Rosa Correa, periodista de TVE que estuvo a pie de calle: ‘Espero que tengan la seriedad suficiente las autoridades de sentarse un día y de dar una cifra más real del virus’. Ha sido una de las caras que nos han expuesto el día a día de la pandemia, dejando a un lado los datos oficiales y buscando historias ocultas. Lamenta que ‘se nos han olvidado los aplausos, se nos ha olvidado todo, lo poco que cobran, lo mucho que están dando, la cantidad de ellos que han muerto…’.

 

Así, quienes hayan seguido la pandemia por los medios de comunicación, habrán encontrado en más de una ocasión historias contadas fuera de las fuentes oficiales, recogiendo la otra realidad, la que estaba ocurriendo y se desconocía en hospitales, entornos familiares, ciudades donde se han vivido dos meses y medio terroríficos. Entre los testimonios que han sobrecogido están los de Rosa Correa, de Televisión Española, que además de estar en la pequeña pantalla, amplió su horizonte con Twitter. Ya descansando unos días en su Asturias natal, la entrevistamos por vídeollamada. Le recordamos aquellos años en los que venía por Antequera a presentar aquellas galas de ayuda a la Fundación Prolibertas, promovidas por el trinitario Antonio Aurelio. 

Empezamos directamente preguntándole cuándo se percató que algo grande iba a pasar. “Cuando vinieron los del grupo de fútbol aquí al Hospital Gómez Ulla, ya empezamos a preocuparnos un poco. También cubrí las manifestaciones del 8-M, ahí empecé a ver que se había reducido bastante la afluencia con relación al año pasado; y entre el 9, 10 y 11 de marzo fue cuando empezaron a saltar las cifras. Estábamos muy atentas porque Mavi Doñate, nuestra corresponsal en China, nos lo iba contando: ¡Mucho cuidado que esto es muy serio, que es muchísimo más contagiosa que la gripe, no es cómo se nos está diciendo! Yo nunca imaginé que entraría en España como entró, de la manera tan virulenta y la cantidad de muertos que hemos tenido. Yo creo que esto nadie nos lo imaginábamos”.

¿Cuándo os piden tomar medidas como ponerse mascarillas y el plástico al micrófono? “Nosotros tenemos una reunión inmediatamente ese fin de semana del 9 al 11 de marzo donde el director de Información, que es en este momento Enrique Hernández, nos avisó rápidamente que estábamos con medidas urgentes. Empezó la inmensa mayoría de la casa a teletrabajar, nos mandaron cada uno a su casa. Se alquilaron unas oficinas muy cercanas a Torre España para poder distribuir a las personas presenciales con todas estas distancias de seguridad. Se empiezan a suspender cantidad de programas que no eran esenciales en ese momento, se quedan solo los Informativos y poco más. Empezaron a decirnos que teníamos que plastificar los micrófonos, llevar mascarilla, guantes, y que la cosa se veía difícil, se empiezan a multiplicar los casos y que era muy posible que todos nos acabáramos infectando. Pero que en principio no nos tendría que pasar nada si teníamos esas medidas de seguridad. Muchos compañeros se quedaron en casa teletrabajando, muchos eran de riesgo, tenían miedo… Yo, justo todo lo contrario, di un paso adelante y dije: ¡A mí no me dejáis en casa!”.

Sin duda, Rosa es de las profesionales que cuando coge un micrófono o hace de periodista en la calle es como si se pusiera un traje de superhéroe. Además la hemos visto en todos sitios, en los hospitales… en cualquier situación. Es cuando pensábamos: ¿esta mujer será consciente del riesgo? “Muchas veces me lo han preguntado, incluso había jefes de prensa de algún hospital que me decía: ‘¿Tú eres consciente de todos los peligros que estás adoptando y que te estás metiendo en cosas que hasta ni nosotros lo hacemos? Pero no sé, me pones un micrófono en la mano y yo siento el servicio público con toda mi alma, es como si me ponía el traje de protección y yo estaba segura de que no me iba a pasar nada”. 

¿Te has tenido que hacer alguna prueba por precaución? ¿Esos famosos test que no llegaron, no llegan y parece que no lo harán? “No, me los he hecho yo porque esto era terrible porque o decías que tenías fiebre o algún síntoma o no te hacían ningún caso, ni en la atención primaria ni nada. Entonces cuando yo llamé para ver si me la hacían me decían que no porque no tenía fiebre y me la pagué yo de mi bolsillo y no tenía ningún problema y así me quedé tranquila”.

