Seguro que los que no se van del todo, acaban volviendo. Lo hacen trayendo en sus bolsillos metáforas fantásticas, palabras incomprensibles; sistemas de signos que obligan a realizar cursos de perfeccionamiento uno tras otro, sin que se aprecien los resultados positivos. Intérpretes para ese lenguaje afónico que reserva nódulos en las cuerdas vocales del desempleo, de la justicia social, de la corrupción. Los que esperaban cambios con inmediatez meridiana, están barajando las primeras sospechas escondidas bajo inmensos nubarrones gris plomo, que cubren reincidentes el azul del cielo limpio.

Yo estuve en el debut de esta nueva era perfumada de carteras de piel auténtica provistas de afiladas y cortantes herramientas. De fondo sonaba una dulce y triste balada que bien podría llamarse "Strangers in the night". Extraños en la noche. Entonces, ¿los que creíamos conocer, ahora son desconocidos especímenes, o han sido así siempre y no lo veíamos?

Recorrimos una licenciatura entre la redención y la nada, para sentirnos extraños y confusos en un mundo ajeno en el que vivimos. ¿Ser o no ser? Nada de tiempos muertos o treguas. Mejor HOY QUE MAÑANA. Haría falta un buen manual de psiquiatría para analizar las mentes retorcidas de alguna "gente normal". Jugábamos al escondite o "al tú la llevas". El silencioso, el escondido tras un macetón, el que era capaz de crear una máscara de hierro tras sus facciones, ganaba el juego. Pero aquí reside lo trágico, los ciudadanos españoles NO estamos jugando al escondite. Somos contados, día tras día, como víctimas de malos tratos, como colas de parados, como cifras una y otra vez.

Hipocresía editada en cualquier idioma. Números. Palabras. Promesas. Fotografías. Mesas ovaladas de nobles maderas, sonrisas solapadas ante las cámaras. ¿Qué se cuece en este ir y venir desaliñado e incomprensible para el que espera? Silencios privados.