En el capitulo anterior se constataron las razones negativas que la Junta de Diezmos alegó para no aportar los recursos financieros que le correspondían en la construcción del cementerio y en esta misma actitud de rechazo se pronunció el Cabildo Eclesiástico de la Real Colegial de esta ciudad en fecha 24 de octubre de 1829, cuya jerarquía ofició al Ayuntamiento desaconsejando en los mismos términos desaprobatorios que la Junta de Diezmos, el lugar elegido, proponiendo como más apropiado en consonancia con aquella, el del Reloj, abundando en las mismas alegaciones que aquella.

 

Ante estas actitudes de la Junta de Diezmos y del Cabildo Eclesiástico, el Corregidor Fernando Reynoso expuso al Ministro Comisionado Teotimo Escudero, las verdaderas razones, a su juicio, que impedían la construcción del cementerio y en un riguroso escrito acusa a la Junta de Diezmos de paralizar, obstaculizar, no pagar ni contribuir como debía, arrojándose funciones de investigación y decisión sobre el asunto que no tenía. 

En este escrito y como defensa de sus argumentos hace una descripción del Cerro del Reloj y de las razones por las que ha sido descartado como lugar propicio para el cementerio, que es interesante no solo por los motivos que expone para desaconsejar esa ubicación, sino por las aportaciones urbanísticas e históricas que realiza de los edificios públicos y religiosos existentes en la zona, así como de los personajes que tuvieron alguna relación con ellos. (*) 

Aportación dineraria de la Junta de Propios y una Octava en la pared

El 10 de octubre de 1829 se diligencia el ingreso de 5.180 reales en la depositaría, proveniente de la Junta de Propios y se hace constar la esperanza de que se ingrese el resto del dinero con prontitud, a la vez que se deja constancia que ya se están sacando piedras para la construcción  de la cerca. Por el Corregidor se solicita permiso al Ministro Comisionado para la colocación en las paredes del cementerio de una octava que le remite, por si es de su agrado, que parece poner de manifiesto la mala praxis de los enterramientos que hasta entonces se venían realizando y las posibles incidencias de ello en las epidemias sufridas en la ciudad. Esta Octava  decía:


Viva la providencia saludable

que a Dios da cultoy a los hombres vida.

Huya la corrupción abominable

de su sagrada casa esclarecida.

Respirase en el templo

el agradable aromático olor quea orar convida.

Triunfen ya los inciensos primitivos

y no maten los muertos a los vivos.


Se ignora, tanto quien pudo ser el autor de la Octava como la contestación del Ministro a la petición del Corregidor y si finalmente quedó esculpida o no en la pared inicial del amurallamiento.Por parte del Corregidor, que se implica personalmente, se acuerda con los carreteros que el precio del transporte de las piedras desde el lugar de origen, los murallones de la Plaza Alta de la ciudad,  hasta el sitio elegido para la construcción, será de siete maravedíes cada carretada, y asimismo se involucra en las gestiones para el traslado de piedra jaspe que ha de utilizarse en el alzado de la portada. Queda constancia de que algunas columnas y capiteles se trasladaron del antiguo matadero, que parece pudiera estar ubicado, más arriba, en las laderas del Cerro de la Cruz. En esta ardua tarea de extracción, acarreamiento de piedras y  trabajos iniciales, participaron personajes con oficios reconocidos en la época que fueron: 

Sacadores de piedra: Salvador González y Salvador de Luque.

Carreteros: Miguel de Frías y Dionisio Checa. 

Carretero cosario: Juan Marchena.

Maestros caleros: Silvestre García, José de Rosas y José Pérez.

Guarda de noche para las obras: José Artacho. 

