“Manuel Blazquez es un antequerano, aunque nacido en Málaga y educado en el Colegio de El Palo de los Jesuitas. Mi familia es antequerana de siempre. Mi padre era Agustín Blazquez García-Berdoy y mis bisuabuelos fueron Agustín Blázquez Pareja-Obregón y Elena García Berdoy”, se presenta nuestro protagonista.

 

“Hemos pasado veranos enteros en Antequera, alrededor de toda nuestra familia”, recuerda con cariño. “Después, por una serie de circunstancias, heredamos una finca que era de mi mujer y se llama La Saucedilla, y decidimos vender la que yo tenía en Alcalá del Valle que era Tomillo para trasladar la ganadería a Antequera, porque era algo más cercano a nosotros”.

Durante toda su vida no ha perdido nunca su vinculación con Antequera, “de cuya plaza de toros mi familia tenía parte de la propiedad desde que se construyó hasta que fue vendida al Ayuntamiento”, y en la que ha participado en muchos de los concursos hípicos que se celebraron allí.

Hay acontecimientos que es su familia siempre han estado presentes, por más años que hayan podido pasar desde que sucedieron. Éste es el caso de “la célebre becerrada Goyesca de la que hay tantas fotografías e incluso películas, y que dicen que fue el primer festejo con esta indumentaria que se realizó, la organizó mi bisabuelo y mi abuela fue la presidenta de las damas”.

Esta unión de Manuel Blázquez Guerrero con Antequera ahora se ha reforzado y a través de su ganadería, lleva el nombre de la ciudad por toda España. Sobre su trayectoria como criador de reses bravas, señala que “mi afición viene tanto por mi familia de aquí que siempre hemos tenido campo, y también por la familia de mi madre, que tuvo la ganadería de Pedrajas que durante un tiempo fue de abuelo Manuel Guerrero Palacios”.

“En el año 1990 compramos unas vacas a la viuda de Antonio Ordóñez y ahí empezamos. Después le compré otro lote de vacas a Joaquín Núñez del Cuvillo (de ahí que a sus toros se les conozcan como los Cuvillos antequeranos), que es lo que mantenemos con muchos éxitos y también con muchos fracasos, como es todo en esta vida”, reseña para hacer un recorrido por una ganadería que actualmente se divide entre unos campos que tiene en Portugal  en la que pastan las vacas madres, y la finca situada en El Romeral donde son trasladadas las reses una vez herradas.

Sobre su finca antequerana, explica que “con el tiempo se ha ido adaptando a la ganadería brava, con muchos cerrados, mangas, corrales y plaza de tientas”. En el cortijo “actualmente viven tres familias, dando empleos directos e indirectos”. “Por su ubicación presenta muchas ventajas para los veedores y los toreros, y por sus condiciones le viene muy bien al toro bravo para su crianza”, añade.

Su bonita plaza con tonos blancos y grises, y resguardada por unas rocas junto a la cola del pantano que antaño servía para generar luz en la Azucarera, sirve para realizar las labores de selección más importantes: los tentaderos. Figuras del toreo de la talla de El Fandi, Perera, Castella, López Simón, Paco Ureña, Emilio de Justo o Alejandro Talavante, así como malagueños como Fortes o Salvador Vega, ya conocen la nobleza de estas vacas, procedentes de Núñez del Cuvillo.

A este respecto, incide en los difíciles momentos por los que vive el sector ganadero con la pandemia, ya que “tenemos la complejidad de que no podemos cerrar ni poner al personal en ERTE esperando a que vengan tiempos mejores. Tenemos que seguir manteniendo al personal y alimentando a los animales y cumplir con todas las exigencias de sanidad. Eso, sin ningún ingreso, supone un esfuerzo brutal”.

Referente de los ganaderos malagueños

Convertido en referente de los ganaderos de bravo en la provincia, hay una fecha y una plaza que marca un antes y un después: el 28 de mayo de 2011. “Ese día se indultaba a Rescoldito, un novillo que toreó extraordinariamente bien Rafael Tejada. El éxito de la ganadería llega con triunfos como este, que hace que se le vaya conociendo y que los toreros quieran anunciarse con ella”. Después llegó Rescoldón, también indultado en la Feria de Antequera en 2013, y otros toros de Blázquez que han salvado su vida en cosos como los de San Roque o Andújar... y así “hasta llegar a lidiar un toro en Las Ventas en una corrida especialmente significativa por ser la despedida de El Cid en Madrid, y que posibilitó una gran actuación de Emilio de Justo”.

Hasta que llegue el día que uno de sus toros salga por la puerta de chiqueros, en esa plaza de Las Ventas “a la que todo estaba preparado para acudir con una corrida completa el pasado verano pero se estropeó por la dichosa pandemia”, Blázquez continúa con esa callada labor, siempre con la incertidumbre de no saber cómo será el juegos de esos toros que lleva cuatro años cuidando: “Se pasa muy mal el día en que toca lidiar una corrida, porque en el fondo toda la responsabilidad del resultado del festejo es tuya. Yo me pongo el listón de que, al menos, estén bien presentados, porque a partir de ahí puede ser que el toro embista mejor o embista mejor, o que el torero esté mejor o peor, pero por lo menos que sean bonitos, que así es como es el toro bravo y así vamos a intentar mantenerlo”.

 

 

 
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