¿Cómo llevaste lo del trabajo y la familia? ¡No podías decirles que estabas en casa porque te estaban viendo perfectamente en primera línea de ‘guerra’! “No. Mi marido estaba en Asturias cuando sucedió y yo dije que de Madrid no me movía, que esto era la tele pública, era un momento histórico para vivir y que yo tenía que estar ahí. Mi madre ya me conoce, sabe que soy una loquita de la vida y es más, yo me ofrecí a la propia tele para hacer más jornada de trabajo si hacía falta y que si alguien tenía miedo, yo lo entendía porque hay gente que puede tener miedo por hijos, familiares con abuelos, que yo no quería teletrabajo y que me apuntaba a entrar en los hospitales, en la UCI... lo que hiciera falta, me apuntaba a todo. No tengo hijos y no tengo miedo y además quería vivirlo, sentirlo y contarlo para Televisión Española y era la única manera. Mi familia ya sabe como soy”.

Desde la experiencia de Rosa Correa, ¿de dónde cree que ha surgido esta pandemia? “Me da mucho miedo, como periodista también, el intentar explicar lo que ha sucedido porque todavía nadie lo sabe ni ningún científico. Están todavía investigando de dónde ha salido, de dónde no ha salido, si fue por un animal, si fue en un laboratorio, en el mercado… ¿Quién soy yo para apuntarme a más teorías sobre esto? Además, mi trabajo no iba precisamente por ahí, era ver lo que estaba sucediendo en España día a día. No sé cómo ha venido ni cómo, y no quiero jugar a la especulación porque me da mucho miedo. Habrá que dejar trabajar a los profesionales y que nos digan”.

El baile de cifras y las fuentes oficiales

¿Cómo habéis llevado el trabajo desde Madrid al intentar hablar con las fuentes oficiales? Los datos, dentro de las investigaciones que se han hecho, no corresponden a la realidad ¿Ha sido difícil informar al público de lo que realmente estaba pasando en España? “Lo del baile de las cifras ha sido terrible y yo lo he visto como ciudadana y como periodista con muchísima impotencia. Nosotros como televisión pública o cualquier periodista no tenemos otra que ir a las fuentes oficiales y las fuentes oficiales eran del Ministerio de Sanidad. Nosotros decíamos que éstas son las cifras que da el Ministerio de Sanidad, éstas son las cifras que está dando el Instituto Nacional de Estadística o como me sucedía a mí, éstas son las cifras que están dando las funerarias o el registro de los decesos. ¡Imagínate cuando hice un reportaje de cementerios en Madrid se decía que habían fallecido 2.000 personas, pues las cifras estaban hablando de 9.000 peticiones de servicios funerarios! Yo no soy quién para decir si mienten o no, nos engañan o no. Yo como periodista doy las cifras del Ministerio, las cifras del Instituto Nacional de Estadística, las cifras del Instituto de Salud Carlos III y la gente no es tonta. Hay cifras que no bailaban y yo quiero pensar que hay muchas que no han sido dadas con mala intención porque también ha cambiado el criterio de las OMS. La OMS ha cambiado continuamente y ahora que dar solamente los que estaban confirmados con PCR positivos, eso al principio. Ahora no, ahora también hay que sumar todos los que han muerto que no le hicieran la PCR, pero que tenían síntomas que eran de coronavirus. Entonces esto es una verdadera locura. Espero que tengan la seriedad suficiente todas las autoridades de sentarse un día y de dar una cifra más real. Ha pasado aquí y en todo el mundo. Es muy difícil saber cuántas personas murieron las tres primeras semanas que fueron salvajes y durísimas. Cuántos se estaban muriendo en residencias de ancianos sin una PCR y por lo tanto, no se saben si son de coronavirus o no, pero es muy posible que fueran porque era un contagio masivo entre ellos”.

El llevar un micrófono, el ir por parte de Televisión Española ¿ha abierto puertas o las ha cerrado? “Televisión Española, a pesar de que tenemos nuestros vaivenes y que ahora estamos en un momento muy difícil porque tenemos una dirección provisional... sigue siendo una televisión de prestigio y que la gente la quiere y a mí nunca nadie me ha puesto ningún problema cuando le he dicho que soy Televisión Española, al contrario también la gente se fija en quién eres tú y a mí ya me conocen en el sector de la Sanidad, me conocen cómo trabajo y siempre he tenido las puertas abiertas para lo que he pedido, aunque ha habido cosas que he pedido y no me han concedido al principio de la pandemia. Yo quería entrar en una UCI y evidentemente me decían que no”.

¿Has aceptado esas entrevistas pactadas con miembros sanitarios o con alguna persona de la pandemia? Porque por ejemplo, en el caso de Andalucía para entrevistar a alguien de fuente oficial había que mandar un correo electrónico con preguntas y luego te mandaban las respuestas que quisieran. Tenías esa opción o no publicar nada. ¿También os ha pasado? “Todo el Periodismo que me ha tocado a mí hacer durante la pandemia no ha sido esa parte oficial, ha sido más de la gente de la calle. Nunca me han pedido (hablo de profesionales médicos, enfermeras…) una entrevista previa, desde luego yo no la doy. Como mucho hablo con ellos y les digo más o menos lo que les voy a preguntar, además porque nunca voy con un cuestionario. Yo no lo aceptaría nunca y nunca lo he aceptado”.

