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Las disputas en el siglo XVI entre los cabildos por el lugar en la procesión de Santa Eufemia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Milagros León   
Viernes, 15 de Septiembre de 2017 11:21

 
 
La incorporación de Antequera a Castilla y el fin del control musulmán de la plaza se produjo a manos del Infante don Fernando y de su ejército el 16 de septiembre de 1410, tras seis largos meses de asedio. Ese día coincidían las festividades de los santos: Cornelio, Cipriano, Geminiano, Lucía y Eufemia de Calcedonia. 
 
La historiografía local refiere diferentes acontecimientos como causa de la elección de esta última en calidad de patrona de la ciudad. Desde su aparición en sueños al Infante, indicándole el momento idóneo para atacar el asentamiento sarraceno, hasta la votación realizada por los miembros del concejo instaurado tras la ocupación cristiana, su designación como patrona “ganadora” y baluarte de tan portentosa hazaña abre un nuevo período para este enclave del sur peninsular en la difícil situación de frontera con el Reino de Granada.
Desde entonces, en conmemoración de la conquista, los cabildos civil (Ayuntamiento) y eclesiástico (Colegiata) de Antequera salieron cada año en solemne procesión por las calles principales de la antigua villa –la parte alta y fortificada de la misma–, para celebrar los importantes logros alcanzados por sus habitantes y dignatarios militares y, especialmente, en acción de gracias a Santa Eufemia.
 
Sin llegar a situaciones en exceso comprometidas, la tensión entre ambas corporaciones debió palparse a lo largo de los años, centrada especialmente en la ubicación del pendón dentro del desfile. 
 
Sin duda, el principal icono de los festejos era el estandarte con el escudo de la ciudad, otorgado por los conquistadores en el siglo XV. En él observamos una fortaleza y un león, símbolos de Castilla y, por tanto, de la anexión del nuevo núcleo poblacional a dicho reino. Estas divisas flanquean una jarra de azucenas, emblema del Infante don Fernando y de una de las virtudes teologales: la esperanza. La leyenda también envuelve a dichas armas pues, antes de tomar la plaza, Santa Eufemia se le apareció al Infante sobre un jarro con las citadas flores. 
 
La condensación de tantos significados en un solo objeto lo convertía en un elemento de veneración y a quien lo portara un digno merecedor de respeto. La tradicional distancia del estandarte respecto a la clerecía molestaba a esta última por la pérdida de protagonismo percibida en dichos desfiles frente a otros, eminentemente religiosos, donde acaparaba toda la atención. 
 
La idoneidad de la posición del pendón fue origen de un intenso debate, cerrado con la intervención del obispo de Málaga, fray Bernardo Manrique, en agosto de 1555 (1). Éste, en su papel de mediador, cedió a las peticiones presentadas por el regimiento antequerano: el alférez llevaría la bandera bordada con las armas de Antequera junto con el corregidor y la justicia de la ciudad, justo después de la formación del clero, evitando la confusión en un mismo espacio de personas laicas con seglares y, sobre todo, separando el blasón de la cruz distintiva de la Colegiata de Santa María. 
 
Siglo y medio más tarde de la instauración de dichas funciones, y pese a la sólida tradición forjada a lo largo de ese tiempo, sucedió algo insólito e inesperado para el conjunto de habitantes: la procesión de Santa Eufemia del 16 de septiembre de 1568 quedó anulada ante la negativa de los canónigos de la Colegial a salir con los munícipes si éstos formaban en “orden de ciudad”. Comienza así un periodo de inestabilidad de nueve años de duración.
 

De la cancelación en 1569 a la mediación en 1577 del Consejo de Castilla
 
Las discrepancias desembocaron en la inevitable cancelación de la procesión en septiembre de 1569. De todo ello nos informa con detalle el escribano Francisco Gutiérrez, quien añade la descripción de los hechos al expediente abierto por la ciudad para solucionar el litigio (2). Esta vez, los munícipes salieron de la casa capitular hacia la Colegiata, a escasos metros una de otra. Una vez allí, esperaron el avance del clero hasta que éste alcanzó la altura del Arco de los Gigantes para incorporarse tras la comitiva y cerrarla. 
 
El vicario, alertado por los acontecimientos, decidió parar la marcha y avisar al corregidor de tan peligrosa transgresión de los requisitos interpuestos por los colegiales, aunque ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder. Al final, la clerecía se volvió a la iglesia mayor sin guardar alineación, mientras las cruces de las distintas parroquias eran conducidas a sus templos. Por su parte, los representantes municipales retornaron a las casas de cabildo según sus antigüedades, llevando consigo el pendón, el cual quedó depositado, de nuevo, bajo la jurisdicción del gobierno civil.  
 
Lo irreconciliable de las dos facciones mantuvo en suspensión la importante procesión de Santa Eufemia durante nueve años. Para resolver el asunto fue necesaria la intervención del Consejo de Castilla y de la sanción del rey Felipe II. Así lo demuestra una real ejecutoria dada en Madrid, a 15 de marzo de 1577, donde se da solución al conflicto (3). El mandato regio cierra el asunto fijando que las autoridades civiles (regidores y jurados) irían en los laterales, custodiando al clero, mientras las máximas dignidades civiles y religiosas, inmediatas al pendón, culminarían la cohorte. Lógicamente, se reafirmaba el derecho del alférez de acarrear el estandarte o confiarlo a quien considerase oportuno.
 
De esta forma, se pone fin a casi un decenio de revuelo y escándalos. Estos conflictos cuestionaron el correcto cumplimiento del dogma de fe y, sobre todo, restaron esplendor a las procesiones en beneficio de los privilegios corporativos. 
 
La interpretación de estas manifestaciones públicas como estructuras de comportamiento estáticas y solemnes, capaces de crear un sentimiento de “colectividad”, y una perfecta simbiosis entre los organizadores y el pueblo “espectador”, se desmorona en determinados momentos a causa de la defensa de intereses particulares.

(1). Archivo Histórico Municipal de Antequera, Fondo de la Real Colegiata de Antequera. Actas Capitulares, libro número 2, folios 17v-18r. Sesión del 28 de agosto de 155.
(2). Ibidem.
(3). Archivo Histórico Nacional. Diversos. Concejos y ciudades, leg 27. “Executoria sobre las procesiones en los días de San Felipe y Santiago y de Santa Eufemia”, Fechada en Madrid, a 15 de marzo de 1577. Más información, edición impresa sábado 16 de septiembre de 2017 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).
 


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