Todo empezó cuando muerto el padre de Juan II, los caballeros castellanos, conocedores de la prudencia, valor y bonhomía de su tío Don Fernando, le proponen ser Rey en lugar de su sobrino, un niño de apenas unos meses. Don Fernando se niega rotundamente, y ordena cumplir lo dispuesto por su hermano: será Rey Juan II, y tutores, su madre y su tío, El Infante. No contento con lo ordenado en la reunión de nobles castellanos, el Infante decide venir a “tierras de moros”, es decir a Andalucía, en la que finalizaba una tregua, un pacto de dos años convenido con el Rey de Granada.
 
¡Sálganos el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera!
En abril de 1410, Don Fernando, al frente de un gran ejército, establece su campamento real en Córdoba, y allí se le plantea la duda de si conquistar Gibraltar, con lo que cerraría la entrada a posibles refuerzos procedentes de África, o Xébar, importante fortaleza en el camino a Málaga, o Antequera, centro neurálgico de las vías que llevaban de Sevilla a Granada, de Córdoba a Málaga. 

En la madrugada del día 10 de abril (como marcan las crónicas de Juan II), Don Fernando tiene una aparición… una joven, rodeada de ángeles y leones, Santa Eufemia, le dice que le aconsejaba se dirigiera a Antequera, diciéndole: “No temáis, que nos salga el sol por Antequera, y sea lo que Dios quiera!”. 

Creyente y devoto el de Castilla, reúne a primeras horas del día a sus capitanes, y su mensaje es claro y determinante: “¡Sálganos el Sol por Antequera, y sea lo que Dios quiera!”

A primera hora de la mañana se ponía en marcha el gran ejército cristiano, que siguió el camino de Córdoba, digiriéndose a Antequera, tras cruzar el Río Yeguas a la altura de la actual la Roda de Andalucía.

Al llegar a lo que hoy es Humilladero, el Infante Don Fernando, mandó parar a sus soldados, para esperar la llegada de su caballero Per Afán de Ribera, que, desde Sevilla, traía –según era costumbre de los reyes castellanos— la espada de Fernando III El Santo, que el Infante recibió de rodillas, dando nombre, con su gesto, al lugar: Humilladero.

Seguidamente, cercó la Madina, estableciendo varios campamentos en el Cerro de la Cruz, la actual Plaza de San Francisco, el Cerro de San Cristóbal y la Plazuela del Carmen, hasta conquistar la ciudad el 16 de septiembre de 1410.
 

Patrona, Pendón y Alcaide

Una vez conquistada Antequera, era determinante buscarle un Patrono, otorgarle un Escudo de Armas, nombrar Alcaide…

Para ello, se organizó una solemne misa de Acción de Gracias, en cuyo transcurso se buscó la bendición del Espíritu Santo, para elegir Patrono. Para ello, se escribieron en sendas cédulas los nombres del santoral de la Iglesia Católica, procediéndose a sacar uno de ellos. Contenía el nombre de Santa Eufemia, una virgen y mártir de Calcedonia, San Cornelio y San Cipriano. Se volvió a incluir la cédula, se removieron todas, y se sacó de nuevo, saliendo, otra vez, Santa Eufemia. Se repitió por tercera vez y de nuevo salió Santa Eufemia, por lo que tanto el Infante, como los Obispos que presidieron la misa, consideraron que era voluntad del Cielo, que fuera Santa Eufemia nuestra Patrona. Desde ese día, los cabildos civiles y eclesiásticos (los hoy, Ayuntamiento y Clero), juraron voto perpetuo a la Santa, ofreciéndole la función votiva que cada 16 de septiembre se celebra, siendo la más antigua que se conserva en la Diócesis de Málaga y el Reino de Granada.

