Nuestra Feria, además del merecido descanso necesario para la ciudad y más allá de ser cristalización y recreación de un apartado de nuestro rico patrimonio inmaterial y etnológico, es una actividad vertebradora de nuestra sociedad que sirve de estímulo y cohesión durante todo el año: El ejemplo más claro es la Caseta La Airosa, ¡puntera y señera en Antequera durante décadas en nuestra Feria!

 Sin la Caseta La Airosa, por ejemplo, el templo de la Cofradía de Abajo, en la Plazuela de Santo Domingo, no se habría podido restaurar: una parte importantísima del dinero empleado fue recabado gracias a esta Caseta, mediante la magnífica respuesta de Antequera.

Todo ello por el denodado trabajo de los cofrades de Abajo por innovar y enriquecer este punto de referencia de nuestra feria. Todo comenzó a partir de una caseta privada, “a la sevillana”, que Juan Antonio Ríos Quintana organizó para su familia y amigos. Pronto, –a principios de los setenta–, la caseta –algo que, como tal, era desconocido en nuestra feria–, pasó de ser familiar a ser de la Cofradía de Abajo.

De una primera estructura, de viejos andamios amarillos forrados con telas aportadas por Ríos Quintana entre los que se colocaban lonas de camión que se disimulaban con guirnaldas de farolillos o de flores de papel, se pasó a una estructura de metal mucho más elaborada con el paso de los años. Se instauraba así el concepto de caseta en nuestra feria, secundado muy cercanamente por la “del Casino” o la “del PSOE”.

Pero dos fueron los aspectos en los que La Airosa fue siempre totalmente innovadora. El primero fue el cuidado estético general, cada año más ambicioso y nunca visto, en esas cotas, en nuestra ciudad. Telas, guirnaldas haciendo dibujos geométricos, macetas, peroles, cobres, abanicos, rejas, cuadros y antigüedades se usaban como norma en una caseta que, incluso llegó un año a recrear un patio típico antequerano con una fuente central. Las pañoletas eran pintadas a mano, con un esmero único defendido por célebres cofrades como Manuel Higueras, Antonio Cabanillas, Fran Torres o Raúl Diez de los Ríos.

 

Feria ariosa 02 082021

 

El segundo aspecto innovador fue la gran animación festiva que se le insuflaba con diversas iniciativas. Siguen siendo recordados con nostalgia los célebres concursos de baile de sevillanas, que proveían a la caseta de un tablao fijo, otro rasgo diferenciador. Especialmente anclada en la memoria resta la Ofrenda a la Virgen de la Paz el 15 de agosto. Gracias al compromiso y dedicación de comprometidos cofrades como Ángeles Herrero o Manuel Palomino, se organizaba este acto en la iglesia ante su Titular Mariana y, en su puerta la Cofradía ponía a disposición gratuita de los devotos carretas profusamente decoradas que llevaban a los asistentes directamente a La Airosa.

Gracias al duro trabajo de tantos cofrades y su autoexigencia de innovación y de aporte de calidad siempre creciente a Antequera y a su feria, la ciudad se volcó con esta Caseta. También con su versión de “feria del centro”, en localizaciones como la Calle del Rey, en la casa de María Luisa Miranda y su magnífico patio de columnas. Incluso un año, 1992, La Airosa salió de la ciudad para ser también montada en Campillos. 

Como consecuencia, La Airosa fue definiendo cómo debían ser las casetas en nuestra feria, importando modelos sevillanos. Y como respuesta de Antequera, la Cofradía recibía el apoyo y cariño de la ciudad y suculentos ingresos que se dedicaban a la restauración del templo fundamentalmente. 

Desde el año 1986 hasta 1994, aproximadamente, La Airosa vivió sus años de mayor esplendor. Incluso visitantes acudían de Sevilla para contemplar la riqueza inspirada en su tierra que en nuestra ciudad realizábamos. Poco a poco, entró en un paulatino decaimiento debido a múltiples factores de larga enumeración. Pero si bien cada fenómeno tiene su tiempo preciso, los actos quedan para siempre. Queda en nuestra memoria ese asombro y esa diversión que la sofisticación puntera y aquí ignota de La Airosa nos facilitaba. Y queda ese magnífico templo, sufragado en buena parte por el dinero de los antequeranos que, divirtiéndose a ritmo de sevillana, apostaban por nuestra Ciudad, nuestra identidad y nuestra cultura.

 
 
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