Estos últimos días han saltado a la luz pública, sobre todo a través de las redes sociales, que se han convertido en el medio de comunicación más fácil, asequible y rápido si se quieren dar a conocer cosas, tanto buenas como malas y tanto ciertas como inventadas, algunas páginas de los libros de texto que estudian nuestros escolares en sus clases. Hemos podido ver cómo aparecían diversas formas, tanto en masculino, como en femenino, de pueblos que han pasado por nuestra historia de país, algunas más acertadas que otras. Igualmente se han viralizado una serie de vídeos de una ministra del gobierno central, incluyendo un tercer género a los ya sabidos de niña y niño… que al parecer es niñe, pero la cosa no queda ahí y también le añade un tercer género a palabras bien diferenciadas, que ya bastante tienen con dos.

O no hemos aprendido nada, de nada, de esta pandemia que aún no se ha acabado, o nos hacemos los suecos de manera extraordinaria. Lo de la ministra, puede ser pasajero, pero como sigamos permitiendo que los libros de texto de nuestros niños y niñas los redacten y aprueban gentes sin ningún rigor académico, sin ningún filtro de las instituciones que cuidan de nuestra lengua, como continuemos mirando para otro lado en el capital tema de la educación de los hombres y mujeres del futuro, les estamos poniendo muy difícil que ese futuro sea halagüeño.

Si algo hemos debido asimilar ya, es que las actitudes individuales durante la pandemia, son las que han hecho subir o bajar los contagios, las hospitalizaciones, los ingresos en UCI... y que si queremos conseguir una sociedad civilizada, solidaria, y con valores, hemos de cuidar muchísimo más de lo que se hace hoy, la educación de nuestros menores. Gracias, siempre.