Canadá le da a Luis Olmedo su primer mundial de magia, en la especialidad de micromagia, magia de cerca, tras competir en la final con veintiún magos en una competición que se ha disputado en Quebec (Canadá) del 25 al 30 de julio, con presencia de los 130 mejores magos del momento ante otros 2.500 que volvieron a encontrarse con lo mejor de este espectáculo.

Tras el sexto puesto en 2015 en Italia y el quinto en 2018 en Corea, viajaba más ilusionado que nunca en el regreso a las distancias cortas. De madrugada adelantaba: “No sé muy bien como decir esto. Campeón del mundo de micromagia... mañana escribiré algo. Ahora mismo voy a disfrutar el momento. Os quiero”.

A sus 33 años, Luis Olmedo viaja por el mundo compartiendo su ilusión por la magia de cerca, donde el manejo de sus cartas y monedas le llevan a ser uno de los ilusionistas más destacados de España y del mundo como acaba de conseguir. 

Con los premios de subcampeón de su país, cuarto en el europeo y quinto y sexto puesto en sus dos anteriores mundiales, la ciudad canadiense de Quebec le aguardaba en la reunión de la Federación Internacional de Sociedades Mágicas (FISM) donde convoca a los mejores artistas de la magia para saber quiénes son los nuevos campeones tras estos dos años de pandemia.

Tras la celebración y con la diferencia horaria entre Canadá y España, el campeón del mundo nos decía a mediodía de este domingo 31 de julio: “Ha sido un campeonato de lo más competido, es de los años que más igualdad he visto y que más participantes ha habido en esta categoría”.

Por eso “hasta el último momento, sabía que todo podía pasar a pesar que mis sensaciones al acabar mi actuación fueron buenas, pero puede pasar de todo”. Sigue soñando y no se cree “la ovación en pie de más de un minuto de los más de dos mil magos que había en el congreso… y me emocioné”.

Cuando “recibí la noticia no podía creérmelo. Es algo que llevas tantos años persiguiendo que pensaba que podía ser una broma”. preparaba el lunes el vuelo de regreso. “No he vuelto a casa aún, hoy cojo los aviones de vuelta y sigo en una nube”.

 

 

Creer en uno y trabajar y trabajar cada día

El jueves por la tarde, descansando unos días tras la victoria, el viaje, las entrevistas, antes de seguir con sus giras y actuaciones, nos atendía exponiéndonos que se muestra muy agradecido por todos los que le han ayudado a llegar a lo más alto.

Le preguntamos si se lo creía ya: “Sí, me ha costado, pero sí, me lo creo, soy campeón del mundo de micromagia”. Entre tantos mensajes, le comentamos uno que recibió en japonés como destacó su amigo Javier Vallespín. “Javi es así y compartió ese mensaje de un amigo que quiso felicitarme por las redes sociales”. 

Tras lo vivido, insiste. “Es una pasada, sigo asimilando lo vivido, no el resultado en sí, sino la reacción de la gente. Quiero responder todos los mensajes, pero no me da tiempo por suerte por tantas muestras de cariño que he recibido”.

Un título que es un paso más y con el que no se le subirá a la cabeza. “Hay que tener los pies en el suelo y pienso que esto no es un techo, más bien un nuevo inicio. A partir de ahora me tengo que comprometer más aún con el trabajo. Lo tengo que aprovechar y seguir creciendo”. 

Le veremos algún día en el programa de El Hormiguero de Pablo Motos que tiene su espacio para la magia. “Algún día, algún día”, desea.

Le preguntamos qué tuvo su número en la final para ser campeón del mundo. “Gustó el número, enganchó, estéticamente buscaba la poesía, lo que cautivó al público. En estos eventos hay mucha tensión porque te lo juegas todo a una bala. Todo tiene que salir limpio, perfecto. Tuve la fortuna de conectar con el público que no sólo se quedó con el número, también con mi persona y cómo comunicaba. Quizá eso llevó a empatizar conmigo y luego, obviamente, el número gustó, que es lo primordial”.

El concurso duró cuatro días con muchos participantes. “La pandemia ha hecho que se puedan preparar más y mejor, por lo que ha sido más complicado. Yo he intentado pensar que no competía, yo tenía que estar tranquilo. Es una competición de arte, donde no vas a meterle dos goles al de en frente. Venía gente muy buena que hicieron auténticas barbaridades de las que disfruté”.

Felicitaciones ha recibido de mucha gente “de todo el planeta, quizá la que más ilusión me ha hecho es la de Mari Carmen, la de mi pareja”. Destaca la de sus compañeros con los “que hace 16 años empecé con ellos a aprender y ahora me felicitan por el trabajo conseguido”. Junto a Yunke, han sido los dos españoles campeones del mundo.

Ahora tiene ya varias propuestas de trabajo que le harán viajar por el mundo: Chicago, Suiza, Francia, Alemania, Hollywood, “revistas internacionales para ser su portada y hay que aprovecharlas todas estas oportunidades”.

El trabajo psicológico y el nivel mental son claves. “La diferencia entre Corea y Canadá, he sido yo a nivel mental, lo que te da la gente que tiene a tu alrededor y la experiencia. Cuando terminé el concurso, llamé a Mari Carmen y le dije que si no gano, lo tengo que ganar la siguiente vez. Yo salí a compartir mi magia y trabajo, no a competir”. El campeón del mundo de micromagia, nuestro gran campeón que es ya personaje de la Antequera del siglo XXI.

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