El Pilar o Fuente del Toro de Antequera es una recreación de carácter historicista inspirada en una leyenda antequerana que cuenta el escritor norteamericano Washington Irving en su famoso libro Los Cuentos de la Alhambra. La construcción fue diseñada en 1987 por Jesús Romero Benítez, quien partió de una portada manierista con almohadillado bicolor del siglo XVII, adquirida por Ayuntamiento en 1986, la cual hacía ya años que había sido desmontada de un edificio demolido de la calle Carrera en los años setenta del siglo pasado.

 

La idea era conformar, a manera de retablo pétreo, un pilar de estética manierista planteando un segundo cuerpo o ático centrado por un relieve que es réplica de un ara romana, que estuvo en el Arco de los Gigantes y hoy se puede contemplar en el Museo de la Ciudad de Antequera. 

Las pirámides rematadas en bolas que jalonan el referido cuerpo ático responden a una inspiración escurialense. El mar del pilar propiamente dicho es obra en caliza roja del Torcal del siglo XVIII y estuvo en el desaparecido matadero municipal de la Calle Belén, junto a la Puerta de Granada. 

El conjunto arquitectónico del Pilar del Toro comenzó a montarse en el mes de septiembre de 1987, aunque los relieves del toro –de cuyas narices salen dos caños de agua–, la cartela con el lema “Que nos salga el Sol por Antequera” y el Sol antropomórfico no se terminaron y colocaron hasta el año 1990. Todas estas piezas escultóricas, diseñadas igualmente por Jesús Romero Benítez, fueron labradas en piedra de El Torcal por Antonio García Herrero: el toro en caliza roja y el resto en caliza color crema.

El Pilar o Fuente del Toro se concibió como un homenaje a Washington Irving, quien en su famosa obra literaria antes referida relata su visita a Antequera en mayo de 1829 y su estancia en la Posada de San Fernando, situada en la cuesta de Barbacanas. 

En este edificio, que antes había sido casa solariega y a la luz de los candiles le contaron la leyenda alusiva a dicha fuente. Según ésta existió en una plaza de Antequera una fuente de piedra con una cabeza de toro de cuya boca salía el agua y, debajo, una inscripción que decía “En frente del toro hay un tesoro”. Todos cavaban en el suelo situado frente a la fuente, hasta que llegó un avispado y decidió, ya de anochecida, romper con un mazo la frente del cornúpeta y, lógicamente, no encontró absolutamente nada. 

La ubicación del Pilar del Toro en la calle del Rastro, frente al Mirador de las Almenillas, venía a  significar que el tesoro que estaba enfrente era la propia ciudad de Antequera extendida a sus pies.