La imagen que la ciudadanía tiene en ocasiones sobre los Cuerpos de Seguridad del Estado dista en gran medida de la realidad. Ejemplo de profesionalidad y dedicación a su trabajo es el policía nacional Manuel Martín ‘Manu’, un granadino de 37 años que presta servicio en Antequera desde hace 8 años junto a su fiel compañero Paco Marín.

 

El final de un día de patrulla nunca sabes qué te puede deparar. Es lo que le ocurrió a esta pareja de policías en el mes de octubre. Visitaban el Colegio de Los Salesianos de Antequera, debido a que un adolescente de 14 años se mostraba muy agresivo con su madre y profesores. La llegada de los agentes no calmó a este chico, que respondió agrediendo a ‘Manu’ con un mordisco en uno de sus dedos pulgares.

La historia de este menor se remonta a su llegada al Instituto, la cual provocó que comenzara a coquetear con las drogas y se rodeara de malas influencias. Esto derivó en su traslado a Los Salesianos de Antequera en régimen interno de lunes a viernes, aunque su comportamiento no cambió.

El agente denunció la agresión, que conllevó una indemnización de 1.210 euros. Sin embargo, Manu, al conocer la situación de la familia, con los padres separados y dificultades económicas, decidió reembolsar esta cuantía a la madre: “Antes que policía, hay que ser persona”. Esta acción sería el inicio de un acercamiento entre los padres y el menor: “Si los padres apartan sus diferencias personales por el bien de su hijo, ¿quién soy yo para poner la zancadilla?”, manifiesta Manu.

Tras el incidente, el menor fue trasladado a la Fiscalía de Menores de Málaga, donde fue puesto a disposición judicial y, posteriormente, ingresado en un centro de menores. Su comportamiento desde aquel hecho ha cambiado radicalmente: “Los padres me consta que están bien y el menor ha mejorado mucho. La madre me dijo que quiere venir a Antequera para pedirme perdón. Le dije que sin problema, que ésta es su casa, que siempre le echaremos una mano”. Éste es el ejemplo de un final feliz para uno de tantos casos que tienen que vivir a diario el Cuerpo Nacional de Policía.

Ésta no es la única intervención complicada que ha vivido Manuel Martín junto a su compañero Paco. Manuel asegura que ha vivido situaciones extremas que, en ocasiones, no puede remediar llevárselas a casa: “Le llamo una empatía positiva. Ayudar siempre que no me afecte. Me intento implicar siempre hasta cierto punto, porque tenemos intervenciones que la gente ni se imagina”.

Sin embargo, en la calle aún existe una imagen sesgada sobre los policías y sus actuaciones en determinadas situaciones. En esta línea, Manuel afirma sin titubear que la autoridad y el buen hacer en su oficio no está reñido con dar un abrazo cuando sea necesario: “La gente ve al policía opresor y no ve cuando recoges a una persona del suelo llorando y la consuelas sin condición. Mi compañero y yo somos muy de abrazos”Más información, edición impresa sábado 7 de julio de 2018 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).