Se abren nuevos tiempos, diferentes. Nos pillan con el bagaje de haber pasado por momentos históricos, raramente pensados y difícilmente creídos hace apenas dos años y poco. Estamos pasando, en ese período de tiempo, por una virulenta pandemia, hemos vivido la erupción de un volcán en terreno patrio, soportamos una nevada no vista en siglos, nos guarecimos de una granizada bestial –esta nos tocó muy de cerca–, y por si fuese poco, aún estamos quitando barro de las últimas lluvias con arena del desierto, mirando atónitos como los noticiarios televisivos arrojan imágenes en directo de cruentas e inhumanas guerras en pleno siglo XXI.

Dicho todo esto así de golpe, más parecen las siete plagas de Egipto que el relato de la realidad en el mundo, de los últimos veintiocho meses. Para soportar todo esto, y seguir vivos, hemos debido abrir la mente y pensar de manera diferente, e incluso algunas veces, ponernos en situaciones que ni de lejos nos hubiésemos visto ahí.

Nuestra ciudad forma parte de este mundo, del mundo que ha soportado y sufrido lo que relato, y también debe ponerse a pensar diferente, a salir de su querer estar “como siempre”, porque aunque ese “como siempre” sea hasta deseable, debemos ir con los tiempos.

Hay que atreverse a peatonalizar calles y plazas, pero de verdad, hay que diseñar y construir carriles-bici, pero en serio, hay que construir parkings públicos para el residente, pero de verdad, hay que dotar de vegetación a nuestra calles, pero en serio, hay que evitar cartones tirados en zonas turísticas, pero de una vez por todas, y ya si nos atreviésemos a desviar la entrada a Antequera desde nuestros Dólmenes hacia los Jardines del Rey –con esa impresionante panorámica que se ofrece al visitante–, y urbanizásemos las explanadas de “La Moraledad” como aparcamientos regulados, con un área para autocaravanas dotada de servicios básicos, creanme que no serían cosas de arrepentirse y nuestra ciudad se estaría preparando para responder a la llamada que lleva haciendo desde hace tiempo a que seamos visitados por el resto de la humanidad. Atrevámonos. ¡Gracias, siempre!