La Asociación Resurgir-Proyecto Humano de Antequera celebraba el pasado 29 de octubre su vigésimo noveno aniversario con una fiesta en el Paseo Real, a la que numerosos niños acudían disfrazados de Halloween. “Además de conseguir que los niños pasen una tarde estupenda, procuramos hablar con los padres y entrevistarnos un poquito con ellos para explicarles lo que es hacer prevención y de lo que es nuestra escuela de padres”, destaca su nueva presidenta, Concepción Espinar.

“Lo importante es la prevención universal”, señalan desde este colectivo que recientemente cambiaba su antigua denominación de Proyecto Hombre por el de Proyecto Humano, “un título un poco más inclusivo, ya que queremos estar siempre abiertos a toda la población”.

No obstante, a nivel nacional, Proyecto Hombre sigue existiendo, y de hecho uno de los fines principales de Resurgir es prestarle apoyo en Antequera: “Damos cobertura jurídica, económica y de todo tipo a Proyecto Humano, que es el programa terapéutico educativo de la Asociación Resurgir”, especifica. 

En sus veintinueve años de andadura, “han cambiado mucho los perfiles, las personas, las formas de consumo, las nuevas necesidades que generan las tecnologías de la comunicación y la información que, en cierto modo, se están convirtiendo también en un problema que hay que prevenir”.

Para Espinar, “nuestros menores hacen, en general, un uso bastante inadecuado de las redes sociales, y en ese sentido todo ha cambiado en los perfiles de las personas que acuden a tratamiento y las necesidades de prevención. Hay que seguir haciéndolo del consumo de drogas, pero también de otro tipo de comportamientos de riesgo a los que nuestros jóvenes y adolescentes están sometidos en su día a día”.

La atención a las adicciones a las drogas “sigue siendo nuestra primera prioridad, pero no solo se trata en nuestro centro estos consumos, también se trata cualquier otro comportamiento de riesgo que haya llevado a una persona a perder un poco el sentido de su vida y a no ser feliz, en definitiva”.

 

 

La dependencia a las nuevas tecnologías

Desde su experiencia, primero como trabajadora del centro y ahora ya jubilada como presidenta de la asociación, Concepción Espinar aprecia como “cada vez se nota más el problema, cada vez que tienes que pedirle a un adolescente que suelte su teléfono y eso genera un conflicto. Ahí saltan las alarmas porque nos damos cuenta de que hay una dificultad importante”.

Esto es algo que está en nuestro día, y que para nada se asocia a la marginalidad con la que antaño se vinculaba a la drogodependencia. “Actualmente ya no es así, hace muchos años que cambió. Eso era así en los años 80, e incluso los 90, pero los consumos de droga están hoy presentes en la vida, alrededor nuestra, en cualquier ámbito y en cualquier momento, y no precisamente en zonas marginales exclusivamente”.

Desde la Asociación Resurgir se apuesta actualmente por una Escuela de Padres “que es algo muy importante, fundamental. Ya lo hacemos en muchos lugares de la provincia y en anejos de Antequera, y también lo hemos hecho alguna vez en la propia Antequera; pero eso es una apuesta importante que nosotros tenemos que hacer porque son los padres y las madres los que realmente tienen que hacer la prevención con sus hijos. Los adultos responsables son los que hacen prevención con la educación en el día a día, porque educar es prevenir”.

Muchas veces, hasta que no nos damos cuenta del problema, no somos conscientes de que está ahí. “Desgraciadamente es así, y muchas veces le damos muchas vuelta y queremos pensar que es normal, que es cosa de la edad, que todos son iguales...”. Estas expresiones, “que se escuchan muchas veces de los padres, y a veces es verdad que son cosas de la edad y no tiene más importancia, pero no queremos verlo hasta que lo tenemos encima”, añade.

La normalización de estas conductas adictivas, tanto de consumos como de hábitos, “es algo que ocurre en nuestra sociedad actual, vemos normales cosas que no lo son, y eso es un factor de riesgo muy importante para nuestros niños y nuestros adolescentes por normalizar comportamientos que son peligrosos para la vida de las personas”.

“Hasta que no afecta directamente a un ser cercano no tendemos a concienciarnos de que sea algo por lo que todos debemos luchar para que desaparezca, desgraciadamente es así, pero supone mucho dolor, muchas dificultades familiares y personales, enfermedades... es realmente grave, pero posiblemente lo veamos solo cuando nos toca cerca”, se lamenta.

 

 

Diferentes programas para todo tipo de adicciones

La Asociación Resurgir-Proyecto Humano cuenta con diferentes programas, “uno de mañana al que asisten las personas que quieren recibir tratamiento porque tienen cualquier tipo de adicción, un programa de reinserción en el que están el tiempo que a cada uno le haga falta, y luego tenemos un programa para menores que se imparte una tarde a la semana”.

En estas sesiones “acuden los menores con sus familias, pero siempre que el menor mantenga su vida normalizada acudiendo al instituto”. Sus usuarios son “adolescentes que están viviendo comportamientos de riesgo, pero sin llegar a ser un problema que les requiera estar en un programa estable”.

Estos menores “no significa que tengan que ser consumidores habituales de drogas, aunque hayan tenido un primer contacto, pero en sus comportamientos se denotan ausencias de respeto a las normas y las leyes, fracaso escolar, violencia, o hacer un mal uso y abuso de las redes sociales”. “La figura del adulto responsable es fundamental en estos casos”, enfatiza.

“Tú no le darías jamás a tu hijo una droga, pero sin embargo le das un móvil para que, a su aire, esté ahí libremente y no dé la lata”, señala para alertar sobre el uso prematuro de las nuevas tecnologías, “unas herramientas que pueden ser maravillosas, pero si no se saben usar y en manos de personas tan jovencitas puede hacer mucho daño”.

En este sentido, las ludopatías van directamente asociadas, y también son abordadas desde Resurgir con “un equipo de profesionales compuesto por dos psicólogas clínicas, dos trabajadores sociales y cuatro ayudantes de terapeuta; además de la parte administrativa con dos personas que se dedican a buscar las subvenciones y ayudas necesarias para su funcionamiento, además de las aportaciones de los socios”.

 

 
 
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