Para muchos, el mes de septiembre era el mes en el que empezaban a manifestarse las tristezas. Yo, sin embargo, me proponía siempre hacerlo un mes atractivo. Decían que empezaban los fríos. En Antequera era un mes de candelas: se hacían grandes hogueras, simbólicamente, con todo lo viejo, para conmemorar la festividad de Santa Eufemia. Recuerdo mi “aventura” de un mes de septiembre de hace muchos años, acompañado de algunos amigos, muy jovencitos todos, cuando decidimos hacer una excursión hasta las estribaciones de la Sierra, no lejos del Nacimiento de la Villa, como se llamaba entonces aquel paraje. 

Éramos unos niños que esperábamos con ansiedad –al menos yo– el inicio de las clases en nuestro Instituto “Pedro Espinosa” y habíamos decidido hacer una “gran” excursión como los mayores. A pie, claro. Pasamos un gran día y recuerdo con nitidez a los cuatro que hicimos aquella “gran excursión”, e incluso me vienen a mi memoria las conversaciones que mantuvimos: aquel caluroso día nos dio por hacer versos… ¡Qué ocurrencia!

Volvimos a Antequera a paso ligero, y tengo muy presente lo que me dijo mi madre al llegar: me recordó que era el día de Santa Eufemia y que tendría que asearme para salir a la calle; me tenía preparado un jersey de lana de manga larga que hube de ponerme, a pesar del calor; no dije ni mu: el día de Santa Eufemia había que salir a la calle aseado y “elegante”, aunque hiciera calor…

Este mes de septiembre del 2021, está siendo un septiembre especial para mí; un auténtico septiembre florido, a pesar de que el adjetivo florido se ha aplicado siempre al mes de mayo: mayo florido. Y voy a explicar algunas de las razones de este septiembre florido.

El día 9, jueves, adelanté mi viaje desde Madrid con objeto de asistir a uno de los actos culturales organizados para recordarnos la cercana fecha del día de Santa Eufemia: la conferencia del profesor Jesús Majada titulada Cruzados, trotamundos y bandoleros por las tierras de Antequera. Es de resaltar el esfuerzo de la familia Guerrero en dignificar estos días las fiestas en honor de Santa Eufemia consolidándolas como fiestas de contenido religioso y cultural. 

Esta vez, fue Juan Benítez, profesor, académico e Hijo Adoptivo de la ciudad de Antequera quien sugirió el conferenciante, lo presentó y nos interesó a todos con un tema tan relacionado con nuestra ciudad, encrucijada de vidas y culturas, desde siempre. A.J. Guerrero Clavijo, sucesor del gran Ángel y predecesor de Fernando, nuevo eslabón de la cadena Guerrero, presentó el acto en el recoleto salón de las Monjas Mínimas de Santa Eufemia, haciendo referencia a los actos culturales de aquellos días, Juan Benítez con su toque académico, introdujo al conferenciante en una presentación llena de recursos históricos y literarios. El propio conferenciante, acompañado de sus dos apoyos literario y folclórico, contribuyó a que este 9 de septiembre se convirtiera en una densa y original jornada que nunca olvidaré.

El día siguiente, 10 de septiembre, quedó marcado –para mí– por dos acontecimientos académicos: uno, el primero, esperado y programado, consistente en la presentación de mi libro “Pinceladas”, y un segundo –sorprendente e inesperado– la renuncia del director de la Academia a continuar en su puesto, hecha pública el día anterior. A ambos dedicaré unas letras.

La ceremonia de presentación de mi libro fue densa y emotiva; tuvo en María Luisa Gómez Moreno, profesora de la Universidad de Málaga, brillante y muy culta, a una presentadora de lujo: nos mostró su preocupación por la degradación de la enseñanza y resaltó cómo la lectura de mi libro “Pinceladas” podría contribuir a recordar principios básicos –olvidados– de la importancia de la educación de nuestros Estudiantes en letras y en Ciencias Sociales. Explicó todo en tono muy didáctico, y aprendimos el significado y la importancia que da ella a la palabra trascender… Gracias, María Luisa. Fue un acto muy emotivo y rico para mí, en el que estuve rodeado de amigos que querían expresarme su cariño con su asistencia y cercanía. Gracias a todos.

Sobre la renuncia del director de nuestra Academia, Bartolomé Ruiz, quiero ser escueto. Señala nuestro querido Bartolomé, especialmente, a los motivos personales que le han llevado a tomar esta decisión. Mi respeto absoluto hacia esos motivos personales. Pero quiero decir algo más. La Academia de Antequera ha llegado al nivel de reconocimiento y respeto actual durante su mandato; su prestigio ha sido reconocido por el resto de las academias, y por los poderes públicos. Logró el apoyo constante de nuestro Ayuntamiento, desde aquellos lejanos y titubeantes días de su inicio, propiciado por José Antonio Muñoz Rojas y, más tarde por Antonio Parejo. Se rodeó de un equipo que se ocupó día a día del engrandecimiento de nuestra Academia como institución señera de nuestra ciudad y de Andalucía; en lo material, pude contemplar cómo ese palacete de la calle Encarnación fue llenando sus dependencias de contenido cultural: obras de arte y colecciones de libros, es decir, doblemente arte; y fue convirtiéndose en una auténtica Academia llena de vida. 

Antequera debe saber que todo esto se ha conseguido por el trabajo diario del equipo de Bartolomé. En los actos solemnes, siempre presididos por Bartolomé, la Academia, nuestra Academia, ha mostrado al público su “clase antequerana”, es decir su categoría silenciosa. Dediquemos este recuerdo, a modo de pequeño homenaje, a Bartolomé. Nuestra Academia inicia esta nueva etapa con tu recuerdo y con lo mucho que se ha logrado contigo y con tu equipo, Bartolomé.