Con su serenidad nos evoca calma, paz, tranquilidad. La escultura que se encuentra junto a la entrada del Museo del Sitio de Los Dólmenes de Antequera no es un mero “adorno”, es mucho más que eso.
 
Esta semana, El Sol continúa con sus entrevista a los protagonistas de este nuevo espacio para admirar nuestro Patrimonio Mundial. Lo hacemos conversando con Sergio Portela Campos de Michelena (Madrid, 1970), el autor de la obra que nos da la bienvenida al museo dolménico: una pieza de bronce de 1,80 x 60 x 45 centímetros que representa a la diosa Gea, diosa que representa a la madre Tierra.
 
Portela, que además de escultor es fotógrafo, arquitecto y pintor, nos cuenta que todo nace cuando Bartolomé Ruiz “como director del centro, se pone en contacto a raíz de ver unas esculturas mías en Córdoba y Sevilla”.  
 
Una primera llamada en la que el responsable del conjunto dolménico “propone una figura femenina que sea atemporal, adecuándonos a una expresión simbólica y natural”. Plantea, detalla el escultor, “una figura de tamaño natural que actúe al tiempo como interlocutor del estupendo edificio de Antonio Campos”.
 
Tras ello, “se decide su ubicación para mediar entre el edificio, el estanque y el jardín”, recalca, siendo finalmente situada en ese espacio donde se une lo humano con lo divino. La madre tierra con la obra del hombre. “Es un elemento unificador”, defiende el escultor de Gea, nombre de la obra.
 
“Es libre a través  de la desnudez”
Una obra siempre se entiende mejor si es su creador el que cuenta lo que ha querido representar con la misma. Por ello, le preguntamos a Portela por la intención perseguida para dar vida a esa obra que acompañará el día a día del Museo: “Una mujer que siente el entorno como parte de ella, que huele a distancia como los lobos cuando ventean la lejanía, y ve desde el interior, con el corazón”, nos cuenta con orgullo sobre la pieza que se ha realizado en bronce. “Es libre a través de la desnudez y acoge las orejillas del lince como animal enigmático”, detalla sobre la obra.  
 
Su poder “radica en la feminidad, en estar en el sitio que debe, en ser ella misma la naturaleza del mundo que habita”. Intervenir en Los Dólmenes, “un honor” No siempre se tiene el placer de formar parte de la historia de un bien Patrimonio Mundial. Por ello, intervenir con esta obra supone para Portela “un honor y una alegría”. Así mismo, agradece “enormemente  la oportunidad que se me ha proporcionado”.
 
Igualmente, el escultor no quiere dejar pasar la oportunidad para recalcar que espera “haber estado a la altura requerida de tan hermoso encargo. Espero que sea útil y bella para quien se acerque al Museo y le proporcione paz y bienestar”, explica.
 
Portela, una trayectoria profesional brillante
Sergio Portela suma esta obra “antequerana” en puertas del Museo de los Dólmenes a su extenso currículum, que pasa por monumentos tan destacados como el que tiene en Redondela, dedicado a Julio Verne. Así mismo, realizó un conjunto escultórico en memoria de los diez fusilados el 12 de noviembre de 1936 en Pontevedra. Entre sus galardones, es Premio Nacional de Arquitectura por la estación de autobuses de Córdoba y premio Phillipe Rottier por el cementerio de Finisterre.
 
 
 
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