Las prisas no son buenas, eso lo hemos escuchado siempre... siempre que, por “h” o por “b”, a alguien le sale mal algo y se le achaca a la bulla con la que lo ha realizado, argumentando que podría haberle salido mucho mejor, si hubiese estado más tranquilo.

Luego, si no se da el caso, al dicho que encabeza el texto, le hacemos más bien poco caso. Pero lo cierto y verdad es que vivimos a un ritmo excesivamente frenético, por lo general, y que sería deseable reducir marchas y navegar a una velocidad que nos permitiese ir disfrutando del paisaje que nos ofrece la vida. 

Tristemente, de un tiempo a esta parte hemos tenido que acompañar a amigos, familias enteras, que han perdido alguno de sus seres queridos, queridos también por nosotros, y hemos tenido el suficiente tiempo para reflexionar y llegar al convencimiento de que debemos, tenemos diría yo, que desacelerar nuestro día a día y hacernos acompañar más por nuestros círculos más cercanos. No dejará de ser un tópico, pero no dejará de ser cierto.

De hábito diario es el programar citas y reuniones de trabajo, anotar en la agenda revisiones de presupuestos varios, y viajes laborales… programemos también el beso a nuestra madre, la llamada a nuestros hermanos, la visita a nuestros amigos, esto nos aportará vida a nuestro diario caminar... como reza el final de la última cuarteta del repertorio de mi querida chirigota antequerana... “Que tengas muy buen viaje, siempre con una sonrisa...disfruta del Carnaval… no tengas prisa, no tengas prisa, no tengas prisaaaa”.