Quisiera convertir en poesía todos los titulares de prensa, especialmente aquéllos que más daño hacen al ser humano.

Me conformaría con traducirlos a una prosa poética, tal vez así descendiera su contaminación, y llegaran a ser menos letales, menos corrosivos.

Mas, no encuentro alegría en las palabras con mayúsculas, y soñarlas no me basta. Tendré que enamorarme de nuevo de la sintaxis, del léxico, de los morfemas e incluso de las subordinadas adjetivas, ¡quién sabe! Posiblemente acabaré enredada en endecasílabos viajeros.

Las experiencias que en estos momentos puedan sentir hombres o mujeres, son hoy el presente que los escritores recogerán para convertirlas en un futuro inspirado por la incertidumbre y la fraseología hueca.

"Mundos de oro, de rojo, de vestigios

Que muy pronto en cenizas

Verá deshechos…"

Si realismo es el reflejo fiel de la certidumbre, me mudaré enseguida al romanticismo. Mi casa la llenaré de aquello que responda a la llamada de lo singular, de lo original y único. Así amparada en mi fiel escudo escrito en leyendas de brumas, me defenderé del materialismo absurdo que debemos engullir porque sí.

"¡Inteligencia, dame

el nombre exacto de las cosas!

…Que mi palabra sea

La cosa misma,

Creada por mi alma nuevamente".

Tengo que hacer un gran esfuerzo para no cerrar mis párpados abatidos por la nieve densa de la incertidumbre, pero me mantendré alerta y de pie, para ver el mundo desde mi altozano, desde mi mente, desde mi yo. Ya me contaron que unas palabras son inútiles y otras acabarán por serlo en medio de caóticas estancias verbales, pero yo tengo pasión por optimizar lo que la vida me ha dado.

Quisiera detener los pensamientos para que no se materializaran en el acto. Quisiera que estos pensamientos se volvieran poderosos, pues los débiles son negativos e insanos.

Quisiera dominar mi mente y sé que el primer paso es acallarla.

Quisiera que luego, fuese ahora, pues podría escribir en este instante el último párrafo de mi inacabada novela.

Quisiera…