La palabra inglesa serendipity ha sido traducida al español como serendipia. Imagino los grandes debates lingüístico-conceptuales que han sido precisos para llegar a encontrar la traducción adecuada a ese término inglés que tanto me ha acompañado en mi vida ¡desde finales de los años setenta del siglo pasado! Y, ¿qué es eso de serendipity o serendipia? En pocas palabras diremos que se emplea para designar aquellos hallazgos que se encuentran sin buscarlos; la Ciencia está llena de ese tipo de hallazgos, desde la radioactividad al Phlebodium decumanum, pasando por la penicilina:  grandes descubrimientos iniciados por pura serendipity. 

Yo he utilizado con profusión ese vocablo, en inglés, serendipity, desde un lejano día a caballo entre los finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado en el queaprendí esa palabra en una animada charla científica con el doctor John Housley. Sí, desde aquel día la serendipity nunca dejó de vivir conmigo, es decir, mi vida ha estado llena de hallazgos no buscados, aunque salpicada de los habituales hallazgos buscados, tanto en en lo científico como en lo personal.

La semana pasada marcó, un año más, la proximidad del 4 de julio, gran fiesta de la independencia d los Estados Unidos, y me hizo recordar de nuevo esos días que, desde 1972, he vivido siempre con intensidad, en muchas ocasiones en el propio país; sin ir más lejos, al año 2020, en Miami, ya en plena pandemia, y esta vez –año 2021– en Antequera… en unas fechas en las que se cumplen los 103 años de El Sol de Antequera. Y puedo afirmar que la fecha y el vocablo dieron mucho de sí en esta ocasión. Créanme que he vivido esa semana con total intensidad. Una semana muy densa que empezó el miércoles 30 de junio, día de actividades silenciosas, organizado por A. J. Guerrero, director de El Sol de Antequera, en la que todo fue perfecto; hizo acto de presencia, incluso, la serendipity, esta vez en forma de encuentros informales, de hallazgos llenos de contenido, como la reunión del miércoles 30 de junio al atardecer, preparada con discreción antequerana por A. J. Guerrero, que mantuvimos en la inmensa plaza del Coso Viejo un grupo de amigos, desconocidos para mí hasta aquel momento, si exceptuamos a nuestro gran erudito y escritor Juan Benitez, al activo e incansable Paco Peramos y, ¡cómo no!, a Luisa Casero, mujer de gran personalidad cuyo Disparadero suelo leer todas las semanas. A aquella reunión de “amigos desconocidos”, asistieron, además, Pepe Díaz, Pepe Jiménez, Fernando Rodríguez y Javier Santos, todos colaboradores de nuestro querido Sol de Antequera…

Y esa fue mi serendipity esta vez: el hallazgo no buscado de este grupo de amigos en días de gran significado personal: los días alrededor del 4 de julio, fiesta nacional de los Estados Unidos.