¿Quién no ha ido al Quiosco de Joaquín, en calle Cantareros, a comprar golosinas, revistas o periódicos? El mítico establecimiento frente a Cine Torcal cerrará sus puertas en las próximas semanas por la jubilación del siempre atento Joaquín Campos Guerrero.

Él mismo nos cuenta que “ha llegado el momento y es hora de disfrutar de la vida también”, destacando que lleva desde 1975, tras terminar el servicio militar, en un trabajo en el que se metió “porque no tenía otra cosa y decidí estar provisional hasta que encuentre algo y al final me he quedado aquí”.
 
Desde entonces, “han cambiado mucho las cosas, antes se vendía más, pero la vida ha cambiado mucho a raíz de la crisis que hubo hace unos años. Cuando estaba el Cine Torcal en su apogeo fue cuando yo pude sacar esto adelante, después llegaron tiempos peores”. Con respecto a la prensa en papel, confiesa que “hay menos lectores”, porque “la gente compra los periódicos sobre todo los fines de semana, cuando tienen más tiempo”.
 
Ahora, con la jubilación llamando a la puerta, destaca que tiene pensadas hacer “muchas cosas”, pero sobre todo “descansar, ponerme a tono con la vida y a ver si me dedico a leer mucho”.
 

Con su padre y un “carrillo” empezó todo

Hoy es la “cabeza visible”, pero todo comenzó con su padre Francisco Campos Cazorla, quien recorría las calles con un “carrillo” y que se instaló en un quiosco portátil junto al Cine Torcal allá por 1951. En 1968 alquiló el local actual, del que Joaquín formó parte siete años después. El quiosquero Joaquín finaliza destacando que del quiosco va a guardar “un recuerdo muy bonito, ha sido toda mi vida y me da lástima irme”. Así mismo, da las gracias “a todo el mundo por habernos ayudado”.
 
Gracias a ti, siempre, porque con el cierre de su quiosco se nos va un poquito de nuestra historia. Más información, edición impresa sábado 2 de septiembre de 2017 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).