A sus 82 años, Cristóbal Toral ha viajado con sus maletas llenas de arte por los mayores puertos y salas de exposiciones del mundo. Se fue a Nueva York tras su formación entre Sevilla y Madrid, tras salir de su choza en Antequera, y triunfó en el mundo del arte llegando a volar su imaginación al cosmos, con viajes espaciales y recorridos por el mundo del día a día con sus viajes, bodegones, formas, figuras y denuncias sociales que se adelanta al tiempo.

Con su pasión por su tierra, Antequera, se siente un orgulloso malagueño, andaluz, español y viajero del mundo. Tuvo que llegar el 2018 para exponer por primera vez en su tierra, Antequera y tras la pandemia, lo hace en Málaga también en primera muestra. Bajo el título de "Cristóbal Toral. Una aventura creadora", desde este martes 28 de junio hasta el martes 13 de septiembre, el CAC Málaga en su museo de La Coracha, expone tres plantas llenas de su vida. 

Organizada por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, se puede visitar de martes a domingo de 10 a 20 horas (salvo julio y agosto, de 10 a 14 y de 17,30 a 21,30 horas). Fue inaugurada este martes por el alcalde de Málaga, Paco de la Torre, la concejal de Cultura Noelia Losada, el comisario Sebastián Gámez y el propio artista. Entre los asistentes, el alcalde de Antequera Manuel Barón y Marisa Oropesa, esposa del artista; las tenientes de alcalde Ana Cebrián y Elena Melero, así como Paulino Plata, Ramón Jiménez y Pedro Fernández.

Tras exponer desde Estados Unidos a Japón, recorriendo casi toda Iberoamérica e instalándose en algunos de los más reconocidos museos de arte moderno y contemporáneo, como el Guggenheim de Nueva York, el Sofía Imber de Caracas, el Moderno de Bruselas, el Centre Pompidou de París o el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, Málaga tiene la oportunidad de ofrecer una visión panorámica de su trayectoria creadora.

A su pasión por las maletas recogidas en sus cuadros, se le suman sus cualidades como artista con esculturas, ensamblajes, la instalación como procedimientos creativos. Quedará para nuestra memoria su composición en el interior del patio del Museo Municipal para su exposición dentro del Centenario de El Sol de Antequera.

 

 

 

 

 

Un visionario al servicio de la humanidad

Ver una obra de Toral es viajar en el tiempo y palpar las excelencias que nos legaron Velázquez, Rembrandt, Goya o Picasso. Capaz de seguir el don de la pincelada de ellos, pero compartiéndolo en su vida, en su obra, en nuestra sociedad. Fruto de ello son sus denuncias sociales que las plasma antes de llegar a extenderse como ha sido su dedicación a recoger los viajes obligados por guerras, terrorismo o miserias.

A sus maletas y retratos de mujeres en soledad, la muestra del CAC suma sus embalajes a propias personas que van y vienen por estas estaciones, puertos o caminos. Incluso expone por primera vez la escultura del último viaje, donde recrea el interior de un ataúd con los recuerdos en forma de fotografías que rodean la vida de una persona. 

Muy de actualidad es su solidaridad con Ucrania a quien le dedica desde una composición con maletas con los colores azules y amarillos de su bandera, a una familia partiendo en Ucrania sobre un camino de sangre.

Y como si supiera lo que iba a pasar esta semana, expone por primera vez  la Valla de Melilla, donde recrea un fragmento de ella con la crueldad con la que está realizada, incluso dejando trozos de vestimenta de personas que intentarían subirla y una tela con su propia sangre tras herirse él mismo al montarla.

La capital vuelve a ver El secuestro del Papa Benedicto XVI y una secuencia narrativa de una ejecución que ya se pudieron apreciar en el Museo de Antequera. En la visita inaugural fue el propio artista junto al comisario explicando con detalle cómo quiso retratar el presumible secuestro.

Y como colofón, se unen sus D`Aprés (homenajes) con su imaginación e ironía inspirada en los maestros Velázquez o Goya, con las Meninas y la familia de Carlos IV. El primero procede de Antequera y el segundo de Madrid. Verlos juntos llevan a ver cómo hizo un salto en el espacio del tiempo y en 1975 pudo darles una perspectivas más propias de nuestros días que de hace 50 años. 

Sólo hubiera faltado ver la Abdicación de Juan Carlos donde antes de la trama que se desveló sobre sus negocios económicos, ya lo predijo vertiendo en un contenedor su retrato como pasaría en muchos ayuntamientos y administraciones públicas. Pero el peso y las dimensiones del contenedor impidieron su viaje.

Una nueva oportunidad de ver de cerca una nueva perspectiva, viajando de nuevo con sus maletas y cuadros a la espera que las administraciones busquen una fórmula de recuperar ese museo de arte contemporáneo con su nombre que recogiera más artistas de su época. Una oportunidad que no puede dejarse escapar. 

 
 
 
 
 
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