La penúltima semana de octubre ha sido pródiga en cielos azules antequeranos. Siempre disfruté de ese cielo azul limpio que se deja ver en Antequera. Esta vez, el tiempo atmosférico fue propicio; incluso el intento de viento solano de un día, fue abortado por ese aire limpio y ese color azul. El día 20 se prestó a ello y el 21, también. El 22, ya desde la estación del AVE de Antequera-Santa Ana, en la lejanía, también. Cierto es que las circunstancias personales y culturales que se dieron esos días contribuyeron a resaltar ese azul. Vayamos por partes.

El intento de viento solano del día 19 quedó en eso, en un intento. Los cielos se limpiaron y prepararon para mostrar su color azul el día 20. Y así fue. La invitación que me hizo mi amigo Ramón Jimenez para participar en el programa de televisión grabado en directo en la terraza de la cafetería-restaurante del campo de Golf de la Magdalena fue un auténtico regalo de cielo limpio; la cercanía del gran pintor que es Antonio Montiel contribuyó en gran medida a la brillantez de aquella mañana. Respondimos a las preguntas del entrevistador de televisión (canal 101) en aquella tertulia a cielo abierto; casi reprodujimos la conversación que previamente habíamos mantenido Antonio Montiel y yo sobre pequeñas facetas de la vida antequerana. Yo recalcaba los silencios antequeranos, algo que, al parecer, sorprendió al locutor de televisión. Con Antonio Montiel, muy cercano durante toda la mañana, repasamos sus grandes éxitos y hablamos de apariciones Marianas, antes de posar ante las cámaras. Otros invitados que no pudieron acompañarnos físicamente fueron Kiti Mánver y Cristóbal Toral; enviaron su intervención grabada. Fue un gran día de cielos despejados azules. El marco, espléndido, resaltaba todo mucho más. Allí supimos más de los proyectos turísticos del incansable e irrepetible Ramón. Gracias, Ramón por compartir con nosotros el cielo azul del campo de golf antequerano.

No acabaron los cielos azules ahí. Por iniciativa de A.J. Guerrero, nos trasladamos al conjunto de los Dólmenes de Antequera, donde nos esperaba el gran Bartolomé Ruíz. Allí disfrutamos de la docta explicación de Bartolomé sobre las dependencias del nuevo museo de los Mólmenes que abrirá sus puertas al público en enero del 2022. Otro lujo para Antequera de parte de Bartolomé. La tarde nos obsequió con esa luz tan típica de Antequera. Las explicaciones de Bartolomé se vieron inundadas de luz, de su propia luz y de la luz del atardecer antequerano, visible desde algunos puntos del museo y desde las afueras; gran tarde en la que nos acompañaron dos luminosidades, la interna del propio museo y la externa, de aquel sol antequerano que nos permitía ver los tonos rosa de la Peña y siempre el cielo limpio antequerano.

Y de esta forma acabó aquel 20 de octubre lleno de sus cielos antequeranos. Ese día empezó todo muy temprano, con una vista y paseo por la parte alta de Antequera, sus callecitas relucientes y sus pequeñas placitas; la de San Miguel, impecable, limpia y silenciosa, con su pequeña iglesia de tantos recuerdos. En aquellos momentos mañaneros, todo hacía presagiar las sorpresas que nos reservaba el día.

También tuvimos un cielo muy antequerano, azul nítido, el día 21, día fijado para la presentación en el Museo de la Ciudad de Antequera de mis reflexiones sobre la pandemia, convertidas en libro de título “Horizonte Coronavirus. Realidades y esperanzas. Mis reflexiones”. Fue un día importante para mí; mi aprendizaje científico y humano de un año se ponía a disposición de Antequera gracias a las gestiones de su Academia y al interés de su Ayuntamiento. Siempre agradeceré a nuestra Academia y a J. Escalante por el interés tomado para la publicación de este libro, y a nuestro Ayuntamiento, en la persona de su alcalde, que quiso acogerlo bajo el “manto protector” de “Publicaciones del Ayuntamiento de Antequera”. Mi agradecimiento a ambas Instituciones Antequeranas, gracias a las cuales mis reflexiones ven la luz en forma de libro, además de mi agradecimiento al director del Museo y a todos los que hicieron posible este acto, para mí entrañable, a la representación municipal en la figura de Elena Melero, teniente de alcalde y de mi amiga de siempre Sara Ríos concejala de Asuntos Sociales.

Permítanme dedicar este último agradecimiento a la doctora Mariluz Carpintero, anatomo-patóloga del hospital Universitario de Pontevedra, por habernos deleitado con su vídeo de inicio de la sesión. Tus palabras, Mariluz, volvieron a dar luz -valga la redundancia- a aquella tarde antequerana que se nos escapaba con sus últimos resplandores.