La fe en la previsión de una tregua de tres a cuatro horas, llevó a la valentía de la Cofradía del Rescate que salió tras amainar la lluvia del día y salir el sol, pero que al llegar la Virgen de la Piedad a San Sebastián y estar el Señor del Rescate en el último tramo de Lucena, a las 21,06 horas rompió la procesión y tuvieron que regresar como pudieron a La Trinidad.

Falló el pronóstico que dio ilusión por salir a la calle y se repitió esa imagen de impotencia al llover a una cofradía en la calle, tapando al Rescate y volviéndose en Lucena con Medidores. Mientras, la Virgen de la Piedad tuvo que bajar por Encarnación, Calzada, Duranes y subir por Lucena hasta la Cruz Blanca. 

Fueron 35 minutos de pesadilla donde los hermanacos lo dieron todo, los directivos marcaron lo que pudiero, los devotos aguantaron y los vecinos y cofrades alentaron con vítores a los dos tronos en su regreso agrío a casa. 

En la esquina con Medidores, el hermano mayor de insignia Guillermo Ramos manda bajar el trono y el hermanaco y pregonero Manuel García de la Vega s encarga de cubrir con una capa a la imagen del Señor.

En el sitio, se da media vuelta y se da marcha atrás por calle Lucena. Aplausos del público, los devotos que sacan sus paraguas y acompañan al Señor. Vítores desde todos sitios y los hermanacos que asi van a la vega bajando la cuesta.

Esfuerzo impresionante y bajada por Cruz Blanca. Nada más entrar el Señor, Ramos pide a los hermanacos que vayan a ayudar al palio de la Virgen, ya que el agua se había acumulado en el techo de palio y el peso era más aún, unido al esfuerzo por la vuelta que tuvieron que dar.

Ya en el interior, de nuevo se descubre al Señor que llegó "preso" por la lluvia, pero liberado de nuevo por sus devotos que lloraban lo padecido cuando llegó la lluvia.

A la Virgen de la Piedad le pilló el agua en San Sebastián, cubriendo con un plástico el manto que sobresale del palio y bajando por calle Encarnación, también con devotos y cofrades de toda hermandad que acudía en su ayuda.

Calzada, Plaza de San Francisco, esfuerzos y más esfuerzos y calle Duranes. ¡La de vueltas que da la vida! De la calle soñada a la calle del purgatorio. Subida por Lucena y llegada a la Cruz Blanca. Al superar las escalerillas, el agua que cae del palio y último esfuerzo.

Fueron 35 minutos de pánico, de incredulidad, de castigo, de llanto, de emoción. La previsión de días anteriores se cumplió, aunque hubo una malaga jugada de esa tregua que daba de tres a cuatro horas y que al final fue sólo algo más que una hora.

Ya dentro, oración colectiva, abrazos, llanto y directivos y hermanacos que fueron a cambiarse de ropa para empezar el desmontaje de los tronos y hacer la primera evaluación de daños.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

La suspensión del Desfile de la Armadilla, la espera y la salida

Desde hace días se temía, la noche previa llovió cuando se predijo, pero a lo largo del día salió hasta el sol y no llovió lo que se exponía. Sí se complicó conforme llegaba la hora del Desfile y la Cofradía que decide suspender el anuncio y esperar a ver qué pasa para la salida.

A las 19,25 horas, comunican que sí saldrán, que le han dado de tres a cuatro horas de tregua y que iban a salir. Así lo hicieron, primero la Virgen de la Piedad con los sones de la Asociación Cultural Musical Banda de Música Cruz del Humilladero de Málaga.

Se optó por aligerar lo que se podía y no esperó a su Hijo, emprendió Cruz Blanca hacia arriba con el sol incluso recibiéndola. Mientras, en el interior, nueva lección de Guillermo Ramos como hermano mayor de insignia, recordando a quienes no están y agradeciendo al Señor que el pregonero García de la Vega fuera uno de los hermanacos.

Salida del Señor e inicio de la Banda de Cornetas y Tambores María Santísima del Amor y Paz de Montoro tras la imagen crística y tras ellos, los devotos alumbrando.

Petalada nada más entrar en Cruz Blanca y se baraja la opción de acortar por Diego Ponce y Duranes, pero siguen Lucena arriba. Y pasadas las 21 horas, al llegar la Virgen de la Piedad a San Sebastián y el Señor ir por la esquina de Medidores, pasó lo que ya todos saben.

Se precisaba de sentir a la Cofradía en la calle tras los dos años de pandemia, se confío en la tregua anunciada, pero el tiempo es así y más en abril, una nube puede dejar lo que esta vez le tocó al Rescate.

Complicada decisión la que tuviueron que tomar, la mejor que consideraron, pero a veces no sale todo como se espera. No hay duda que una Directiva es la primera que piensa en el patrimonio humano y patrimonial que tienen. No ha sido la primera, ni será la última, a la que se le plantee una decisión y desarrollo posible.

Al final, se queda la devoción vivida bajo las andas, en las aceras o tras el Señor o la Virgen, que es para lo que está fundamentalmente constituida una cofradía. Antequera, este Martes Santo, fue al rescate del Moreno y de la Reina de la Cruz Blanca.

  

 
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