El religioso trinitario Ángel García Rodríguez (6  de julio de 1958, Valdepeñas, en Ciudad Real) llegó a nuestra ciudad en julio del presente año, tras estar 35 años de misionero en América Latina, pasando 25 años en Perú, “en la selva, en Buenos Aires y en Santiago”.

 

 

Allí, trabajó durante cinco años en las cárceles y ahora llega a la más cercana de Antequera, ‘Málaga II’, siendo nombrado vicario parroquial y nuevo capellán del Centro Penitenciario de Archidona por el provincial y el Obispo. Nos habla de la situación de la cárcel, de su trabajo, y de la necesidad de que nuevos voluntarios se unan a expandir la Palabra de Dios, para ser “el alma de la Iglesia en prisión”.

 

El trinitario nos visita a la Redacción en una fría mañana de otoño. Lo primero que le preguntamos, sobre el hermano Domingo Reyes Ferández: “El padre Domingo ha sido operado del páncreas. Ha sido una operación exitosa y quiero agradecer la oración que muchos antequeranos han hecho por él. Ya está de alta, ahora está en Málaga y espero que en unos días pueda estar con nosotros”.

 

También nos habla del encuentro organizado por la Pastoral Penitenciaria que se celebró el viernes 9 de noviembre en la iglesia de San Sebastián: “Quiero dar gracias a los que participarían aquí en la parroquia de San Sebastián. El fin es informar y hacer tomar conciencia a la sociedad e Iglesia antequerana de una realidad que está muy cerca de aquí. A 20 kilómetros hay alrededor de 500 personas encarceladas. Para la Pastoral Penitenciaria son personas. No vamos a la cárcel a ver qué delito tienen, por qué están. Es la labor de Cristo, que nos dice: ‘Estuve en la cárcel y fuiste a visitarme’. Esta no es labor única de un capellán o de un sacerdote, sino de una Iglesia, comunidad”.

 

El trinitario es uno de los tres capellanes que tienen las cárceles de la provincia de Málaga, estando en Alhaurín “Antonio Elverfeldt y Andrés González”, que estuvieron antes en nuestra ciudad.El objetivo de García: conseguir voluntariosEl trinitario pide “colaboraciones discípulos de Cristo. El voluntario es el alma, junto con los capellanes, el alma de esa Iglesia en prisión. Nuestra tarea es acercarnos al preso como el hijo pródigo. Solo mirarle y decirle ‘levántate, hermano, vives, hay vida, tienes algo porque vivir’. Aquí necesitamos muchos apoyos humanos para tender la mano”.

 

Continúa dirigiéndose “a todas las personas con espíritu altruista. Ser voluntario de una Pastoral Penitenciaria e Iglesia es dirigirnos a hombres y mujeres de Fe. Vamos como esa Iglesia que el Papa Francisco nos está pidiendo”.

 

Quienes quieran formar parte “pueden dirigirse a la Parroquia de la Santísima Trinidad, que es donde estoy residiendo. Pregunten por mí o llamen a la Parroquia (952 842 082) y cada uno puede ser voluntario de acuerdo a su tiempo o a su disponibilidad. En noviembre vamos a hacer un cursillo, lo estoy coordinando con los voluntarios que se van inscribiendo. Serán unas charlas de información, de preparación, para que los que estén decididos hacer sus carnets y Dios quiera que para Navidad ya podamos participar allí con la misa”.

 

Un trabajo, tanto el de capellanes como el de voluntarios, en el que recalca que existen tras áreas fundamentales: “Primera, es una tarea de prevención; después, voluntario para el acompañamiento tras un cursillo donde se darán las pautas para información del voluntario”. El tercer lugar, nos habla de la “reinserción”.

 

Su tarea es la de “escuchar, sin juzgar ni condenar. Hay que escuchar al preso como un padre escucharía a su hijo. No estamos en la cárcel para moralizar ni para culpabilizar, estamos para dar vida a hombres y mujeres que un día se equivocaron. Los presos necesitan nuestra oración para que se superen. Ellos nos piden libros, lo que vemos en las librerías. Queremos que aprovechen para la lectura, para que cambien”.

 

Junto a los trinitarios, la siempre excepcional labor de la Fundación Prolibertas, con sede central en nuestra ciudad y que sirve como como “casa de acogida de Alhaurín de la Torre y de Archidona. Van a venir y ya están viniendo algunos para tener sus permisos. Allí van también los voluntarios para ese acompañamiento para la casa de acogida”

 

Junto a él, otros 9 capellanes alrededor de nuestra comunidad andaluza, que atienden sin pedir nada a cambio a aquellos que lo necesitan. Todo ello, siguiendo la que siempre ha sido la labor trinitaria: “Somos una orden fundada en 1198 aprobada por el Papa Inocencio, por San Juan de Mata, cerca de París. Nuestro fundador abrió los ojos a la realidad. En aquellos tiempos, los cautivos eran la moneda de cambio y nuestro fundador nace para ir a liberar a los cautivos”.

 

Ahora, en una labor actualizada de aquellos tiempos, buscan “ofrecer desde la fe la liberación integral de la persona”. Y así lo hacen, cada día. Un trabajo clave para que los presos olviden, por un momento, todos sus problemas. Más información, edición impresa sábado 17 de noviembre de 2018 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).