Hace tiempo un hombre mayor, un hombre recto y trabajador como pocos, me contó una historia algo inverosímil, una historia que parecía tener más fantasía que realidad. Aquel buen hombre superaba ya los 80 años de vida y desde pequeño había recorrido y jugado por las tierras del Castillón, aquel cortijo construido con los sillares de la antigua ciudad romana de Singilia Barba y cuyas tierras estaban sembradas de vestigios y ruinas romanas, aún por poner en valor.


Francisco su nombre, pero todos lo llamaban Paco, el hijo del manijero del cortijo. Recuerdo aquella tarde sentado con él y contándome recuerdos de su niñez, su adolescencia, su vida... Una vida marcada por los recuerdos de una dura posguerra, recuerdos de hambre, harapos, trabajo de sol a sol y pan duro. El bueno de Paco me contaba con una sonrisa en el rostro: “De pequeños nos metíamos en el arroyo a refrescarnos, porque hasta en verano lleva agua y en lo más profundo hay un arco, de esos de ladrillo y con una puerta de hierro con una Cruz grabada...”. 

“Abríamos la puerta y nos colábamos dentro, la galería va en dirección al Cerro del Castillón y termina en unas piscinas con dibujos”, hasta que su padre un día les sorprendió y desde entonces les prohibió la entrada. Aquellas afirmaciones de Paco sinceramente me costaba creerlas, pero no sería yo quien no le diera crédito. El problema era que la zona del Castillón y Singilia Barba estaba muy estudiada metro por metro por los arqueólogos, con la ubicación exacta de Singilia, de sus necrópolis, canteras, circo, teatro, acueducto... y que una galería así de esas dimensiones no estuviera localizada y estudiada me parecía muy extraño, también tengo que decir a favor del amigo Paco que en toda la literatura que yo había leído sobre Singilia Barba, no existía ni una sola referencia hacía aquella misteriosa galería. 

Pasó el tiempo y no sé si por dejadez o por otros proyectos había dejado de lado aquella increíble historia, pero el destino otra vez hizo que me cruzara con ella. Esta vez fue de casualidad, estando de ruta por la Peña y adentrados entre las rocas de las cuales brota un nacimiento de agua clara y cristalina, de tal volumen que el agua nos llegaba por la cintura... Ese día tenía la compañía del amigo Gabriel, una de esas personas honestas y buenas de los que ya quedan pocos, quien me decía: “¿Pues tú sabes que en el Castillón existe otro nacimiento de agua...?”. “Lo que pasa es que es muy difícil su acceso, está en un arroyo lleno de zarzas y espinos, y la entrada es de ladrillo visto”. Una alarma saltó rápidamente en mi mente “ladrillo visto, arroyo con agua, el cortijo del Castillón”, enseguida entendí que el amigo Gabriel estaba hablando de lo mismo que el bueno de Paco.

Aquella misma tarde, después de asegurarnos de que se trataba de la misma zona, decidimos acercamos e intentar averiguar un poco más. Gabriel nunca se había atrevido entrar y no recordaba el detalle de la cruz, aunque sí estaba seguro que tenía una puerta metálica y un arco de ladrillo visto. Salimos a toda prisa de las aguas limpias de la Peña y cogimos el coche dirección al Castillón. Con el trajín de la emoción del descubrimiento, cuando nos quisimos dar cuenta nos encontrábamos en lo más profundo del arroyo, atrás quedaron las ruinas de la gloriosa Singilia Barba y con las aguas por las rodillas nos encontrábamos en lo más profundo del Castillón y hay, entre el verde espesor del arroyo, una puerta metálica y un arco abovedado de ladrillo y sí, la cruz estaba en la puerta grabada: ¡era cierta la historia del amigo Paco! La piel se me puso de gallina, sería posible que estuviéramos ante las aljibes romanas de la gran Singilia. ¿Cómo era posible que en todas las campañas de excavaciones, los arqueólogos no fueran detectado esta galería?

Gabriel y yo decidimos abrir la puerta de hierro oxidada y ahí ante nosotros se abría una gran galería labrada en la roca viva, con grandes sillares en su arranque, un corredor oscuro, profundo y lleno de agua por su mitad... Llegó la hora de abrir la mochila y sacar las linternas de LED, una galería enorme y recóndita que efectivamente se adentraba en línea recta hacia el Cerro del Castillón, ése con forma de pirámide y que la tradición popular cuenta que su interior está “hueco” pero como siempre digo, ésa es otra historia. No os puedo negar que estuvimos tentados en entrar, pero el sentido común reinó, ni estábamos preparados ni teníamos los medios adecuados. Debatimos durante un buen rato su origen, el porqué de su construcción y si al final de la galería estarían aquellas “piscinas” de las que hablaba Paco. 