De nuevo las dos Españas

En esta pandemia también ha habido esas dos Españas: la oficial, la de la política, la que daba las cifras; y luego las que recogían los testimonios, la de los ciudadanos, la del pueblo, enfermeros, médicos… “Lo que he visto es que a veces parecían que utilizaban mucho guante aséptico y la realidad era muy dura. Yo no sé si nos han tratado a veces como gente infantil y pequeña y no nos querían mostrar la pura realidad. Yo hubiese querido entrar en la UCI los primeros días y no se nos permitió ni a mí ni a nadie. Entiendo que hay una parte que es una cuestión de que estaban trabajando tan extenuados que cómo iban a entrar ahí equipos de televisión a grabar eso, además podía hasta dificultar el trabajo. Yo he echado en falta que se vieran muchas más cosas en televisión y en los medios de comunicación, no sé si se nos ha ocultado a propósito o el qué. Además, para entrar en un hospital, la mayoría son públicos los que han luchado en esta pandemia, tenías que tener el permiso y no se ha permitido. La realidad era muy dura y se ha ido ocultando, es decir, se daban cifras, números, ese fue uno de mis empeños trabajando… No son cifras, no son números si tenemos que ir poniendo cara y rostro a las personas fallecidas, eso se hizo en la web de Televisión Española con un proyecto que se llamaba Memorial. Yo también lo hice con varias piezas de Televisión Española e ir recabando a través de redes sociales. Se les iba diciendo a la gente: si se ha muerto tu familiar y quieres compartirlo conmigo, escríbeme. Yo he echado horas y horas hablando con gente por teléfono, por whatsapp, mandándoles vídeos y todo para hacer piezas de homenaje a todas las personas. Creo que se tenía que haber enseñado más ataúdes, ¿por qué no? Con respeto, pero se tenían que haber enseñado”.

Una pandemia que ha puesto el servicio público en primer nivel: los sanitarios, los profesionales de la comunicación, los transportistas… “Sobre todo los sanitarios, siempre he tenido mucha admiración hacia el sector sanitario, pero con esta pandemia me rindo ante ellos. Es impresionante, como nos decían: ‘Esto no es dinero es pura vocación, vocación de servicio, de ayuda a los demás, es maravilloso…”.

¿Qué le decían los profesionales sanitarios? “¡Que no eran héroes! Eso hay que quitarlo porque cuando tú a alguien le dices héroe… ¡ahí le dejas! Ahora es cuando les tenemos que mostrar el apoyo.  Yo he alucinado porque en las primeras tres semanas, que son las más duras de pandemia, trabajé en las puertas de los hospitales y de urgencias. Yo les veía salir derrotados, llorando… son impresionantes, tenemos unos profesionales sanitarios impresionantes. Ahora, si tú hablas con ellos te dicen: ¡Hemos vuelto otra vez a lo mismo! Ya sigue entrando otra vez la gente a los hospitales y se nos sigue insultando, llamando de todo si tardas más… Se nos han olvidado los aplausos, se nos ha olvidado todo, lo poco que cobran, lo mucho que están dando, la cantidad de ellos que han muerto… Somos el país del mundo con más sanitarios contagiados y muertos, no lo olvidemos. Tendríamos que estar haciéndoles un homenaje de aquí a un año entero todos los días, pero no solamente un homenaje, sino pagándoles sueldos dignos, no despidiéndoles como se está haciendo ahora mismo. Hay que reforzar  la Sanidad; espero que esto haya servido para algo”.

Aunque no se recomendara, estoy seguro que intentó un abrazo, un apretón de manos antes o después de esas entrevistas de testimonios. “No me dejaban; son muy serios. El último médico, el doctor Moreno, que es el jefe de infecciosas del Ramón y Cajal, que le entrevisté porque enfermó de coronavirus y estuvo muy grave, cuando me vio me dio un abrazo y me dijo: ‘Estoy curado ya, que tengo antivirus’”.

