Voy a usar la píldora azul o la roja, de la afamada película Matrix donde uno se enteraba de que podías habitar un mundo robotizado inmerso en extraordinarios acontecimientos,  de paso,  conocía piratas  cibernéticos y a  personajes virtuales, mundos paralelos, elegidos, buenos malos y opciones  ¿azul o roja? Pero ¿de qué estamos hablando? 

Como profesora nunca pude elegir la ley de educación que más me convenciera o me conviniera, una ley que debería estar por encima de modas y de caprichos políticos. Discernimiento pedagógico  y buen hacer. No me dieron a elegir una u otra píldora como a Neo. Salvarme o condenarme. Mis compañeros y yo nos hemos adaptado siempre a cada capricho sin fundamento didáctico, solo el político que es “si tú dices blanco,  yo  negro”,  pues eso siempre nos hemos adaptado a los cambios de ley de educación.  Trabajos cribados y pulidos a la papelera real o virtual, ya no servían.  

No todas las leyes de educación emitidas son buenas o malas,  por si acaso el profesorado trabajábamos limando cada párrafo, cada anexo, cada matiz y cuando conseguíamos lo casi perfecto, se produce un cambio político y de nuevo a empezar. La alternancia la conocemos todos:  PP o PSOE. Mucho ruido, excesivo ruido y poca concreción real.  

En estos días, en las que las pitadas naranjas han llenado parte de mi espacio, yo me siento apenada, pero no porque vaya a desaparecer la educación especial, no porque los padres no puedan elegir colegio, que van a poder,  me he sentido como otras veces, desilusionada porque no hay una verdaderas voluntad un consenso educativo que se mantenga en el tiempo a pesar de los cambios políticos. Este es el meollo del asunto.  

Volvemos a lo mismo, las palabras y las líneas crean texto pero ese texto esas ideas funcionan si se dotan de los medios necesarios para su ejecución. Y que no os lo grite nadie, leeros el texto de la nueva ley, al fin de cuentas mi recomendación forma parte de mi pedagogía: la motivación por el conocimiento real.