Me refiero a la jornada del pasado 3 de julio, hace poco más de un mes. Ese día fue el elegido por el presidente del Instituto de Academias de Andalucía para celebrar la jornada Interacadémica en Antequera e imponerme la Medalla de Honor del Instituto, concedida en la reunión plenaria de las Academias Andaluzas celebrada en Málaga el 28 de noviembre del 2020. El acto fue ampliamente divulgado por la prensa y los canales de difusión de la Academia de Nobles Artes de Antequera.

Es ahora el momento de dar mi versión personal de lo vivido aquel día. El acto tuvo lugar en el salón de plenos del Ayuntamiento de Antequera, con gran brillantez, sin alardes, como hacen las cosas los antequeranos.  Gracias a los medios modernos de difusión pude contemplarlo completo, disfrutarlo a posteriori y sacar las conclusiones que relato a continuación.

Cuidado en sus más mínimos detalles, llenó con su contenido los afanes culturales de los asistentes –antequeranos o no–. También los míos, ampliados lógicamente con las pinceladas afectivas que, en silencio, resonaron en mi corazón. Expresé mi agradecimiento, improvisadamente, fiel a mi estilo, a nuestra Academia de Antequeraen la figura de su director, Bartolomé Ruiz; al presidente del Instituto de Academias de Andalucía, Benito Valdés, y a nuestro alcalde, Manuel Barón, por su hospitalidad y buenas maneras en la organización de este acto en su casa; es decir, en la casa de todos los antequeranos.

Agradecí igualmente a las Academias que habían estado en el origen de apoyar la candidatura a la concesión de la Medalla y no agradecí en público a Fernando Rueda, por su Laudatio, demasiado bello y demasiado brillante para este viejo antequerano, que quedó algo sobrecogido por todo lo que oía de Fernando; decidí ver el vídeo completo y pedir el hermoso texto a su autor, expresándole en breves y pobres palabras mi agradecimiento. Recuerdo lo que dije tras la imposición de la Medalla: yo sólo había pretendido en mi vida estudiar, aprender, contar y compartir lo aprendido.

Agradecí, ¡cómo no!, las muestras de amistad de los antequeranos y de otros amigos que se habían desplazado de fuera de Antequera para acompañarme, a pesar de las amenazas ocultas del SARS-COV-2. Quiero resaltar el contenido cultural del acto, haciendo una mención muy especial de los dos libros que se presentaron, ambos muy apreciados por sus contenidos: científico;el primero, de título La luz: Vida, Ciencia, Progreso,me transportó a mis orígenes de investigador con los fotones de la luz como fuente de energía para la formación de ATP en presencia de cloroplastos; y el segundo, histórico, sobre Los generales de la Revolución y la Academia de bellas Artes de Cádiz, para seguir despertando mis inquietudes sobre el conocimiento de nuestra historia.

Dejo un comentario final para el concierto con que nos deleitó el cuarteto de cuerda de la Orquesta de Cámara “Eugenio de Cantos”, creada y dirigida por nuestra compañera académica Margarita Bolós y gran orgullo de la Academia de Antequera. Merecen ser destacadas la sensibilidad, discreción y delicadeza de este cuarteto a la hora de interpretar fragmentos de P. Mascagni (Cavalleria rusticana), de J. Pachelbel (Canon)y de H. Purcell (Chacona de The FairyQueen).