Haciendo uso de la confianza que da la cercanía, además de contar con la amabilidad de los comerciantes que tengo alrededor de casa, surgen conversaciones que clarifican el funcionamiento de la ciudad.  He podido saber que los bonos, ese pequeño milagro que quiere mantener el Consistorio con el comercio local, se abonan a los tenderos en muy pocos días. Amén de ser un estímulo solidario y necesario, es un fluir económico rápido que beneficia a muchas empresas pequeñas.

¡Qué maravilla! La próxima primavera se acaba con la pesadilla de la deuda que  desde hace casi diez años arrastra el equipo de Manolo Barón. La herencia que recibieron estos chicos, gracias a Dios, llega a su fin. Es importante el esfuerzo que han tenido que  hacer frente a una cifra mareante: diez millones de euros.

Conocí detalles, sin apenas importancia, que aunque no hacían presagiar que la economía municipal se almacenaba en facturas impagadas en los cajones, sí que resultaba extraño que insignificancias no se resolvieran. Durante doce años, acudía con dos amigas, Cármenes, al Centro de Transeúntes los domingos por la tarde. Me encargaba de anotar los usuarios y de llamar a algún hostal de la ciudad en caso de que acudieran mujeres. Hoy parece impensable pero hasta los matrimonios se separaban. Costaba, Dios y ayuda, conseguir una habitación en las pensiones, sabiendo que tenían disponibles.  Una noche de invierno, bastante desapacible, a la tercera o cuarta llamada y, ante mi insistencia de explicaciones por negar la entrada a dos mujeres, al otro lado del teléfono me contestaron que no volviera a llamar allí, que no había medio de poder cobrar al Ayuntamiento las noches de pernoctación que le debían. El gasto de aquella noche se abonó. El Padre Paco, salía al frente de cualquier situación penosa e injusta. 

Gracias a liberar el presupuesto de esa pesada carga, habrá dinero para mejorar, crear iniciativas que conduzcan a la ciudad de futuro que debe ser Antequera. Y tener un respiro de alivio. Entre los regalos de Navidad, además de los clásicos, podríamos pensar por ejemplo: el abono de un año al periódico local. Todos los sábados veríamos aparecer el Sol en la casa y contribuir a mantener vivo el periódico que lleva más de un siglo siendo patrimonio de esta ciudad.