El 15 de julio de 2016, Antequera y toda la provincia de Málaga vivió una jornada histórica con la inscripción del Sitio de Los Dólmenes como Patrimonio Mundial de la UNESCO. En aquel entonces, el Conjunto Arqueológico tenía mucho por hacer: la accesibilidad brillaba por su ausencia, la información era la justa y entrar al recinto donde se encuentran los dólmenes de Menga y Viera era, simplemente, una odisea.
 
Hoy, más de dos años después, volvemos al Conjunto antequerano para comprobar si han llegado los cambios prometidos por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que preside Miguel Ángel Vázquez.
 
Llegamos andando, durando el recorrido unos quince minutos tras partir desde pleno centro de Antequera, por lo que, con un poco de voluntad, puede llegar sin necesidad de utilizar vehículo. Aún así, se puede acceder llegando en el tren turístico o el autobús urbano. La visita es algo diferente: son las 20,20 horas de un martes de agosto, porque durante este verano, los dólmenes se pueden visitar en horario nocturno.
 
La entrada nos sorprende: un vigilante nos espera en la puerta, indicándonos que la entrada es gratuita y pidiéndonos nuestro código postal de origen. Tras ello, nos indica con precisión por dónde debemos entrar al recinto, advirtiendo en todo momento de la prohibición de subir encima de los monumentos arqueológicos.
 
El camino de acceso ha cambiado: unas barras de madera, acordonadas, nos indica la subida hacia Menga y Viera, evitando los escalones que había hace unos meses en el lugar. Además, se han colocado plantas autóctonas como romero, lavanda o tomillo.
 
Algo más ha cambiado: ¡por fin se colocan carteles con advertencias! Grandes paneles antes de llegar detallan que “por razones de seguridad y conservación, está estrictamente prohibido subir a los túmulos”. Además, se advierte de tirar la basura en papeleras, prohibido entrar con animales, fumando, en ropa inadecuada, en bicicleta o con comida.Unos pasos más adelante, otro cartel recalcando dónde están exactamente Menga y Viera. ¡Hemos llegado!
 
Aunque la vigilancia al principio se hace evidente, en ninguno de los dólmenes hay personal de seguridad, por lo que podríamos burlar las advertencias y no seríamos vistos in situ. Entramos a Viera: todo sigue como siempre, sorprendidos ante la espectacularidad de la construcción... Pero advertimos otro cambio y es que, ya era hora, una cámara de seguridad vigila nuestros movimientos. También las hay en el exterior, junto a los túmulos y extendidos en grandes barras que, aunque no queda excesivamente natural, no entorpecen la visita.
 
Ni siquiera la cámara junto a Menga, que no entorpece la mirada hacia la Peña de los Enamorados, porque precisamente no se puede llegar a dicha cámara andando y colocarse delante, porque la zona se encuentra acordonada y con el paso prohibido.

Y el Museo Dolménico, ¿para cuándo...?
 
La visita a Menga se hace amena, pero con el triste “mamotreto” edificado en obras. Eso sí que dificulta la vista hacia la Peña, no porque lo impida, sino simplemente porque aún no ha finalizado y se puede ver demasiada maquinaria y escombros alrededor, esperando a que su finalización no se extiende más allá de lo previsto.Una inclusión en la UNESCO de los Dólmenes que está obligando a que la visita a nuestros monumentos arqueológicos sea mejor.
 
Aún falta para que sea perfecta, mejorándose cuando acabe el deseado Museo. Mientras tanto, no pierdan la oportunidad de conocer nuestra historia, porque ¡somos Patrimonio Mundial! Más información, edición impresa viernes 7 de septiembre de 2018 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).