 

 

La noche se nos echó encima y todavía nos faltaba un trecho hasta llegar al coche, y de camino pensamos que lo mejor sería ponerlo en conocimiento de la autoridad y que ellos intentaran dar con la solución al rompecabezas.Aquella noche me costó muchísimo conciliar el sueño y miré una y otra vez las fotos que pude realizar: ¿qué habría al fondo de la galería? ¿Sería las aljibes para el abastecimiento de agua de la ciudad romana más importante de Antequera? ¿Existirá algún mosaico o fresco, con la imagen de Neptuno, el dios romano del agua?

A la mañana siguiente me acerqué al Museo Municipal de Antequera y le enseñé las fotografías de la galería, a los pocos días habíamos concertado una visita para ir al lugar del misterio... Fuimos en un 4x4 del Ayuntamiento, el cual había vivido tiempos mejores. Serían las 12 del mediodía cuando aparcamos el vehículo entre los olivos del Castillón, sin perder tiempo nos pusimos en marcha, el calor de finales de junio empezaba apretar de manera implacable. 

Pronto dejamos las ruinas del teatro, del circo y del foro atrás, al igual que la necrópolis, algo que a la autoridad arqueológica le descuadró notablemente, ya que ellos pensaban que aquella galería sería una cloaca de aguas residuales de la ciudad, vamos, la red de alcantarillado... Yo les había puesto sobre aviso que aquella galería quedaba por encima de la ciudad y la necrópolis, por lo cual sería imposible que fuera el alcantarillado de Singilia. Sus caras denotaban perplejidad cada vez que dejábamos las ruinas a nuestras espaldas. Ahora empezaba lo peor del tramo, entrar en un verdadero “manglar mediterráneo”, entrar en un arroyo de nuestra Andalucía en pleno verano es como entrar al peor de los infiernos, zarzas y espinos que te impiden el paso a base de cortes y arañazos, una humedad asfixiante, piedras que resbalan con solo mirarlas, alguna que otra culebra, mosquitos y de más... 

Sin dudarlo saqué mis tijeras de podar y fui abriendo camino por aquel impenetrable lugar. Nos dimos cuenta que por todo el arroyo existían piedras labradas que, supuestamente habían rodado por el cerro hasta la parte más baja, algunas se le reconocía la forma de sillares, otras prácticamente estaban destrozadas aunque algunas de sus caras conservaban la labranza de algún antiguo maestro picapedrero.

Recuerdo cómo algún técnico pensó en voz alta de que me había perdido y que era imposible que existiera esa galería. “¡Tranquilos, ya falta poco!”, les dije. Y justamente detrás de unas rocas asomaba ese arco abovedado de ladrillo visto, como si de un “oopart” se tratara, que hacia aquel arco en ese inhóspito lugar. Me volví y los miré apartándome a un lado y les dije: “Ahí lo tenéis”. Sus caras eran de asombro y sorpresa, a la vez de  incredulidad y muchísima curiosidad. 

Me aparté a un lado y los dejé para que ellos sacarán sus conclusiones y mientras me comentaban que no tenían ni idea de su existencia ... Uno de los técnicos enseguida se dio cuenta del detalle de la cruz grabada en la puerta de hierro que tapaba la entrada a la galería: “Parece ser una cruz de los Reyes Católicos ...”. Sin duda era la Cruz del Calvario, una de las cruces más antiguas del cristianismo y si tenía sentido que estuviese allí, parece ser que durante la Reconquista las tropas cristianas marcaban los nacimientos de agua con cruces católicas a modo de purificación del agua que el “moro” infiel había consumido, una especie de tradición purificadora y que podemos ver en diferentes fuentes y nacimientos de agua, sin ir más lejos podemos encontrar esas mismas cruces en algunos pilones del Torcal, el cual durante siglos fue de dominación islámica. 

