Entrar a la Platería del Pino no es entrar a una platería, joyería o relojería común, es entrar en una especie de archivo histórico, un museo vestido de máquina del tiempo que te traslada a una apasionante historia. Se trata de una parte que nadie conoce. Hablamos de los despertares del arte de la platería desde sus inicios en España, documentados y regulados allá por el año 1344, y en Antequera, donde un entramado de tres familias te sumergen en lo que ha sido el germen de este arte en la Ciudad de los Dólmenes.

 

Para conocer todos los datos y detalles de la historia de este establecimiento, hemos hablado con Mateo Almeda, marido de la actual heredera y platera de ‘Del Pino’, Ana María Del Pino. Ambos, Mateo y Ana María, han realizado una tediosa labor de investigación para conocer las raíces de la Platería del Pino y el arte de la platería en Antequera.

Desde hace unos 25 años, este matrimonio ha llenado un sinfín de carpetas con documentos de la época que contrastan sus palabras y el orgullo que sienten de su pasado. En base a las palabras de Mateo, cabe destacar en esta tarea a una persona, Talavera, quien ayudó para encontrar muchos de los documentos que hoy en día certifican la antigüedad de esta Platería.

Antequera puede presumir de tener una larga lista de comercios centenarios. En este sentido, el más antiguo es la Platería del Pino con 239 años de actividad, ya que comenzó su andadura en 1779, cuando Luis del Pino entró en el Colegio Oficial de plateros de la época, el Colegio San Eloy, y escribió el principio de lo que se ha convertido en una gran carrera y generación de plateros en Antequera.

Sin embargo, para llegar a Luis del Pino, hay una relación con dos familias anteriormente y que conforman el origen de la platería en Antequera.

La unión de los Bermudo, Durán y Del Pino

La investigación de Mateo y Ana María implica a tres familias que tienen puntos de unión, tanto de sangre como del oficio de platero, en alguno de sus miembros y que dan lugar a una larga tradición de plateros que se mantiene actualmente gracias a la familia Del Pino.

Se tratan de las familias Gálvez-Bermudo, Durán-Muñoz de Toro y Del Pino-Bermudo, todos ellos pertenecientes al oficio y arte de la platería, el cual tenía un duro y complejo régimen interno para dedicarse al mismo.

Dentro del gremio, la platería se considera más un arte que una profesión, como puede ser la pintura o la escultura. Sin embargo, dentro de la sociedad eran considerados dentro del estrato social del obrero o artesano, aunque con el tiempo y su buen hacer lograron aumentar su estatus social, llegando incluso a que les permitieran vestir de seda, algo que era muy bien visto socialmente.

En las primeras regulaciones, ya se dio advertencia de que la profesión de platero debía tener lazos de sangre. El proceso era muy específico. Para llegar a ser platero debías tener un padrino, es decir, un maestro que te enseñara.

Según nos explica Mateo, eran un total de seis años en el que el aprendiz adquiría los mecanismos y destrezas para convertirse en platero, hecho para el que tenía que superar un examen. Como dato curioso, el maestro nunca podía abandonar a su aprendiz en esos años y solo podía aleccionar a uno.

Fue de esta forma como Luis del Pino llegó a este arte y se convirtió en el primer platero de la saga Del Pino, tal y como avala el documento oficial de su entrada al Colegio de Plateros ‘San Eloy’ en 1779, principal paraguas que acogía a los plateros en aquella época.

Seguir aprendiendo, la clave para sobrevivir

Esta larga historia tiene sentido y un hueco de leyenda en Antequera porque la Platería del Pino sigue adelante con su actividad comercial en la calle Infante don Fernando, donde están ubicados desde comienzos del siglo 20.

Sin embargo, todo se debe adaptar a los tiempos y la época. Una de las distinciones de la Platería del Pino fue la especialización en los exvotos, más conocidos como ‘milagritos’ u ‘ofrendas’, algo muy poco común y difícil de encontrar. Además, Lo que comenzó siendo una platería ahora también es joyería y relojería, un añadido de servicios que hacen que este antiguo establecimiento siga vivo.

El arte de la relojería llegó a la Platería del Pino de la mano de Rafael del Pino Ramos. Fue sobre 1881, cuando este familiar aprendió el oficio en Córdoba y pudo incluirlo en su oferta. En uno de los múltiples cuartos que alberga la casa de los Del Pino todavía conservan el cajón de relojero de aquel familiar, quien se lo trajo directamente desde Córdoba y reza grabado en él “Llegué de Córdoba el 15 de diciembre de 1881”.

En este sentido, la familia Del Pino también añadió a su estructura la Óptica del Pino, que nació a principios del siglo 20 y aunque se desmarca del ámbito de joyas, relojes y plata, también se agrega a la familia Del Pino y ayuda a que todo siga funcionando de manera correcta.

La Platería del Pino sigue trabajando y luchando por continuar la senda que inició Luis del Pino y todos sus antecesores de los Bermudo y los Durán, formando así una línea de raza de plateros que ya quedará para la historia de Antequera, Andalucía y España. Más información, edición impresa sábado 28 de julio de 2018 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).

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