El 18 de febrero de 1840, la Diputación de Málaga, acuerda acceder a la solicitud del Ayuntamiento de esta ciudad para invertir los 9.681 reales depositados y procedentes de tierras vendidas, para la reconstrucción de las obras ya realizadas en el cementerio, con la prevención de que se sacara a pública subasta la obra de la cerca, que deberá tener al menos dos varas y cuarto de altura, lo que se anunciará en el boletín de la provincia y se fijaran edictos convocando licitadores. La aceptación de la Diputación a la solicitud del ayuntamiento se basó en el deterioro de las iniciales obras ejecutadas que fue certificado por el maestro alarife Agustín de Torres en fecha 11 abril de 1839, quien acompañando al Alcalde 2º Constitucional, inspeccionaron el terreno del cementerio haciendo constar: que los cimientos de la cerca están sacados, que el cuadro de la cerca está incompleto, restando 60 varas para finalizarlo y describe cómo están los nichos en la parte en la que los hay.
 
El 9 de marzo 1840, se da publicidad a la subasta para realizar de nuevo la cerca cuya pared deberá tener 2 varas y cuarto de altura y el coste se satisfará con el dinero depositado en el caudal de propios. No existe documentación posterior sobre resultado de la subasta, pero se entiende que fue positiva pues las obras se reanudaron.
 
Reglamento y Tarifas para Gobierno Cementerio
 
El 27 de junio de 1840, se elaboró el Reglamento y Tarifas para el régimen y gobierno del cementerio general de esta ciudad a cargo de su Ayuntamiento Constitucional. 
 
Títulos del Reglamento: 
I.-  De la Comisión. 
II.- De la administración de los fondos. 
III.-De los Empleados.
IV.-Disposiciones generales. 
V.- Tarifas: Por clases de entierros: de capa, parroquia, media parroquia y de párvulos.
 
El 14 de junio de 1840, se nombra como Capellán Colector del cementerio a Francisco de Checa, quien el día 27 de abril de 1841 certificó que las obras de la cerca estaban finalizadas, colocadas las puertas y publicado el reglamento, solo restaba las órdenes del ayuntamiento para dar principio al uso oficial del cementerio, órdenes que debieron darse sin que haya quedado constancia escrita de la fecha inaugural.
 
Luego, y hasta el año 1842, no existe más documentación sobre el funcionamiento del cementerio. En este año continúan algunas obras y se siembran arboles en su interior, registrándose en diligencias y recibos todas las cantidades que se abonaron a obreros, acarreadores de agua y guarda por parte del depositario de rentas del cementerio, Francisco Herrera.
 
Los alarifes que ejecutaron las obras, aparte de Agustín de Torres, fueron Francisco Díaz y  Manuel de los Ríos. El guarda fue Felipe García y el herrero que construyó las puertas, José Aragón.
 
El cementerio fue ampliándose sucesivamente y para abordar los gastos que ello acarreaba, en 1844 se remataron tierras de la Diputación a favor de varias personas, para que con sus rentas se fueran pagando las obras que había que ejecutar. Una  de estas personas fue Miguel Talavera, a quien le correspondieron 6 fanegas, que finalmente adquirió en propiedad. Las otras personas con tierras rematadas a su favor fueron:
 
Ramón Muñoz, con tres fanegas y media.
Joaquín Machuca, con 5 fanegas.
 
Pedro Álvarez  García,  con 11 fanegas.
 
Pedro del Pino Herrero, con 13 fanegas.
 
En diciembre de 1850, se hizo un recuento de nichos y propiedades y se confeccionó una relación de personas a quienes pertenecían los mismos, eran un total de 330. 
 
En aquellas fechas los empleados registrados del cementerio, en atención a las nóminas confeccionadas eran:
 
Colector del Campo Santo, Francisco de Checa, con 186 reales mensuales.
 
Oficial encargado despacho de asuntos: Francisco Herrera, con 93 reales al mes.
 
Guarda: Felipe García, con 20 reales al mes.
 
