Venta El Conejo es uno de esos lugares indispensables para disfrutar de la gastronomía más tradicional. Su ubicación en la carretera de El Torcal le convierte en lugar de parada obligatoria para antequeranos y visitantes.

Desde hace más de cuarenta años, la familia Bueno se encarga de su gestión, ofreciendo sabores inigualables como el de su lomo o sus patatas simples. Algo tan sencillo, y que a la vez no somos capaces de reproducir en nuestros hogares. “El secreto está simplemente en pelar y freír, no tiene más historia, pero siempre en perol y al fuego, porque en una freidora sería imposible”, señala su gerente Miguel Bueno.

Aunque la pandemia le obligó a cerrar sus puertas al público y servir solo para llevar, “porque este negocio funciona con mucha gente y mucha bulla”. Aunque el pasado año optaron por abrir su terraza por la noche, “no vemos el movimiento necesario y hemos preferido seguir esperando”, indica.

De cara a esta temporada de verano, son muchos los clientes que realizan sus encargos para llevar a la playa o la piscina. “La tortilla nunca falla, es lo que triunfa”. Junto a la clásica de patatas, según la demanda “también podemos hacerla de cebolla, de chorizo o con lomo”, según el pedido.

Además, “hemos querido incorporar algunos platos nuevos como la porra, la ensaladilla rusa o huevos rellenos”. Estas novedades “están teniendo una buena acogida”.

Los clientes no se privan de su comida

Pese a no poder degustar en sus salones los platos de toda la vida, los antequeranos no se privan del sabor de los platos de la Venta El Conejo. Por eso, “son bastantes los pedidos que vamos recibiendo, y que nos están permitiendo aguantar y cumplir con los objetivos a pesar de las circunstancias”.

Ahora para el mes de septiembre se preparan para un cambio generacional en el negocio, “porque se jubila mi padre y tenemos que hacer cambios generales, y esperamos que pronto podamos volver como siempre lo hemos conocido”.

Y es que en su esencia, la Venta El Conejo no ha cambiado en estas cuatro décadas de vida. Con esa misma receta de conejo al ajillo que por su fama ha llegado incluso a darle nombre al establecimiento: “Al principio se llamaba Venta Palomo, que era el tío de mi padre que fue el que comenzó todo, pero como todo el mundo la conocía como Venta El Conejo se decidió cambiarle el nombre”.

Esta tradición no está enfrentada con la modernidad actual que le dan sus actuales responsables, que son activos en las redes sociales para mantener informados por diferentes medios para “que nos vean y se decidan a pedir nuestros platos para compartir en casa o en las reuniones familiares”, expone.

 

 

 
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