Estaba allí el Huerto de Perea, a un paso, y parecía inaccesible. Tanto que para mí ha sido siempre luego figuración de tantas cosas como se ven claras y no se nos dan nunca. Arriba los torreones y abajo el río, con las fábricas y las bayetas tendidas y las lanas secándose y las tenerías misteriosas y el agua contra la piedra. Más allá los cerros pelados.

José Antonio Muñoz Rojas 

“Las musarañas”

 

Abrazar la esperanza de un año mejor y dejar perdido en el tiempo de los tiempos el año en que vivimos peligrosamente con un visitante desconocido y oscuro. Olvidar para no olvidar. Renacer entre burbujas y buenos deseos en una noche  que antes fue tarde y luego será amanecer.

En cada hora nos enfrentamos a retos nuevos, nuestro devenir diario no se detiene. Qué duda cabe que en un año la actualidad puede ser muy diferente, pero las campanadas que finiquitarán los últimos doce meses, seguro, van a sonar con la misma cadencia.

Los chavales disfrutan desde su inocencia mientras que los adultos descorremos las cortinas del presente para dejar volar nuestra imaginación y rememorar con ellos aquella infancia que nos tocó vivir. Sin tanta tecnología,nuestra mente se evadía dando vida y movimiento al regalo que llegaba.

Hay luces en las calles de Antequera en esta Navidad de los toques de queda, donde los días de diario se apagan a las 22 horas, pero siguen encendidas en cada hogar o esos balcones que se suman con luces propias. En Nochebuena, al volver a casa antes de las 1,30, hubo vecinos que las tuvieron en falta que hubieran estado encendidas al menos ese día.

La historia de una ciudad, sus tradiciones y costumbres, tienen nombres propios que marcan su desarrollo. Dos de ellos son Antonio Bracho y Manuel Grau, quien sacaron el espíritu navideño que tenían en su interior desde niños, y promovieron la fundación de la Hermandad de Belenistas y el Belén Municipal.

En un pesebre al que trataba de dar calor, acoger, y cantarle  cancioncillas memorizadas sin entender muy bien el significando. Sintiendo que, el Niño Jesús, se alegraba cuando me acercaba a contemplarlo. Han pasado muchos años y me emociona mirar el Belén como lo hice la primera vez.

Aquel niño pequeño había sido criado por las ubres de una cabra, el animal entraba berreando en aquella humilde casa, buscando a Joseíllo como si fuese un chivo más... Aquella cabra lo tenía como a un miembro del rebaño y aquel pequeño crío, tomaba la preciada leche de aquella cabra. Aquel vínculo de Joseíllo con los animales y la naturaleza desde su más pequeña infancia, persistirá hasta el fin de sus días y tenemos que tenerlo presente.

Hace unos días, mi alumnado me interrogaba sobre cuál era mi fecha preferida en el año. ¡La Navidad!, respondí. La Navidad es para mí hacer un viaje ritual. Necesario al fondo del corazón de la infancia. Abrir sus puertas a los tres fantasmas de Dickens (“Christmas Carol” de Charles Dickens, 1843). Vivir recuerdos arraigados en valores cristianos y en el amor del calor familiar, como es mi caso.

En este atípico año de 2020 que nos ha tocado vivir, con este “perimetrado” de las ciudades y pueblos, la escasa o nula movilidad y la prohibición de reunirse... Y tener que llegar a casa antes de una hora determinada, todos estamos ya, hablando  y comentando, que la Navidad va a ser distinta y no la tradicional que hemos celebrado en años pasados. Hay discusiones en torno a la palabra “allegados” que cada uno lo interpreta a su manera, eso sí... Dependiendo de qué ideología política es, cuando todos conocemos a la perfección el significado exacto de esta palabra, ya que la hemos usado y seguimos usándola en multitud de ocasiones.

En puertas de una Navidad en familia, entrevistamos al recién nombrado vicario episcopal, el antequerano Juan Manuel Ortiz Palomo. Tras siete años, se ha licenciado y ha hecho un Máster sobre Teología Moral, y forma parte del equipo de asesores del obispo de Málaga, Jesús Catalá.