A comienzos de los años sesenta del siglo pasado el arquitecto madrileño Francisco Pons Sorolla (1917-2011), que era nieto del genial pintor Joaquín Sorolla, llevó a cabo en Antequera la restauración de la capilla-tribuna del Portichuelo, así como de todo su conjunto urbanístico, y la reconstrucción del Arco del Nazareno (Dulce Nombre de Jesús) de la plaza de san Sebastián. Ambas actuaciones, concluidas en 1963, se incluían en un amplio programa llevado a cabo por la Dirección General de Arquitectura, dependiente del Ministerio de la Vivienda, que se desarrolló en todo el territorio español. El propio Pons Sorolla ya había proyectado y dirigido con anterioridad otros ambiciosos proyectos en ciudades como Santiago de Compostela, Pontevedra, Lugo, Madrigal de las Altas Torres (Ávila), Sos del Rey Católico (Zaragoza), Úbeda y Baeza (Jaén) y Santa Fe (Granada), entre otras. Y en todas ellas desarrolló un criterio de intervención integral urbana, ampliando el concepto de monumento individual a la propia conservación del ambiente histórico del mismo, teniendo en cuenta valores paisajísticos, pintorescos y turísticos. Ello implicaba que junto a la restauración del monumento concreto se actuaba sobre su entorno urbanístico, con el tratamiento pétreo de pavimentos, escalinatas, pretiles, fuentes... como una forma de acentuar su carácter de conjunto histórico en la búsqueda del binomio Patrimonio-Turismo.

 

En la provincia de Málaga, Francisco Pons Sorolla puso sus ojos en las ciudades de Ronda y Antequera. En la ciudad del Tajo intervino en monumentos como la Plaza de Toros (la Real Maestranza le entregó una placa en 1962), la iglesia del Espíritu Santo, el Arco de Felipe V, los Puentes históricos, las Murallas, la Puerta de Almocábar y otros de orden menor, al tiempo que realizó la pavimentación artística de todo el conjunto monumental, desde el Puente Nuevo hasta la bajada a los Baños Árabes. En 1966 el Ayuntamiento de Ronda le nombró Hijo Adoptivo y después rotuló una calle con su nombre.

En el caso de Antequera, una vez concluidas las citadas actuaciones (Portichuelo y Arco del Nazareno) Francisco Pons Sorolla propuso al Ayuntamiento de entonces seguir actuando con idénticos criterios en las calles que enlazaban con el Arco de los Gigantes, la Colegiata de San María, el Callejón de la Estrella y la iglesia del Carmen, mostrando especial interés en liberar  de casas y restaurar el torreón del Asalto y la muralla de la plaza del Carmen, algo que ya había experimentado en el inicio de la recuperación de las Murallas de Lugo (Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000). Para ello pedía una colaboración económica simbólica al Consistorio, que justificase su propuesta ante el gobierno de Madrid, obteniendo una respuesta negativa del alcalde de Antequera. Así que abandonó su proyecto antequerano e incluso se llevó a Ronda a algunos de los picapedreros locales que habían trabajado en la reurbanización de la plaza del Portichuelo, muchos de los cuales se jubilaron en aquella ciudad.

Cuando en las elecciones municipales de 1983 triunfó la candidatura socialista al Ayuntamiento de Antequera encabezada por Pedro de Rojas Tapia, obteniendo trece concejales, el nuevo alcalde me nombró teniente de alcalde delegado de Cultura, Festejos y Patrimonio Histórico. Desde el primer momento mi preocupación máxima fue conseguir fondos de la naciente Junta de Andalucía para la restauración de las cubiertas de un buen número de iglesias, cuyos tejados estaban muchos de ellos prácticamente en estado ruinoso. Después comenzamos con la pavimentación artística de todo el conjunto monumental, algo que necesitó de muchos años de actuaciones en las que se entremezclaron las obras del famoso PER, de los Planes Provinciales y de otros programas de la Junta de Andalucía, concretamente de la Dirección General de Arquitectura, como fue el caso de urbanización patrimonial de las plazas de Santa María y San Sebastián, esta última recientemente deshecha.

Comienzan los derribos

Algunos años después, en 1989, por una circunstancia no prevista, surgió la posibilidad de comenzar aquello que Pons Sorolla no pudo llevar a cabo: la recuperación de la muralla y del Torreón del Asalto de la plaza del Carmen. Ocurrió que el propietario de una casa que tapaba la mitad del frente del referido Torreón, llamado José María Ortiz de Pinedo Rodríguez y funcionario de Renfe que lo trasladaban a Valladolid, vino a verme al Ayuntamiento ofreciendo la venta de su vivienda (tenía con los patios 99,40 metros) con la idea de ser demolida y así comenzar un largo proceso de recuperación del monumento. Con el visto bueno del entonces alcalde Paulino Plata la casa se compró, previa aprobación del pleno municipal, e inmediatamente se procedió a su derribo y a una primera restauración del tramo de paramento medieval descubierto. 