Ampliación de nichos
 
El 21 de febrero de 1856, se autoriza por la Diputación Provincial, la construcción de 56 nichos en la zona donde se enterraron los cadáveres de la epidemia de cólera, por lo que había que profundizar más aún, hasta encontrar firmeza en el terreno. El coste de la construcción lo elabora, a razón de 65 reales cada nicho, el alarife maestro de obras aprobado por la Academia de San Fernando, Francisco de Torres, ascendiendo la suma total a 3.640 reales.
 
Las obras de ejecución de nuevos nichos se hacían mediante subasta y fueron varias las realizadas entre el último tercio del siglo XIX y el primero del XX, con ampliaciones de terrenos y nichos, y una reinauguración en 1884.
 
Siglos XX y XXI
 
El crecimiento de la población antequerana exigió una nueva ampliación en 1909, adquiriéndose una parcela contigua al cementerio, perteneciente a la Hacienda de Valdealanes (partido rural de la Tordecilla) de 5.596 metros cuadrados.
 
Este proyecto constructivo lo realizó el arquitecto municipal Daniel Rubio Sanchez, el mismo que diseñó el pedestal de la estatua del capitán Moreno, el edificio Bouderé y el Cine Torcal, sede actual de la central de Unicaja.La portada actual, de ladrillo, es de 1985 y reproduce la puerta de Estepa de la ciudad. Es de triple arco de medio punto, con azulejos representando a la Virgen de los Remedios.
 
Esta portada fue diseñada por el entonces concejal y luego alcalde antequerano, el historiador Jesús Romero quién encargó los azulejos de la imagen de la virgen a Retablos Cerámicos Sevillanos. 
 
El arco central, más amplio, conduce hasta la capilla, ante la cual se sitúa un sobrio crucero de piedra con la inscripción: “ESTA STª CRUZ DE LAS BENDITAS ANIMAS SE IZO A DEBOCION DE SUS DEBOTOS AÑO DE 1783”, que al parecer puede proceder de algún cementerio parroquial que fuera clausurado.
 
A la capilla le antecede, un espacio porticado, con triple arco de medio punto, sobre monolíticas columnas de mármol rojo jaspeado, cubierto por una pequeña terraza. El interior se cubre con cúpula de media naranja muy rebajada sobre pechinas, y presbítero rectangular y de escasa profundidad, que en este caso se cubre en tres tramos diferenciados: bóveda elíptica en el central y de arista en los laterales. La decoración de las pechinas responde a un tipo de hojarasca plana, versión decadente de las yeserías barrocas antequeranas. 
 
Los tres retablos, de madera dorada, y las esculturas que los ocupan, todo ello del S. XVIII, se trajeron de la iglesia de Santa Clara en los años cuarenta del siglo XX. Estos retablos pertenecieron a la Hermandad de Humildad y Oración del Huerto, cuya capilla quedó destruida en la Guerra Civil. De esta capilla, no hay constancia documental sobre su construcción y aunque en principio fue presupuestada junto al amurallamiento del terreno, luego se desechó su ejecución por falta de fondos, seguramente se construyó tras la finalización del cercado e inauguración del primitivo cementerio en 1841.
 
Como en otros cementerios de su clase, las hiladas de nichos superpuestos se adosan a los muros perimetrales, excepto en las últimas ampliaciones de 2003 y 2004 que van ocupando todo el espacio.
 
La zona antigua, se divide en cuatro patios y éstos a su vez, en otras tantas manzanas, en las que predominan las tumbas individuales, de tipo tumular, que tan solo llaman la atención por su homogeneidad en su sencillo diseño y en el mármol blanco empleado. Incluso el motivo iconográfico predominante es la cruz con sudario, aunque también pueden observarse algunas esculturas de motivos religiosos: María Auxiliadora, la Virgen del Carmen, San Rafael, etcétera. Excepcionalmente pueden verse algunos mausoleos en forma de capilla funeraria, llamando la atención los que acogen a tumbas de personajes que fueron destacados en la ciudad apellidados Rojas, Arreses-Rojas, Sarrailler y Auroux. El mausoleo de la famila Serrailler lo proyectó el arquitecto Aníbal González a finales de los años veinte del siglo XX.
 
Tras la capilla del cementerio, en una de las ampliaciones, se yergue un monumento conmemorativo dedicado a las víctimas de la guerra civil y fuera del recinto se sitúa otro monumento dedicado éste a quienes dieron su vida por la libertad y la legalidad constitucional.
 
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