Al mundo le pilló a contrapié, algo inesperado, nunca deseado e impensable en los más apocalípticos guiones de largos cinematográficos, el que nuestro planeta tierra se viese atacado, en pleno siglo XXI, por un virus desconocido, extremadamente contagioso y que causa la muerte en según qué organismos humanos, y no precisamente en mucho margen de tiempo, es, sin lugar a dudas, una tercera guerra mundial, sólo que ahora no debemos pelearnos entre nosotros y luchar todos a una, para erradicar la pandemia... y no hemos aprendido nada.

Durante la que podríamos llamar, primera ola de la mundial infección, con cifras de fallecidos y contagiados muy superiores a las de las bajas mortales y de heridos de algunos de los más sangrientos conflictos bélicos de los dos últimos siglos, debimos aprender que, tras haber logrado sobrevivir a esa primera embestida, deberíamos habernos preparado, y de manera lo más rápida posible, para una más que segura, segunda ola de contagios.

Las pandemias, dicho por expertos en ellas, sólo se erradican cuando llega la ansiada vacuna y se le inocula a toda la población, o se practica una inmunidad de rebaño, que es lo mismo que exponernos a contagiarnos todos, y que cada uno la combata como pueda.

Tiempo hemos tenido, experimentos se han hecho, nadie –porque nadie podía saberlo– tenía la fórmula mágica de salvar salud y economía a la vez, lo que si es de perogrullo, que sin lo primero no hay lo segundo, y para salvar lo primero ya sabíamos lo que había que hacer.

Extremar higiene personal y ventilación de espacios de cotidiana habitabilidad, reducir al máximo los contactos sociales, guardar distancias de seguridad, usar siempre mascarilla cuando no se garantice la distancia salvadora, y procurar limitar nuestra movilidad.

Hemos sido laxos, tanto con las llamadas al orden de quien no cumpliese las normas, como con la dotación de lo único en lo que deberíamos de haber pensado reforzar de manera urgente, nuestra Sanidad Pública. hemos pasado por alto el control de fronteras de nuestro país, y el liderazgo único deseable en estos casos, ha dejado mucho que desear. todo ello tiene una consecuencia, se nos viene encima. ¡Gracias siempre!