Se cerró la puerta tras ella, en un punto y aparte a un día en el que desearía no haber amanecido. Se notaba en sus ojos el cansancio de las largas horas de trabajo, pero aún así les puso una enorme sonrisa a todos.

Allí sentados, esperaban sus noticias, sus reprimendas y largos comentarios explicando el por qué de las cosas. No les importaba pasar una tarde juntos, dejando sus problemas fuera para adentrarse en un laberinto de ideas, palabras, aventuras, tristezas, desarraigos y risas. Es la tarde en la que todo tiene cabida, donde el hada de la imaginación se pasea alrededor de ellos, esperando posarse en uno, encender su bombilla y convertir un pensamiento en algo palpable.

Ella les deja llevarse por sus propios instintos, por sus deseos de cambiar una realidad que se muestra cruda y rebelde, dura y sufrida detrás de ese trozo de madera. Se unen para convertir los sueños en realidad, para dar cobertura a ideas que en otros lados, no son aceptadas.

 

Es la tarde en la que todo tiene cabida, donde el hada de la imaginación se pasea alrededor de ellos, esperando posarse en uno, encender su bombilla y convertir un pensamiento en algo palpable. Ella les deja llevarse por sus propios...

 

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Todos están unidos por algo más que un encuentro rápido en sus agendas. No, allí el tiempo se detiene para que esa musa se deslice en silencio, se adentre en sus mentes y algo maravilloso irrumpa en sus vidas. Sólo por pequeños resquicios la verdadera historia de cada uno penetra en esta sala cuando van pronunciando palabras que juguetonas van formando un mundo en el que todos tenemos mucho qué contar.

Ella, cómplice de las letras, las deja inmiscuirse porque sabe que sólo así nace la Literatura desde el interior de cada uno.