Antonio Jiménez López nació en Valdecaballeros (Badajoz) el 2 de febrero de 1957, aunque se siente antequerano como el que más. Llegó destinado a nuestra ciudad hace 31 años. Desde entonces, forma parte del Colegio Nuestra Señora del Carmen. Además de la Enseñanza, su gran pasión es el Deporte.
 
Nunca se imaginó que Antequera, aquella ciudad que pisó un tormentoso 31 de agosto de 1987 sería su lugar de residencia. No es de extrañar que grite a los cuatro vientos que se siente “un antequerano más”. Ahora, el Ayuntamiento reconoce su gran labor haciéndolo Hijo Adoptivo de la Ciudad. Mañana será otra fecha marcada en rojo en el calendario.
 
Quedan horas para que sea, oficialmente, Hijo Adoptivo de la Ciudad, pero el carmelita Antonio Jiménez López se siente de esta ciudad. “Tengo unos nervios grandes porque para mí supone un premio y un reconocimiento por una labor de 31 años consecutivos. No sé si lo he hecho bien, regular o mal, pero estoy completamente seguro que lo he hecho lo mejor que sé. Que se me dé este reconocimiento me hizo muy feliz. A mí y a toda mi familia”, cuenta emocionado.
 
La vida del padre carmelita comienza, como él mismo nos cuenta, en Valdecaballeros, un pueblo de Badajoz: “Mi infancia fue como cualquier otra en un pueblecito pequeño de la época de la posguerra”, viviendo en el entorno del “amor y el cariño de una familia que formaban mi padre y madre. Mi padre Esteban era albañil, mi madre era Josefa, una mujer muy trabajadora”.
 
De ese matrimonio “nacimos cuatro hijos, Manola, Eladia, Pepi y el último que nací fui yo. Que después de tres niñas viniera el varón fue un acontecimiento familiar increíble y en el barrio”, explica entre risas. Recuerda la felicidad de una época en la que no había teléfonos ni Internet: “¡Éramos muchos niños, formábamos unas tertulias en la calle!”.
 
Su vida cambió con trece años, cuando el padre Miguel García, un sacerdote carmelita, visitó las escuelas del pueblo “y nos ofertó la posibilidad de aquellos que quisieran ser Carmelitas que se fuesen con él a un seminario a Hinojosa del Duque (Córdoba). No levantaba la mano nadie, pero sacó de una caja que llevaba unas revistas y fotos de equipos de fútbol, con sus camisetas, su balón, sus porterías… Me llamó la atención, me apunté, levanté la mano y ya la levantaron once más conmigo. Fuimos todos, de los cuales perseveré solo yo”.
 
Eso sí, al llegar al seminario “me llevé una decepción enorme. Era verdad lo de los libros, pero lo de las porterías, los campos de fútbol y las equipaciones no era verdad...”, dice entre risas. Recorramos un poco más la vida del que ya podemos decir es Hijo Adoptivo de Antequera. Hizo sus estudios primarios en Hinojosa del Duque, “cuando terminé me trasladaron a Osuna, en el 1975, donde hice primero, segundo y tercero de BUP”.
 
Allí, llegó a jugar en el Osuna Bote Club, de central, haciendo realidad una de sus grandes pasiones, el fútbol. Tras el BUP hizo COU en Jeréz de la Frontera. “Allí tuvimos que empezar a decidir si querías seguir con la idea de ser sacerdote carmelita o te tenías que salir. Yo me quedé porque a mí caló mucho la vida de Miguel García, era un hombre muy comprometido con la juventud, muy entregado en aquellos tiempos revueltos”.

Hizo el noviciado y se ordenó diácono en Madrid
 
Tras ello hizo el noviciado, “que lo hice en Madrid, de allí estuve estudiando tres años de Filosofía en Comillas y terminé la teología en San Telmo, Sevilla. Después, me ordené primeramente de diácono en Madrid”. Cuando ya terminó todo, llegó la hora del lugar de destino... y apareció Antequera: “Llamé un día al padre Luis, que era el provincial, para decirle que contara conmigo para algún sitio. Me dijo: ‘Esta noche te llamo y te digo dónde vas a ir. ¿Tú quieres ir a algún sitio?’. Le dije que como era el primer destino, le dejé a él que lo escogiera, así si se equivocaba, se equivocaba él”. 
 
El padre carmelita confiesa que no había pensado que nuestra ciudad podría haber sido su destino: “Prometo que había pensado Madrid, Sevilla, Jerez de la Frontera, Osuna, pero Antequera ni se me había pasado por la imaginación. Me dijo inmediatamente: ‘¿Qué te parece si te mando a Antequera?’ y me quedé cortado. Al rato, rompió el silencio y me dijo ‘¿No te gusta?’, le dije que el primer destino lo elegiría él. Me mandó a Antequera y a Antequera me fui. Así fue como vine a Antequera, desde aquél día, en 1987 hasta hoy estoy aquí”.

‘Tuve una suerte enorme’
 
La decisión no pudo ser más acertada, tal y como recalca el padre carmelita: “Tuve una suerte enorme porque desde el primer momento me involucré mucho con los niños en el colegio por el deporte y tuve una suerte muy grande porque conocí muy pronto a una persona extraordinaria de Antequera”.
 
Y es que Antonio Jiménez no quiere olvidar en esta entrevista, en la que repasamos su trayectoria, el importante papel que tuvo una vez aquí Juan Manuel Clavijo. “Era entonces comercial de Onda Cero. Él me abrió muchísimas puertas, me presentó a muchísima gente y rápidamente me hice con el cariño de esta ciudad, que me trata extraordinariamente bien. Desde el primer momento me sentí un antequerano más”.
 
Una ciudad y un colegio que lo acogieron y que, haciendo balance, le hacen imposible quedarse con un recuerdo en concreto: “El colegio es mi vida y si de una vida te preguntan cuál es el mejor recuerdo que tienes, tendrías que sacar mucho del baúl de los recuerdos para poder decidir un hecho concreto”. Nosotros, lo resumimos en uno: simplemente, Antequera. Más información, edición impresa sábado 15 de septiembre de 2018 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).