Virtudes Aguilar es la artista invitada este mes de abril para exponer en las instalaciones de Artekira, en la calle Juan Adame 29. La muestra presenta la peculiaridad de recoger una selección de trabajos realizados con ‘patchwork’, “una técnica que se creó en el siglo XVIII, aunque existen indicios de que lo comenzaron los egipcios, y que consiste en la utilización de telas para volver a darle un nuevo valor”, según explica la autora.

 

“Además de favorecer el reciclaje, que tanta actualidad tiene hoy en día, permite darle a los trabajos un doble uso práctico y artístico”, señala para relatar sus orígenes en Holanda y su expansión a Estados Unidos, desde donde creció por todo el mundo “con países como Japón que han creado estilos propios”. En España también tuvo un antecedente, hoy prácticamente desaparecido, denominado almazuelas.

Constante formación en las diferentes técnicas

En el caso concreto de Virtudes Aguilar, comienza a practicar el ‘patchwork’ “porque por desgracia me tuve que dar de baja de mi trabajo y entonces conocí a María José Amador y Ana Tarifa, que tenían una tienda y daban clase, y allí comencé con ellas”. Después ha ido perfeccionando con la profesora sevillana Berenice Gallego, “donde fui aprendiendo nuevas técnicas”, y también en Granada con María Teresa Saco “que está más influenciada en las técnicas japonesas y te permite ir reciclándote”.

“Yo lo tengo como una afición, y nunca me planteé hacer una exposición”, señala al ser preguntada por la muestra que se puede ver en los escaparates de Artekira. “Yo siempre me paro a mirar sus ciclos mensuales de pintores, y un día les expliqué qué es lo que hago y les pareció interesante”.

Un recorrido del primer al último trabajo realizado

“Al principio me sentí avergonzada, pero luego en casa me animaron y ellos también y finalmente me decidí a ponerlo allí para que vean a lo que dedico mi tiempo libre”, reconoce sin querer destacar ningún trabajo en concreto: “Para mí son todos especiales, porque son cosas que cuando empiezo a hacerlas siempre las hago pensando en alguien, y todas tienen mucho cariño”.

El último de los trabajo que ha salido de sus agujas es “un tapiz precioso de una japonesa que, además de las técnicas de patchwork también lleva técnicas de bordado”. Como contraste, “están también los primeros cojines que hice hace nueve o diez años, por lo que todo tienen un recuerdo y algo bonito para mi”.

Su mayor recompensa es “disfrutar con lo que hago, me relaja, me encantan las telas, las combinaciones de los colores...”, hasta poder completar un proyecto después de “un trabajo muy medido  que requiere de miles de puntadas a mano. Pero yo nunca miro el tiempo, miro la satisfacción”.

 

 
 
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