El primer paso ya estaba dado, ahora había que seguir negociando la compra del resto de las casas, concretamente de aquellas que ‘tapaban’ el mejor tramo conservado de la muralla de la Madina nazarí existente entre la antigua Puerta de la Villa (Arco de los Gigantes) y la desaparecida Puerta de las Bastidas (de ésta aún se conservan importantes restos), situada en el punto en el que convergen las calles Bajada del Río, Niña de Antequera y Colegio. La siguiente casa se compró en 1991 y fue la situada a la derecha del Torreón, cuya parcela tenía mucha mayor extensión y ocupaba parte del espacio correspondiente a la ante-muralla y la liza, en dirección al arco y torre albarrana de la Estrella. En este caso el propietario era Juan Torres Prados y la superficie de su solar contaba con 128,70 metros. Poco después se adquirió parte del solar –tenía fachada a la calle Colegio– existente junto a la casita del siglo XVIII que aún permanece hoy a la izquierda del Arco de la Estrella. Con ambas operaciones y sus correspondientes demoliciones ya se iba viendo con mayor claridad el conjunto defensivo murado, de evidente complejidad, por el que el Infante Don Fernando comenzó la conquista de Antequera en 1410.

En noviembre de 1996 (era yo alcalde desde hacía dos años) se llevó a cabo la siguiente adquisición, concretamente el inmueble que tapaba la otra mitad del frente del Torreón. Esta vivienda, cuyo propietario era Antonio Moreno Aguilar y que tenía una extensión de apenas 27,60 metros, ya había sido ofrecida en venta por su dueño algunos años antes, aunque en una cantidad de dinero desorbitada en aquel momento, por lo que su desaparición tuvo que esperar hasta que la oferta se redujo a la cuarta parte de la cantidad propuesta inicialmente. Este inmueble fue totalmente derribado en mayo de 1997.

La última compra, realizada el año 2002, fue la casa que tapaba todo el lateral izquierdo del Torreón del Asalto, presentando tres plantas y dos ejes de huecos a la plaza del Carmen y cinco a la calle Bajada del Río. Sus propietarios eran Rafael Moreno León y Antonio Burgos León y la extensión de la planta ocupaba 97,38 metros. Sin duda esta última operación fue la que le dio pleno sentido a todo el proyecto de recuperación del conjunto murado, puesto que el Torreón ahora ya mostraba toda su potente volumetría en las tres caras. Digamos que el conjunto defensivo medieval se transformaba en un claro ejemplo de “arquitectura elocuente” y en el escenario recuperado de un hecho trascendental en la Historia de Antequera.

 

Restauración de lo recuperado

A medida que se iban demoliendo las diferentes casas que ocultaban este importante tramo de la muralla urbana de Antequera, se tenía que actuar de inmediato para consolidar lo recuperado y, en algunos puntos, evitar desplomes no deseados. Además, dado el grado de desconocimiento que se tenía entonces sobre cómo había sido el aspecto general de esta muralla y de su sistema defensivo, también había que ir interpretando, en función de lo que iba apareciendo, los criterios desarrollados en época nazarí y las técnicas de la poliorcética aplicadas en este tramo. Sirva como ejemplo el caso de un torreoncillo de la antemuralla que, al aparecer la cimentación de la torre albarrana Mocha, formando parte de la barbacana, se comprendió que en realidad era el pilastrón donde apoyaba el arco que lo comunicaba con la citada albarrana. En este caso se insinuó con varias dovelas el arranque del arco y se reconstruyó la torre albarrana Mocha (1999) hasta una altura suficiente para que fuera comprensible su función, sin llegar a su formalización plena. El 9 de febrero de 1999 se replanteó la ‘nueva’ muralla, situada a la izquierda de la casita inmediata al Arco de la Estrella, partiendo de la cimentación aparecida y elevándola hasta rematarla con los correspondientes merlones de módulo nazarí (rectángulos apaisados y coronados de albardillas a cuatro aguas).

La demolición en 2002 de la casa que escondía el lateral izquierdo del Torreón del Asalto (esquina de plaza del Carmen y calle Bajada del Río) fue la última actuación de envergadura en la operación ’muralla limpia’ llevada a cabo por el Ayuntamiento de Antequera. Algunos años después fue la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía –Rosa Torres era la consejera– la que financió la definitiva restauración y puesta en valor de todo el conjunto monumental y defensivo de este sector de la muralla urbana de Antequera, tal como hoy lo podemos contemplar. Digamos para concluir que toda esta operación patrimonial, de enorme complejidad técnica e intelectual, necesitó del esfuerzo y de la inversión de muchos años, pensando desde un primer momento en el largo plazo y no en la inmediatez de los resultados, algo que casi siempre lleva al triunfo del poder de lo mediocre.

 

 

Más información, próximas ediciones www.elsoldeantequera.com y de papel, el sábado 18 de julio de 2020 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).