En la vida pasa lo que tiene que suceder

Apasionada de la serie del “Ministerio del Tiempo” le preguntamos si pudiera coger una puerta e ir una fecha para evitar lo que ha pasado. “En la vida sucede lo que tiene que suceder, no cambiaría absolutamente nada. Las personas que hayan perdido a alguien tiene que ser terrible para ellas y sí darían marcha atrás. Espero que seamos lo suficientemente humanos para haber aprendido dos lecciones muy importantes: una es la de nuestros sanitarios que como decía el periodista David Jiménez de El Mundo: ‘No tenemos la mejor sanidad del mundo, eso es lo que pensábamos, lo que tenemos es los mejores sanitarios del mundo’; y segundo, el cuidado a nuestros mayores. No se puede consentir lo que ha sucedido en las residencias. Tenemos que tener mayor protección a todas esas personas que han dado tanto por nosotros y por nuestro país y que han vivido de todo y que les hemos dejado en muchos casos fallecer. Es verdad que ha sido durísimo las tres primeras semanas, los hospitales no podían hacerse cargo de ellos, sobre todo en Madrid. Eran pasillos en las Urgencias completamente tirados por los suelos, pero no se puede consentir, la explotación comercial que se hace de las residencias de las personas mayores, no se puede cambiar nada, yo no quiero cambiar nada, quiero aceptarlo y mejorar”.

¿Entiende a la clase política que ha seguido con disputas en esta situación, pese a la necesidad de unión? “Cuando un político llega al poder se olvida de lo que es prioritario. Por favor, que esta pandemia nos coloque en las prioridades de más importancia. Hay alas de hospitales cerradas, se construyeron, pero no tienen material. ¿Por qué no invertimos ese dinero para el personal sanitario? Porque esto va a volver a suceder”. 

Que se apueste por el Turismo y de momento no se haga lo mismo con la Cultura... “Somos un país de turismo mundial. Ha sido terrible lo de abrir las fronteras, los botellones a mí me ponen nerviosa, la poca consciencia de la gente joven… También a veces pienso cuando a un medio de comunicación lo critican mucho cuando por ejemplo sacó los ataúdes en portada o cuando sacó una persona muriéndose en su casa… Yo creo que teníamos que haber sacado mucho más porque creo que hay una parte de la población que no ha sido consciente de lo que se ha vivido. Yo me he matado por decirlo una y otra vez, pero si hubiesen visto las portadas ¿por qué podemos sacar en primera portada a gente que fallece en guerras y no lo que está sucediendo aquí? Por supuesto sin sacar caras, pero ¿por qué no esa portada con los ataúdes? Porque yo sí soy partidaria de sacarlo para que la gente se de cuenta de lo que estamos viviendo. Hay una parte de la población, sobre todo la población joven que no se ha enterado de lo que estamos viviendo, por eso está haciendo las barbaridades que está haciendo ahora en las playas, en los botellones, en las fiestas, es una vergüenza… y no solo ellos. Ellos se van a su casa y al final se llevan al abuelo por delante. A lo mejor teníamos que haber sido mucho más duros los medios de comunicación en reflejar la realidad. También es verdad que entre otras cosas no nos han dejado porque no nos daban permisos para entrar a grabar. Si nos hubiesen dado todos esos permisos hubiese sido otra cosa”.

Sus primeros abrazos en Asturias

Ese primer abrazo que dio en Asturias ¿se puede saber a quién fue? “A la primera que abracé fue a mi madre; yo le decía: ‘Mamá no te acerques, no me des un beso’. Y ella me decía: ¡Cómo no te voy a dar un beso’. Y me lo dio. Mi madre es mayor y yo no quería, aunque venía con las pruebas hechas. Después vi a mi marido y nos pegamos un abrazo”.

Con la experiencia que ha tenido a pie de micro con esos testimonios ha quedado claro que los sanitarios no son héroes sino que hay que mejorarles el sueldo y su forma de trabajo, pero habría que llamar a ese Velázquez del Ministerio del Tiempo y hacer un cuadro homenaje y dar constancia en nuestra historia para que no se nos olvide lo que hemos sufrido y padecido en estos tres meses. “En lugar de viajar al pasado, porque creo que la historia sucede para que aprendamos, viajaría hacia el futuro con ellos y entonces me encantaría ver como todos nuestros hospitales tienen todo el material que necesitaban, tienen a esos que han dejado su vida trabajando y con un contrato digno. Me encantaría estar no en el 2010 sino estar en el 2025 y ver y hacer una entrevista y decir ¡qué bien hemos aprendido los españoles! Viajemos al futuro no al pasado, no tenemos que cambiar nada, tenemos que aprender”. 

Terminamos agradeciendo a todos esos periodistas, como es el caso de Rosa Correa, por habernos dado esos testimonios de la realidad de lo que estaba ocurriendo. Hemos visto cómo la gente anónima daba su testimonio personal para que supiéramos lo que pasaba en España. Y si alguna vez tienes problemas en que te dejen ir a Asturias, coges un AVE y en dos horas y cuarto estás de nuevo aquí en Antequera para contar esas historias, que también las hay, como las de tus amigos de Prolibertas con esa fundación de personas que se vieron en Antequera sin saber qué hacer y cerraron las puertas con todos ellos dentro para asistirles en esos tres meses.

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