Alrededor de la hoguera se concentra el pueblo celta, van a celebrar que han recogido la cosecha  que se aleja el estío, que llega el invierno, que las noches serán más largas y todo se volverá más oscuro. El sol se dejará ver menos. Es la noche de Samaín, el final del verano, la vuelta de los muertos al mundo de los vivos. Encienden  velas y dejan comida y bebida en la entrada de los pueblo a modo de ofrenda.  Hemos retrocedido 3.000 años, estamos en el noroeste de Europa: Bretaña, Gales, Irlanda y Escocia, también en parte del norte de España. La frontera entre vivos y muertos se vuelve muy fina por eso los espíritus y las hadas pueden cruzar desde el otro  mundo a este. Alrededor de la hoguera se concentra el pueblo celta, van a celebrar que han recogido la cosecha  que se aleja el estío, que llega el invierno, que las noches serán más largas y todo se volverá más oscuro. El sol se dejará ver menos. Es la noche de Samaín, el final del verano, la vuelta de los muertos al mundo de los vivos. Encienden  velas y dejan comida y bebida en la entrada de los pueblo a modo de ofrenda.  Hemos retrocedido 3.000 años, estamos en el noroeste de Europa: Bretaña, Gales, Irlanda y Escocia, también en parte del norte de España. La frontera entre vivos y muertos se vuelve muy fina por eso los espíritus y las hadas pueden cruzar desde el otro  mundo a este.  

Las llamas reflejan luces anaranjadas enrostros pintados con las cenizas de las mismas. Se disfraza con pieles de animales que han cazado, creían que así los espíritus no los poseerían, porque ataviados  de manera singular los espíritus no los reconocerían. Ellos no saben que están celebrando Halloween, o Noche de brujas, o víspera de Todos los Santos, ellos no pueden viajar en el tiempo para ver el futuro, el ahora.  

Cuando llega el cristianismo estas hogueras crecieron para alejar al diablo. Surgen nuevas tradiciones, y lo que hoy conocemos como Halloween, las golosinas pedidas de puerta en puerta, han sido parte de esta fiesta  desde al menos el siglo XVI y empezó en Inglaterra. Las parroquias e iglesias locales  no prohibieron  los la costumbre y los disfraces, al contrario  alientan a los niños a vestirse como santos.  Todo se convierte en una tradición oral, en los confines escoceses hasta que se transforma  en el Halloween moderno. 

Se tallan calabazas en los Estados Unidos a los que llegó la tradición  en 1845. Todo ello quedó inmortalizado por el poeta escocés Robert Burns quien escribió acerca de las familias de las Tierras Altas que se reunían para juegos, bromas, cuentos y bailes cada mes de octubre.  Así que, ¿truco o trato?