Había que dar a Antequera su escudo de Armas contenido en el Pendón. Resultó fácil: un león, por el Reino de León; un castillo, por el de Castilla y entre ambos una Jarra con cinco Azucenas, representando la devoción del Infante por la Virgen. 
El Infante, se había encargado de recuperar la Orden de la Terrasa, nacida en el siglo XI en La Rioja, y Don Fernando quiso dejar constancia de su devoción en el escudo. Encima de la Jarra de Azucenas, hizo escribir la letras “A”, “T”, “Q”, abreviatura de  ANTEQUERA, y debajo del león, el castillo y la jarra, las letras “P”, “S”, y “A”, que querían decir “Por Su Amor”: ANTEQUERA, POR SU AMOR, por su amor a María.
Antes de abandonar Antequera con destino a Sevilla, donde fue apoteósicamente recibido por toda la ciudad, el Infante, nombró Alcaide a su doncel Rodrigo de Narváez.

Los caballeros de aquellas época, solían poner a sus hijos bajo la tutela de reyes, infantes o caballeros famosos, para que bajo su amparo se formaran como hombres y como soldados. 
Uno de ellos fue Rodrigo de Narváez, que entró en la Corte como doncel de Juan II, pero como éste era muy joven, sirvió a las órdenes de don Fernando, que le nombró Primer Alcaide y Justicia Mayor de la ciudad y su fortaleza por sus méritos y cualidades humanas y por su decisiva y valiente participación en la Conquista de Antequera y su posterior buen gobierno. También nombró a su primo Gonzalo Chacón y Ruiz de Narváez como Primer Alguacil y Alférez Mayor de Antequera.

Alcaide después de morir

De todo el mundo es conocido el hecho histórico del Cid Campeador, que ganó su última batalla cuando aún ya muerto, fue atado erguido en su caballo y lanzado a galopar ante el enemigo que huyó despavorido por lo mucho le temían. 
Pues algo así ocurrió años después, cuando el Rey de Castilla tenía previsto entregar el gobierno de la ciudad a Alonso de Aguilar, para lo que estaba dispuesto a dar un golpe de mano pidiendo públicamente al Alcalde que le entregara las llaves de la ciudad. 
Recibido con el mayor respeto por su Alcaide entonces, Hernando de Narváez, hijo de Rodrigo, fue conducido a la iglesia mayor, donde se encontró con un profundo silencio y en medio de un ambiente de luto general de los presentes. Sobre un catafalco se había colocado la momia de Rodrigo de Narvaéz (la que hay hoy en San Sebastián, junto a la sacristía), primer Alcaide y a cuya familia se le concedió tal derecho; y en sus manos descarnadas tenía las llaves de la ciudad. 
El Alcaide dijo al Rey que las tomara por sí mismo, y ni qué decir tiene que éste no se atrevió a cogerlas y prefirió que todo siguiera como estaba. El rey Enrique IV de Castilla, quedó humillado al intentar contrariar el derecho de los antequeranos y los mandatos del Infante Don Fernando “El de Antequera”. 
 
 

Ellos también conquistaron Antequera
La preparación de un reciente trabajo sobre la relación entre Sevilla y Antequera en los tiempos próximos a la Conquista por el Infante Don Fernando, nos permitió conocer muchos datos sobre una serie de personajes que, además del propio Infante y del primer Alcaide Rodrigo de Narváez, tuvieron mucho que ver en la Conquista de la Ciudad. Es el caso de Gonzalo Chacón y Ruiz de Narváez, del que nos proporciona un rico tesoro de datos su descendiente José Luis Pérez y Ortega, al que agradecemos inmensamente su generosidad, pasando a resumirlo seguidamente, en el deseo de recuperar figuras de tanta trascendencia.

Gonzalo Chacón y Ruiz de Narváez, nació en Baeza y fue conquistador de Antequera, junto al Infante Don Fernando “El de Antequera”, más tarde Rey de Aragón, como es sabido. 

Don Gonzalo, vino formando parte del séquito del Infante Don Fernando y habiéndola conquistado un martes día 16 de septiembre del año 1410, le hizo muchas mercedes en particular la de usar en sus Armas la Divisa del Estandarte que primero tremoló en Antequera, dejándoselo para eterno timbre de su Casa, para que la tuviese él en su casa, en cuya memoria la sacaban de ella Gonzalo Chacón Ruiz de Narváez y sus sucesores, llevándola en la Procesión del Corpus y en el día de Santa Eufemia, nombrada Patrona de Antequera, en que se celebraba el Triunfo y Conquista de dicha Ciudad en cada año, por lo cual la Ciudad le pagaba cierto tributo de maravedíes. 

