David fue el rey más importante de Israel. Cronológicamente, fue el segundo en ocupar el trono, porque reinó después de Saúl. Vivió a finales del siglo XI y principios del X antes de Jesucristo. En primer lugar, querría hacer una referencia a su nombre.

Con arreglo a la enciclopedia Durvan, David es generalmente un nombre propio. Sin embargo, en textos anteriores a Jesucristo el nombre de David era un título que se otorgaba a jefes militares. Es probable que recibiese este título debido a una importante novedad que introdujo en el ejército hebreo: utilizó a soldados mercenarios, profesionales en sus campañas, por ejemplo, para conquistar Jerusalén.

De este rey podemos destacar los siguientes elementos, unos de carácter político y otros de carácter religioso: conquistó Jerusalén, trasladó el Arca de la Alianza a Jerusalén, erigió esta ciudad como capital religiosa de los hebreos, gobernó sobre Judá e Israel, ordenó a los jefes militares que hiciesen un censo para saber cuál era la población, forjó la dinastía de la que mucho después nacería Jesucristo y en su reinado se constituyó el salterio: se considera que la mitad de los salmos los compuso él.

Voy a hacer ahora un comentario muy breve sobre los Salmos o Salterio. El Libro de los Salmos es una de las partes más importantes del Antiguo Testamento. Está compuesto por ciento cincuenta salmos o poemas religiosos. Según nos indica la Biblia de Jerusalén, eran cantados con el acompañamiento de un instrumento de cuerda. A grandes rasgos, y según la Biblia mencionada antes, los salmos se pueden dividir en 3 grupos: los himnos, que contienen una alabanza a Dios, los salmos de súplica, lamento o sufrimiento y los salmos de acción de gracias. En algunos salmos se combinan los tipos antes descritos. Además, algunos salmos son oráculos y otros son salmos “reales”, es decir, que tienen como protagonista al rey.

Los salmos se pueden considerar oraciones que el creyente dirige a Dios. Querría hacer una mención especial del salmo 22, porque Jesús lo proclama en el terrible momento de fallecer en la cruz, o el 110, porque, como indica la Biblia de Jerusalén, es el salmo que se menciona más en el Nuevo Testamento. Quien escribe esto los ha leído y ha hecho una selección personal de los que más le conmueven.

 

 

 

 

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