El próximo lunes 28 de febrero celebramos el Día de Andalucía, como todos los veintiochos de todos los febreros desde 1980. Una jornada festiva que no persigue otra cosa que reivindicarnos como pueblo con historia propia, afianzar el sentimiento de pertenencia a una tierra y disfrutar de nuestras excelencias en clima, costas, folclore, gastronomía, patrimonio y monumentalidad, puestas de manifiesto, por otra parte, todos los días del año.

Un Día de Andalucía, este de 2022, que apuesta por parecerse a otros anteriores, un veintiocho de febrero más que se atisba de celebración contenida por las buenas cifras que arroja esta pandemia que aún azota, y de qué manera, al más débil y a todo aquel o aquella que ha decidido libremente, no defenderse de la agresión con lo único que nos han puesto al alcance de la mano, las vacunas.

Cuando se presentan problemas globales, que afectan a la gran mayoría de la población, no sólo de la propia Comunidad, sino ya de todo un país, e incluso a toda la humanidad, mientras más unión exista entre todos los ciudadanos bajo una misma bandera, las soluciones pueden venir antes y a un coste menor, sufragado por el gobierno común de la nación, al que contribuimos todos.

Aquí hemos fallado, en este punto en concreto no se ha tenido en cuenta el beneficio de la unidad de todos, para solventar problemas comunes en las materias más importantes que existen, nuestra SALUD y nuestra defensa del medio de vida, y ha primado el hacer cada territorio la guerra por su cuenta, con resultados diferentes dependiendo de donde hayas decidido empadronarte, dentro de un mismo país que es nuestra piel de toro. Craso error.

Aquí se ha preferido seguir con la maniobra de la descentralización y la cesión de competencias y que puedan seguir sirviendo para usarlas de moneda de cambio para conseguir los votos necesarios para que no le tengan a uno que mover del sillón central…, no hemos aprendido nada, y lo peor es que lo sabemos. ¡Feliz día de Andalucía! Gracias, siempre.