundizar en la historia del Sitio.
 
 

La Peña de los Enamorados y El Torcal
La visión que desde Menga se tiene de la Peña de los Enamorados es impresionante. Su perfil antropomórfico te atrapa desde el principio, siendo una figura que nos acompañará permanentemente por toda la visita a Antequera: se ve desde la Vega, desde el Castillo y desde otros muchos puntos de la ciudad.Tras admirar su belleza, nos dirigimos al Torcal de Antequera. La tercera pieza de nuestro Patrimonio Mundial, donde los antepasados antequeranos vivieron hace miles de años. Un paraje natural que se disfruta más todavía si cierras los ojos. Podrás escuchar multitud de pájaros, diferenciar su canto y, si tienes suerte, notarás de cerca incluso las pisadas de las cabras monteses, que se cuentan por decenas en El Torcal.
 
Acudimos a ver El Tornillo. Sin duda, el símbolo de nuestra tierra y de este lugar tan especial. Quizá algo magnificado en los últimos años, El Torcal es uno de los paisajes kársticos más sorprendentes que podemos encontrar. Un lugar único que podemos disfrutar aún más si decidimos emprender el rumbo en alguna de sus sendas o rutas, que nos dejarán boquiabiertos.Bajamos ya, en coche, de los más de 1.369 metros de altitud hasta volver a Antequera. Toca el turno de algo de comida. Hay que coger fuerzas: llega la hora del Castillo y Santa María (6 euros).
 
Un hilo musical nos acompaña en la senda del Castillo (su fecha de construcción exacta es desconocida, mencionándose por primera vez en el siglo doce), echando de menos la arboleda o el cuidado de jardines que, recuerdo, hace tiempo se prometió desde las instituciones. Con su plano, sus bonitas palabras y sus efectos en tres dimensiones. Nada de eso hay, años después, en un Castillo que, mejorando su zona ajardinada, vería mejorado casi todo lo que en él hay.
 
El siguiente punto de encuentro es la antigua Real Colegiata de Santa María (1514-1550). Un bonito vídeo introductorio de varios minutos nos adentra en su época de construcción, para después contemplar cada uno de sus rincones. desde una maqueta de la Antequera amurallada, hasta la recreación de la figura de una Tarasca (figura de una mujer sobre un dragón de seis cabezas).
 
 

El Museo de la Ciudad, motivo de orgullo
Queremos poner fin a esta intensa jornada antequerana con dos últimas visitas. En primer lugar, te hablamos del Museo de la Ciudad de Antequera (entrada gratuita), donde podemos encontrar un amplio repaso a la historia de nuestra ciudad. Su imponente edificio (Palacio de Nájera, siglo XVIII) es un aviso de lo que estamos a punto de descubrir.
 
Con un exquisito (y mejorado en los últimos años) discurso expositivo, veremos diferentes símbolos de la ciudad, prehistoria, época romana con la escultura del Efebo como gran exponente, manifestaciones medievales, visigodas... Todo ello, sin dejar de lado el barroco, pinturas y obras de José María Fernández y Cristóbal Toral.
 
Para finalizar la ruta por la ciudad, otra iglesia sorprendente, la de Nuestra Señora de los Remedios (entrada gratuita), patrona de Antequera. Construida en 1628, se puede ver en todo su recorrido unas pinturas al temple de extrema exquisitez, junto con su iconografía.Sin duda, un intenso sábado en nuestra ciudad. ¡Y aún así nos dejamos mucho por ver... Para la próxima!
 
  
 
Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel el sábado 20 de noviembre de 2021. ¡Suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).