Estar con la familia y amigos no debería ser algo exclusivo de estas semanas, sino algo que sea necesario en nuestro día a día. En cada hogar, hay que encontrar a ese Niño.

En cualquier lugar de nuestro día a día, hay un niño que acaba de nacer, una niña que crece, un hermano que está en soledad, una madre que padece en silencio, un amigo que lo pasa mal, una conocida que aparenta que está bien, pero no es así... A todos ellos, ¡un abrazo aunque sea en la distancia!

Basta con recordar nuestra infancia, observar la niñez de los pequeñajos que nos rodean y preguntarse: ¿dónde nace ese Niño Dios en la noche del 24 al 25 de diciembre? Lo hace cada día, en noches en vigilia, en cualquier rincón lo están haciendo. En este mismo momento que leemos lo hará en un hospital, en una casa, incluso en la calle. Es el milagro de la vida donde sólo hace falta el amor de un hombre y una mujer y la magia de la vida. Hoy se presume del aborto y de no necesitar de los más pequeños para vivir; eso es otro tema y se le dedica mucho tiempo ya en otros foros. Pero estamos en puertas de Navidad y toca hablar del Niño Jesús que va a volver a nacer esta Navidad.

La pandemia nos está llevando a vivir esos momentos en los que ellos, José y María, estuvieron en ese parto soñado y esperado. Les pasaría como a los padres de hoy, donde las limitaciones de la pandemia les ha llevado a la esperanzada espera a no tener al lado a los abuelos, a los hermanos, a los amigos más íntimos, en esos momentos únicos del alumbramiento. Momentos en los que sólo están la madre, el padre, el equipo de maternidad y la criatura que nace. ¡Cuántos abrazos se pierden en esos momentos mágicos! 

Abrazos como quienes nacen en países con situaciones complicadas, pero que siempre tendrán esa emoción de la madre al poder abrazarle por primera vez o del padre al acariciarle su manita. Luego, los móviles ayudan a poder compartir la alegría, pero no es lo mismo sentir ese abrazo, quedarse con esa fragancia que dejan esas personas que marcan nuestras vidas.

Un niño en nuestras vidas es un huracán de buenas noticias, de alegrías, de esperanza de vivir, de ser optimistas. Es una bendición, un regalo, un impulso a valorar lo que realmente debe ser una prioridad: ¡vivir! Son momentos como los que viviremos entre el viernes 24 y el sábado 25 de diciembre. Ese niño nacerá en cada hogar donde se celebre una reunión familiar, de amistades, con las limitaciones oportunas. Si no se tiene a un recién nacido cerca, es un momento ideal para volver a sacar lo que tenemos en nuestro interior. Está dentro y lo sabemos, aunque nos cueste reconocerlo. Pero qué mejor momento que esta Navidad para volver a compartirlo con quienes tenemos a nuestro alrededor, o con esas personas que viven en soledad. Como dice la campaña de Cáritas: “Esta Navidad, cada portal importa”. Así lo hemos vivido en el confinamiento, donde ante la adversidad, hemos sacado nuestro espíritu navideño, el de los valores y buenas intenciones, ofreciéndonos a vecinos en la compra, en hablar con ellos, en darles el calor que el virus o la vida les ha quitado. 

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Cerrar los ojos y encontrar nuestra estrella

En estas fiestas, podremos estar con los más íntimos y en esas reuniones, sería un momento ideal para compartir nuestras vivencias, aquellas que no están en las redes sociales, ni en los libros, las que vivimos desde pequeños. Nuestras misas del gallo, los cánticos de villancicos, la magia de los Reyes Magos, las visitas a los abuelos, la reunión los los tíos y los primos.

El mundo está cambiando tanto que no sabemos lo que dentro de unos años podremos contar en Navidad. No creo que el divorcio, los problemas de la separación, la subida de la luz, la precariedad del trabajo, la discriminación, los abusos, el egoísmo que reina en nuestra vida, sean temas para poder celebrar estas semanas y reunirnos por todo lo que estamos dejando que reinen en nuestro día a día.

Por ello, es hora de reaccionar, de buscar la alegría del nuevo integrante de la familia, de quien superó una enfermedad, de quien comienza con una nueva vida, de ese nuevo miembro de nuestras amistades y familias, del pequeño que comienza a leer, de la escritora que se atreve a escribir su primer libro, del hermano que sonríe antes de pronunciar su primera palabra, de la niña que nos abraza y nos saca una y otra sonrisa, del hermano que vuelve a sonreír, de esa extraña que nos anima la velada, de ese ángel escondido tras un colectivo solidario... de tantos personajes que forman el Belén de nuestra vida.

Por nuestra parte, terminamos con parte de la letra que nos dejó el cantante Pau Donés en su última canción, valorando la vida de quien tenemos al lado:

Eso que tú me das

es mucho más de lo que pido.

Todo lo que me das

es lo que ahora necesito.

Eso que tú me das

no creo lo tenga merecido

por todo lo que me das

te estaré siempre agradecido.

Así que gracias por estar

por tu amistad y tu compañía.

Eres lo mejor que me ha dado la vida.

¡Feliz Navidad, valoren lo que tienen, lo que fueron y lo que serán! Dejen el móvil por unos días, lean, amen, compartan y busquen lo bueno que siempre ahí en el corazón de toda persona.

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