La bandera de sirgo que los moros tremolaron durante el asedio en el alcázar, quedó convertida en casulla conservada con gran esmero en Antequera. Por sus méritos queda en Antequera Gonzalo Chacón premiado, heredado y establecido como Primer Alguacil Mayor y Alférez Mayor Perpetuo de dicha ciudad, junto a su primo Rodrigo de Narváez “El Bueno” que mereció también por su demostrado gran valor y virtudes militares, el cargo de Alcaide de su fortaleza y Alcalde y Justicia Mayor Perpetuo, y en ambos caballeros para sí y sus descendientes, del ya muy importante enclave entre los reinos de Sevilla y Granada, y a la que por Real Cédula de 9 de noviembre de 1441, se le concede por el Rey Juan II de Castilla, el título de Ciudad. 

Hizo Gonzalo Chacón también a su costa, como atalaya para la mejor guarda de la ciudad, la Torre que se llamó “El Cerro del Obispo” y que después se convirtió en una ermita ya arruinada. 

Casó en Úbeda con Beatriz Rodríguez Molina, que tiene sus antecedentes en el Príncipe Don Gonzalo Pérez, Señor de Molina, quien en el año 1212 hizo paz con el Rey Don Fernando “El Santo”, con condición de que, casando su hija con el Infante Don Alonso, hermano de este gran monarca, le daría en dote el Señorío de Molina, que más tarde se convertiría en Marquesado de Molina para los Marqueses de los Vélez. 

Don Gonzalo falleció el 27 de junio de 1441, tras hacer testamento ante Fernando de Molina, siendo sepultado en la iglesia del Castillo de Antequera junto al Sagrario, y cuyos restos cubre años más tarde la lápida puesta por su descendiente Bartolomé Chacón de Rojas en 1618, al ser trasladados por obras a la iglesia de San Pedro de Antequera, y según éste mismo detalla en su testamento: “… que en la Parroquia del señor San Pedro, él y sus ascendientes y descendientes tienen un entierro que está debajo del Sagrario, a la derecha del Altar Mayor, en el que está sepultado D. Gonzalo Chacón de Narváez su cuarto abuelo, Alférez y Alguacil Mayor perpetuo de esta ciudad y de los ganadores y pobladores de ella, y otros muchos parientes suyos y su hijo D. Juan Chacón que murió pequeño, y porque no se pierda la memoria de este entierro manda se ponga una piedra con el arma de los Chacón en la forma que tiene tratada con D. Lorenzo de Padilla Alarcón, que se haga a la mayor brevedad y se pague de sus bienes”.

También tenemos datos de la composición del primer Gobierno que tuvo Antequera, nombrado por el Infante Don Fernando, tras su Conquista en 1410: Alcaide de la ciudad y su fortaleza, y Justicia Mayor, Rodrigo de Narváez “El Bueno”. Alférez Mayor y Alguacil Mayor de Antequera, Gonzalo Chacón de Narváez. Escribano Público y del Concejo de la ciudad, Alonso Lupión. Regidores, Pedro González Ocón, Lope Sánchez de Valenzuela, Fernán Martín de Valdetapia, Antonio López Lobato y Alonso González Estote, Fernán Albases de Jerez. Jurados: Pedro Rodríguez Escudero, Juan Méndez de Valdés, Juan Ruiz de Robledo y Alonso Martin, Jurado.

Ahí quedan esos datos (completan los más conocidos sobre la Conquista que se conmemora por estas fechas, a los que hemos unidos más detalles recogidos en el libro “Nobleza de Andaluzia” de Gonzalo Argote de Molina, Cap. XX). para los antequeranos de hoy, del siglo XXI, para que mantengan lo que nos encargaron en 1410. Más información, edición impresa sábado 13 de septiembre (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).