Antequera y su casco histórico albergan rincones que darían para escribir un libro si te detienes en cada uno de sus detalles. Uno de esos lugares es sin duda el Coso Viejo, una plaza de leyenda, con una historia propia detrás que le ha llevado a convertirse en lo que es hoy, uno de los puntos claves de la ciudad, tanto para el turismo monumental como el hostelero.

 

Tal y como relata el escritor Juan Manuel Moreno García en su libro ‘Antequera Callejero Histórico’, el Coso Viejo nació en el siglo XVI como una necesidad de ampliación de la Plaza de San Sebastián. Su primera imagen fue una amplia plaza, aunque más tarde también alcanzó un carácter monumental debido a la construcción del Convento de Santa Catalina y el Palacio de Nájera, que conviven junto al Coso.

Su primer uso fue como lugar de encuentro. Allí pasaban el tiempo distinguidos e hidalgos, aunque esta concepción cambiaría a beneficio de la burguesía y el comercio. Se comenzaron a instalar ‘puestos’ dedicados a la venta de productos de alimentación. Así, pasó a convertirse durante el siglo XIX en una especie de mercado al aire libre con diferentes tiendas de berzas, frutas, botica, pescaderías y carnicerías, conociéndose popularmente, además de por Coso Viejo, como Plaza de las Verduras y Plaza de Abastos.

Antes, en el siglo XVIII, se dio el primer gran cambio de fisionomía del Coso Viejo, pasando a ser una Plaza majestuosa, con elementos muy modernos y diferenciales de otros espacios similares.

Fue a las puertas del siglo XX cuando el Coso Viejo volvió a ser remodelado. El alcalde Francisco Guerrero Muñoz dedicó muchos esfuerzos a su cambio de imagen cuando su situación era crítica por el abandono. Por este motivo luego sería llamado Plaza de Guerrero Muñoz, aunque la gente sigue a día de hoy con el tradicional Coso Viejo al referirse a dicha Plaza.

Fue objeto de una reforma extraordinaria, renaciendo como plaza pública recreativa para los antequeranos, llena de detalles en forma de palmeras, diversa y variada arboleda y bancos de ladrillo para el descanso de los ciudadanos. A su alrededor, eran testigos de esta Plaza la calle Nájera y sus casas de la época, la calle Encarnación, también llamada en esos tiempos como calle de los Roperos Viejos, el Palacio de Nájera y el Convento de las Catalinas.

La Cruz de los Caídos y el monumento al Infante

Durante la época franquista, el Coso Viejo albergó la Cruz de los Caídos, que se instaló en julio de 1953. Su primera definición fue que honraba a los caídos en el denominado “bando nacional”. Después se dijo que había sido edificada en honor a todos los caídos en la Guerra Civil. Actualmente se encuentra en el Cementerio Municipal.

También cabe destacar el monumento dedicado al Infante Don Fernando en el 2001. Se trata de una estatua ecuestre de bronce sobre un pedestal de mármol que recuerda la conquista de Antequera el 16 de Septiembre de 1410.

Por último, en el 2002, se colocó en la parte de calle Nájera una fuente de mármol representando los cuatro elementos naturales de tierra, agua, aire y fuego, recibiendo el nombre de Fuente de los Elementos.

El Palacio de Nájera y el Convento de las Catalinas

La trascendencia del Palacio de Nájera para el crecimiento del Coso Viejo como vía es evidente tras el pasar de los años. Este Palacio fue construido en el siglo XVIII para dar techo al Caballero Alonso de Eslava y Trujillo. En la parte de arriba, posee un mirador que da un empaque genuino al aspecto de la Plaza.

El Palacio de Nájera tuvo otros usos. En 1808, fue sede de la Real Fábrica de Bayetas; en 1882, se convirtió en Audiencia Provincial; en 1893, pasó a ser Colegio de San Luis Gonzaga; en 1924, fue utilizado como Cuartel de la Guardia Civil; en 1955 se inauguró la Escuela de Artes y Oficios “García Gómez”; por último, en 1972, se convirtió en Museo Municipal.

Por su parte, en el Coso Viejo también reside el Convento de Santa Catalina, que se fundó como parte del legado de Francisco de Padilla y Alarcón, ilustre eclesiástico antequerano que falleció en 1607.Tras una primera iglesia muy humilde construida en 1670, la actual iglesia de Santa Catalina se levantó desde 1734 a 1735 gracias a la obra y estilo del Alarife Andrés Burgueño.

Teniendo en cuenta la gran presencia tanto del Palacio de Nájera como del Convento de Santa Catalina, existía la opción de ponerle alguno de estos nombres al Coso Viejo. En este sentido, fue en 1856, por orden de Francisco Delgado Fernández, el Coso Viejo recibe también el nombre de Plaza de Santa Catalina.

En la actualidad, el Coso Viejo es mucho más que una Plaza o lo que precede y acoge al Convento de Santa Catalina o el Palacio de Nájera. Se trata de una extensa plaza que también se ha convertido en zona de ocio para tomar unas ‘cañas’, almorzar con los amigos o la familia o tomar un café.

Se ha transformado en un centro de referencia de la hostelería antequerana albergando las terrazas de verano de cinco comercios de restauración de Antequera, concentrando a un gran número de personas.

Además, también ha acogido conciertos dentro del programa del Nájera Jazz, por ejemplo, y fue escenario principal de las actividades teatralizadas del Centenario del periódico El Sol de Antequera a finales del mes de junio de 2018.

Por último, cabe señalar que la parte del Coso Viejo pega a la calle Encarnación también posee un pequeño aparcamiento con el distintivo de zona azul con la concesión otorgada a la Asociación Singilia Barba. Además, este lugar también es zona de parada del ‘trenesito’ turístico de la ciudad.

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