Sí, en Navidad, o en todo caso en sus fiestas navideñas, porque lo que siempre se ha celebrado en estos días en “mi” Antequera eran las Navidades. Me hace gracia, no sólo en España, sino también en otros países,en los que se habla de felices fiestas, sin usar la palabra Navidad por su contenido religioso, aunque estos escrúpulos desaparecen –al parecer– cuando se trata de vender: se anuncian, por ejemplo, las rebajas de Navidad y no las “rebajas de las fiestas”. En los Estados Unidos, después de expresar el deseo de unas felices fiestas, supuestamente laicas, se anuncian en todos los medios las ventas post-navideñas: “After Christmas sale”. 

Empleo a propósito la expresión “supuestamente laica”, porque en muchos lugares, el típico Nacimiento o Belén, está siendo sustituido por ese candelabro judío, anunciador de la fiesta judía de Hanukkah, precisamente en estos días… ¿En qué quedamos? ¿Fiestas, a secas?, ¿fiestas navideñas, con cierto disimulo? ¿o, Navidad? Por cierto, en los días previos al 24 de diciembre de cada año no deja de hablarse de comidas o cenas de Navidad, reuniones de Navidad, torneos deportivos de Navidad, sorteo de loterías de Navidad... Y, en estos dos últimos años de pandemia, según muchos medios de comunicación, no se ha visto el ambiente navideño como antes, aunque en este 2021 se espera una recuperación del ambiente navideño de antes de la pandemia…

Y ¿qué decir del desafío lumínico navideño? Las ciudades rivalizan en iluminaciones navideñas… laicas, claro. Maravillas de luz que indican –creo– que la Navidad llega, eso sí, laica. Esas luces que, según el alcalde de Vigo, se ven desde Nueva York. Yo, amante de las estrellas, siento mucho que esas exhibiciones de luz eléctrica, causantes de la polución lumínica de Vigo y otras ciudades, no me dejen contemplarlas y soñar con ellas.

Paseaba yo estos días por algunos lugares de mi barrio madrileño; mucha gente se había lanzado a la calle para ver las luces de Navidad. Observé que en calle Velázquez abrían y cerraban la iluminación transversal y anónima de la calle, dos paneles, igualmente iluminados, en los que se veían con nitidez los perfiles de tres camellos; fue la única alusión navideña que encontré en esa abundante iluminación.

Hoy voy de nuevo a “mi” Antequera. Tendré tiempo para visitar sus calles iluminadas y para recordar aquella Antequera de mi niñez, sin luces, pero con la ilusión de aquellos días de sabor tan familiar, en los que primaba el calor –dentro del frío ambiente– del reencuentro familiar de cada año: ¡qué ilusión pasar de nuevo unos días con parte de nuestra familia que venía de Sevilla! 

Era la noche del 24 de diciembre: Nochebuena; esa noche era preciso pasarla en familia. Nadie preguntaba por las creencias religiosas de cada cual, aunque siempre se hacía público antes de empezar la cena, que estábamos celebrando la Nochebuena, que el Niño Jesús estaba en su cuna, cuidado por su Madre y que los Reyes Magos iban cabalgando en sus camellos hacia el portal de Belén, como habíamos aprendido de generaciones… No, no había luces de Navidad en Antequera, pero aquella noche del 24 de diciembre era entrañable, era mágica… Y ¿ahora?

He vuelto de Antequera, adonde fui esta vez con la ilusión de ver si las luces de mi pueblo me decían algo navideño. Cumplí con ilusión con la iniciativa de la Academia de Antequera y con su Ayuntamiento y, tras impartir una lección magistral sobre infecciones virales, de título “Infecciones por coronavirus y por otros virus”, me paseé por las calles de Antequera para ver si sus iluminaciones me recordaban la aproximación de la Navidad. 

Mucho tuve que buscar; hacía una fría tarde-noche y comprobé que las calles que recorrí (Encarnación, Lucena e Infante don Fernando) estaban iluminadas con luces anónimas, si exceptuamos el gran Nacimiento instalado bajo la Puerta de Estepa, cercano a la Casa-Cuartel de la Guardia Civil. Hasta que llegué a ese punto navideño me iba diciendo: también en Antequera estamos haciendo un derroche de polución lumínica que me impide ver las estrellas; debo reconocer que, en algunos bares, figuraba bien visible un “Feliz Navidad”; también sé que aquellos Nacimientos clásicos siguen existiendo, pero veo con tristeza que nuestras iluminaciones están siguiendo el esquema laico que predomina en nuestra sociedad.

Ruego que en estos tiempos laicos que nos dominan, nuestra Navidad antequerana siga siendo nuestra Navidad de encuentros familiares entrañables. 

No limitemos estas presentes celebraciones a una reunión gastronómica sin más. No se trata de desear felices fiestas, sin más. Tiempo y ocasiones habrá a lo largo de todo el año. 

Ahora se aproxima la Navidad. Estas fiestas son las fiestas navideñas, con y sin connotaciones religiosas. Para los creyentes cristianos, se trata además de recordar aquel niño al que venían a visitar incluso unos desconocidos “Magos de Oriente” siguiendo el rastro de una estrella…

 Navidad Luces 18122021

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