Aunque parte del material extraído se encuentra ya en el terreno elegido, el invierno de 1829 es duro y muy lluvioso y no pueden comenzarse las obras por las inclemencias del tiempo. Se espera a la llegada de la primavera, pero no obstante se reiteran mientras tanto, los oficios a la Junta de Diezmos para que auxilie a los gastos, quien vuelve a exponer que la situación de precariedad continúa y carece de fondos. Esta respuesta como tantas otras denegatorias se comunican minuciosamente al Ministro Comisionado a quien se ruega interceda de nuevo ante las autoridades obligadas a la financiación.

Rechazo de losprimeros planos

El Ministro Teotimo Escudero, que ya recibió los primeros planos levantados de manos del señor Fernández del Pino, dice que tras haber solicitado opinión a la Real Academia de San Fernando, sus titulares han puesto bastantes inconvenientes, significando que la Capilla carece de decoro, comodidad y proporción y que por tanto deben levantarse otros planos que deben visarse, además, por algún profesor titulado por la citada Academia.

El Corregidor textualmente aclara: “que habiéndosele aconsejado no edificar la Capilla para reducir gastos, en atención a este interés económico, aceptó planos de un aficionado que se brindó a ello y que tuvo por modelo el de la rotonda de la Basílica de San Pedro de Roma que trae en su colección Juan Jacobo Vignole, más no habiendo tenido a bien darle su sanción la Real Academia, será inevitable elevar el costo total con los nuevos gastos, y más con la exigencia del visado, careciéndose en esta ciudad de profesor titulado por la expresada academia”.

El 24 de abril de 1830, obedeciendo estas órdenes del Ministro se remite oficio al Director de la Real Academia de San Fernando, señor don Martín Fernández de Navarrete para que se elaboren por miembros de la misma los planos de acuerdo a las dimensiones que se le facilitan.

El 22 de junio de 1830, la Academia confirma que los diseños de proyecto de planta y alzado que le han sido comunicados sobre el Campo Santo de esta ciudad por el académico y teniente director don Juan Miguel de Inclán Valdés, han merecido la completa aprobación de ese Real Cuerpo.El plano original consta de planta general, la sección longitudinal, la fachada principal del cementerio y la capilla.

La planta proyectada es rectangular con un pórtico de entrada y dos habitaciones a los lados para la vivienda del sepulturero y depósito de cajas y utensilios. Tras el pórtico se accede al patio que está rodeado por la galería porticada para los nichos adosados a las paredes. En el mismo eje de la puerta de ingreso y en el fondo del patio se halla la iglesia, que es de planta de cruz griega con un pórtico delantero. A la izquierda y derecha hay dos patios más pequeños destinados a sacerdotes, niños y personas importantes. Y por último las dos piezas de los ángulos con forma rectangular están destinadas a los osarios.Los planos del cementerio poseen unas relaciones muy estrechas con otros realizados posteriormente, como el de Zaragoza y otras ciudades, ello se debe a que hubo escasas diferencias entre los proyectos emanados de la Academia de San Fernando. (Respecto al proyecto realizado para Antequera cabe decir, que tiene muy poco que ver con lo que realmente se construyó con posterioridad y la única influencia de su autor Inclán Valdés la vemos en la planta, que es rectangular y en la Capilla situada al fondo del camposanto que se haya en el mismo eje principal).

El 4 de octubre de 1830, se diligencia el abono de los planos de alzada y diseño del cementerio y sus copias, realizado por el arquitecto, académico y Teniente Director de la Real Academia de las Nobles Artes de San Fernando, Juan Miguel Inclán Valdés, por valor de 2.500 reales, según recibo firmado en Madrid el 24 de septiembre de 1830. (El pago lo realizó don Ramón Fernández, como apoderado del Corregidor Fernando Reynoso).El 9 de octubre 1830, se hace presentación en el pleno del Cabildo Antequerano de estos planos levantados por la Real Academia de San Fernando y se ordena enmarcar un ejemplar para colocarlo en las Casas Capitulares. De las cuatro copias, una queda en Madrid para el Ministro Comisionado, otra para el Ayuntamiento, otra para que sirva de modelo en la obra y la última para el Prelado Diocesano.

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