Deberes y derechos. Bien está. Filigranas del destino las llamo.

Nos ha tocado vivir el aquí y ahora. Los habitantes de estas tierras en tiempos pasados, también tuvieron su ahora, su aquí.

Los que ostentan el poder, ya sea económico, político, judicial, social… ¿tienen capacidad para quitar y dar la vida? Me refiero a que, no sólo mata el que apuñala o tirotea, también todos aquellos que destruyen vidas de familias enteras con ERES criminales, desahucios forajidos, embargos depravados, sentencias tibias de bocamanga de bolillo, corbatas rojas adosadas a cuellos que sostienen cabezas saturadas de perversidad económica.

La necesidad es una palabra con la que jamás juego, con esta "necesidad" NO.

Leyes, normas, obligaciones impuestas, sometimiento, injusticia, la mayoría de las veces ajenas a la voluntad del individuo. Algunos la llaman crisis, otros fatalidad. Y todo en aras de buscar lo mejor para la ciudadanía, ¡AyI ¡Incautos!!

Deseos, aspiraciones, sueños, felicidad. ¿Dónde queda esto?

Deberes y derechos.

Lo lógico, lo real, sería ver estas dos líneas paralelas que se complementan, pero que nunca se encuentran ni se destruyen; al contrario, humanizan, nos colocan al alcance de todos, cerca de la naturaleza humana, de los seres humanos usted, yo. En cuanto a otros a otras, no sé, no me atrevo a poner la mano en el fuego, estoy segura de quemarme y necesito mis dos extremidades. Derecha e izquierda, ¡soy ambidiestra!

Cuando se juega con la existencia de otros, ni traspiés ni malentendidos, ni conciencias elásticas en las que todo cabe o todo vale.

¡Basta ya de escudos humanos!!

Aquellos que se atrevan a enfrentarse a la realidad no deseada, a luchar por sus propias convicciones, y las ponga a prueba en el mundo que nos rodea, tal vez sean tachados de valientes, osados, realistas, locos, pero, a qué engañarnos, seguramente éste, ése o aquél, que obre consecuentemente con estos ideales, estará en franca minoría. Minoría imprescindible, desde luego, porque siempre nos hará ver la otra cara del prisma, la opacidad en algunas sonrisas, o los escalones ausentes y fingidos de las escaleras falsas. Así, tal vez, podamos suavizar aquello de "más dura será la caída".