Tenía que ganar y el Reale Ademar lo hizo a costa de un peleón Antequera (28-25). Le costó porque jugaba con demasiada presión y sin esa dosis de divertimento que es precisa para rematar los buenos partidos. Pero eso eran florituras. Tras el varapalo europeo ante el Barcelona, las críticas al rendimiento de jugadores teóricamente importantes y la supuesta falta de compromiso de otros, había que ser prácticos. Meterse los dos puntos en el zurrón para serenar las aguas revueltas que bajan en estos momentos y punto. Y eso hizo un Ademar que sufrió demasiado ante el Antequera por su flojedad defensiva (sobre todo en la primera mitad) aunque en ataque tuvo incluso momentos brillantes. Los jugadores del Reale Ademar sabían que se les iba a mirar con lupa para ver como salían al partido a comerse al Antequera desde el inicio o si eran el equipo de los inicios sin chispa de los últimos encuentros. Y, claro, el sentirse observado pesa. El 2-0 inicial que abrió un Castresana súper enchufado al partido parecía indicar que el asunto iba a ser fácil pero el Antequera, de la mano de un Rafa Baena que en el pivote es como un jabalí desbrozador, dijo que nones. Los malagueños empataron y se pusieron hasta dos por arriba pero el Ademar no era el equipo que se desanima cuando vienen mal dadas. El equipo traía una carga extra de adrenalina y se puso a la faena. Chernov y Prce apretaron en el centro de la defensa, García Vega empezó a darle fluidez al ataque posicional y Aguirrezabalaga se convirtió en el brazo ejecutor. ¿Resultado? Que las tornas cambiaron. El equipo leonés llegó a irse de tres: 14-11 en el minuto 25 pero un inspirado Chispi recortó esa renta a uno: 16-15 al final de los primeros treinta minutos. Todo seguía en el aire.

 

En el segundo tiempo el choque se mantuvo en distancias mínimas en los primeros diez minutos. Y en ese momento, un arreón leonés propiciado por un Álamo soberbio en la portería abrió brecha para llegar a un 21-17 que permitía ver las cosas con más optimismo. Pero fue un espejismo. El cansancio de jugar con tan pocos efectivos (Carou y Stranovsky lesionados y Bicanic y Doder no jugaron ni un minuto) empezó a notarse y el Antequera se puso de nuevo a un sólo tanto. El tramo final fue un tira y afloja constante. A falta de cinco minutos el Ademar volvió a irse de tres 27-24 y ése fue el estirón bueno pese a que los malagueños incordiaron hasta el final. Victoria importante por lo que representa.

 

Jordi Ribera, entrenador leonés, reconocía que «Ha sido un partido complicado en el que hubo que trabajar desde el primer minuto. El equipo ha estado muy responsabilizado en el juego y hemos jugado un poco atenazados por la obligación evidente de ganar y para jugar bien también hace falta una dosis de disfrute para el jugador», señaló. Sobre el partido, sin ser bueno, cree que su equipo pudo haberlo roto antes pero los tres penaltis parados por Jorge Martínez y Schulz y otras imprecisiones lo impidieron. «El trabajo ofensivo no fue malo, pero nos faltó sentenciar en situaciones claras de lanzamiento. La defensa iba a ser difícil por el continuo juego con el pivote Baena que hace el Antequera, porque si cubres con ayudas al pivote te pueden lanzar por arriba como sucedió». Destacaba al meta Vicente Álamo. «Era un partido complicado tras lo sucedido el domingo, había que ganarlo. No importaba mucho el hacer un buen juego, importaban los dos puntos y los tenemos. Y esto es lo que necesitábamos para ir cogiendo confianza de cara a lo que nos viene», señaló.