Llegados a este punto tenemos que recordar que la ciudad romana de Singilia Barba fue habitada por los musulmanes. También podemos encontrar estas cruces del Calvario en el Dolmen de Menga, y por lo tanto también podíamos aplicar esta teoría, al contar con uno de los pozos de agua potable más importantes de Antequera y por otra parte también se han encontrado enterramientos musulmanes en el atrio de Menga.

Contaros que la puerta de hierro tiene en las esquinas los clavos de cazoleta típicos de aquellos tiempos y que se encuentra muy dañada llena de óxido y por la parte de abajo le faltan trozos de metal, sin duda por el contacto con el agua durante años y años... 

Apartamos la puerta dejando al descubierto la galería y en ese momento fue cuando los expertos quedaron perplejos y sin una explicación concluyente del porqué de esa galería en Singilia Barba, porque ese trabajo tan duro de construir aquel corredor en la roca viva de la base del cerro, para qué y cuál sería su finalidad. Mil preguntas sin respuesta se hacían y por un momento me alegré sinceramente, ya no era yo el único que se hacía aquellas preguntas.

Recuerdo cómo uno de los responsables cogió un ladrillo de uno de del extremos del arco y que estaba casi suelto y al romperlo por la mitad y observar la línea de cocción de la cerámica, dijo: “Confirmado, el arco de ladrillo es de época Romana”. Después de toda una sesión fotográfica, mediciones y demás… salimos de aquel lugar llenos de ilusión y con la esperanza de que pronto se organizaría la entrada a la galería con todos los medios de seguridad oportunos.

Dos años esperando seguir con la investigación

Pasó el tiempo y aquel descubrimiento parecía que había quedado en el olvido y entonces fue cuando decidí mandar un mensaje para informarme de la situación y si se iba a entrar, la repuesta recibida denotaba muy poco interés por no decir ninguno.

La verdad que nunca lo he entendido, pero bueno... Después de dos años buscando información sobre Singilia Barba, en un pequeño párrafo de la descripción del Castillón y la ciudad romana de Singilia Barba por el padre Fray Francisco Cabrera, en su “Historia manuscrita de Antequera” en un pequeño párrafo nos dice que cerca de las ruinas de Singilia Barba existen varias minas de agua. ¿Podría tener relación? La verdad que el padre Cabrera no da más datos, ni referencias alguna... y las minas que se refiere a mi humilde entender no son compatibles con la galería, ya que no pronuncia el hecho de la cruz grabada o el arco abovedado de ladrillo, ni el punto exacto donde se ubica... en cambio cuando habla de la necrópolis da todo un recital de detalles (ubicación, extensión, número de tumbas, ajuares...).

No hace mucho un grupo de amigos amantes de las arqueología, la naturaleza y el medio ambiente decidimos entrar, por supuesto con todas las medidas de seguridad oportunas y después de comprobar que la galería se encontraba fuera de la zona registrada como arqueológica y expropiada por la Junta de Andalucía a los dueños del cortijo del Castillón.

Un reputado espeleólogo antequerano con años y años de experiencia fue el voluntario para entrar y después de cerciorarse de que las paredes y cubierta de la galería estaban en un estado óptimo, se adentró en aquella galería de 2.000 años de antigüedad. El caminar dentro de aquel corredor era muy complicado, los pasos muy lentos, el agua por la cintura, el fango por las rodillas… la imagen era simplemente soberbia, la luz del frontal iluminaba la galería devolviéndola a la vida por momentos, hasta llegados un punto donde apenas se podía ver con claridad la silueta de la persona… y entonces un aviso: “No se puede seguir, la galería esta obstruida por lodo y piedras”. 

Fue como un jarro de agua fría, la desilusión fue total, todas las esperanzas que teníamos se frustraron de golpe… Los años de lluvias torrenciales y las crecidas del arroyo y toda la suciedad que arrastra, sin duda había realizado su trabajo. La gruta misteriosa de Singilia Barba sigue allí, esperando ser limpiada, excavada y dando a conocer otro capítulo más de la historia de la gran Singilia Barba, de la historia de nuestra Antequera…

¿Quién construyó aquella galería?  ¿Para qué y por qué? ¿Qué misterios guardará? Ojalá algún día veamos el renacer de Singilia Barba, ojalá algún día sus misterios más ocultos salgan a la luz, ojalá algún día la ciudad de Antequera pueda mostrar orgullosa el esplendor de las ruinas del Magnum Municipium Flavium Singilense Barbitanum…