Ni en los sueños de los más fervientes cofrades se podía haber imaginado lo que la Cofradía del Rescate y la comunidad trinitaria vivieron este domingo 26 de septiembre por la tarde-noche en Antequera. 

No era Martes Santo, como marcaba la temperatura y el cielo en una tarde de otoño primaveral. No había ambiente de Semana Santa en la calle, pero la gente se aproximaba a la Cruz Blanca.

En el interior del templo, pasadas las 17,30 horas, últimos consejos y oración inicial en la intimidad. A las 17,55 horas se abren las puertas trinitarias y el público que no puede contenerse, ofrece una gran ovación.

El cortejo, sencillo, ordenado, solemne, va saliendo por la puerta. Cruz guía, mujeres vestida com mantilla española, el guión presidencial, el cuerpo de acólitos y, como si saliera de las tinieblas, envuelto en una nube de incienso, Él, el Señor, el Moreno, el Rescate...

Repican las campanas, más aplausos de la gente que se agolpa en una concurridísima Cruz Blanca y el nuevo trono, terminado en lo que se refiere a madera tallada y barnizada, sale a la plazuela. Homenaje a las víctimas de estos dos años y comienza a tocar la Banda del Cautivo. Para empezar, qué marcha más apropiada que Stabat Mater.

Guillermo Ramos al frente de sus 62 hermanacos, estrenando túnica con el escudo de la Cofradía en el pecho, pero sin capuz y con mascarillas. Bajan primero a dar una vuelta para bendecir la vega antequerana y al son de “Mi Fe en tu Misericordia” y “El Enviado de Dios” se atreven a subir meciendo, con su estilo de Semana Santa, hasta la Cruz Blanca, donde le recibe la Directiva del Consuelo.

Recorrido a la inversa con una calle Lucena llena como no recordamos a procesión de los últimos años. El contraluz del atardecer con una emotiva petalada en la casa de Pepe Montes y las calles se vaciaban para recibir al Señor.

Ya en San Agustín, los pollinicos les saludan y entran en calle Infante don Fernando con una Plaza de San Sebastián que ni en los mejores tiempos. A las 20 horas llegan a la céntrica plaza y llegan hasta la puerta del templo, aproximándose al Señor del Mayor Dolor. En apenas cuatro metros, las dos imágenes con más devotos alumbrando en Semana Santa. Allí los del Mayor Dolo y de la Paz.

A los antequeranos, destacando familias con niños y muchos jóvenes, se le sumaron este domingo vecinos de Málaga, Sevilla, Córdoba y Granada. Bajada por Encarnación, Coso Viejo y entrada en Calzada, donde de nuevo llamaba la atención la gente en las aceras.

Entrada en Diego Ponce donde se notó que había colegio al día siguiente, pero desde Madre de Dios, de nuevo no se cabía en la calle, ahora con superioridad cofrade. ¿Era Lunes Santo? ¿Era Santa Eufemia? No, era domingo 26 de septiembre y el Señor del Rescate celebraba que hace 300 años llegaba a la ciudad.

Giro para dejar Madre de Dios con “Soledad, Madre Centenaria”, pequeña parada y casi de un tirón mientras que los del Cautivo interpretaban “Evangelio” y “Mi Fe en tu Misericordia” revivían la emoción de las procesiones mencionadas. Estrenada tras la reforma de calle Duranes que ha tenido que esperar dos años para sentir de nuevo una procesión.

Con “Soledad de San Pablo” y palilleras entraron a Santa Clara con un cúmulo de personas increíble en número. Llegada a la Cruz Blanca y el Señor, entre los aplausos y los sones de Málaga llegaba de regreso a su templo, donde a las 22,33 horas concluía con un padrenuestro su procesión.

No era Martes Santo, no era Pasión de Semana Santa, ni era un sueño. Fue un día de Gloria, de celebración por los 300 años de la llegada del Señor a Antequera, que volvió a salir como Rescate tras 721 sin procesiones en la calle.  

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
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