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Reportajes
El Sol de Antequera, 94 años hoy, soñando siempre con servir a su tierra PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Viernes, 29 de Junio de 2012 11:23

No tiene nada de raro que una ciudad que tuvo la segunda imprenta de Andalucía, sintiera especial atención a las publicaciones impresas, de los Maestros de Gramática de Santa María que, gracias a los libros tenían mucha mayor difusión; los tratados de Poesía de los que los de Pedro Espinosa eran el mejor ejemplo; los tratados de origen religioso y, más tarde, los periódicos.

El periódico actual nació en Inglaterra, como culminación de distintos medios de información que partían nada menos que de Roma. En 1609 empiezan a publicarse las Gacetas semanales, bajo la protección de los Estados Absolutos que las utilizaron como medio de propaganda de la monarquía. Las gacetas más famosas fueron las francesas: La Gazette, Le Journal des Savants, y Le Mercure Galan, todas ellas del siglo XVII. En España, la primera fue La Gaceta de Madrid, en 1661. Para conocer el primer periódico diario, hay que esperar a Inglaterra con el Daily Courrant, 1702, y ya en 1785, The Times. En España, no se produce un desarrollo de la prensa hasta el siglo XVIII. Los periódicos eran muy caros y sólo estaban al alcance de una minoría. Los editores contaban únicamente con el producto de la venta, ya que la publicidad no se generalizó como medio de financiación hasta el siglo XIX, en que fueron naciendo El Imparcial, La Vanguardia, ABC, El Debate, El Sol…

Antequera vio el nacimiento, y casi siempre la rápida desaparición, de gacetas, periódicos y revistas, destacando "Heraldo de Antequera", entre 1910 y 1917, editado por Francisco Javier Muñoz Pérez, y que desaparece, por problemas económicos. Su fundador tiene la idea de hacer un periódico independiente, imparcial, que acogiera las noticias locales, en el que las notas políticas serían publicadas previo pago y con el calificativo de "Remitido", quedando abierto al comercio local, a su industria y agricultura, a toda la vida local. Y nace "El Sol".

Un equipo de "lujo" en los años del L Aniversario: Juan Galán, Antonio Guerrero el mago de las fotos, nuestro maestro José Muñoz Burgos; Pepe Cervi, veterano colaborador; Antonio Alcalá, Manuel Vera...

Así intentamos seguir, aguantando los embates de los tiempos, hasta que el Supremo Lector lo permita. Hoy, nonagésimo cuarto aniversario, en el que recordamos a Francisco Javier Muñoz Pérez, José Ruiz Ortega, Miguel Narváez Cabrera, José Muñoz Burgos, Juan Alcaide de la Vega, ilustres predecesores en la hermosa tarea –imposible de llevar a cabo sin las ayudas con que contamos– en la dirección de este viejo, pero cada vez más joven periódico.

 

Bibliografía: Gómez Aparicio, Pedro, "Historia del periodismo español".

 
Sobre el altar del Corpus y Santa Eufemia: si rompemos las tradiciones religiosas... PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Lunes, 18 de Junio de 2012 16:45

Comentarios surgidos en torno al altar de la bendición del Corpus, nos invitan a aclarar cosas que son ignoradas: la presencia de Santa Eufemia en el altar, se debe a ser Patrona de Antequera, y no "porque Ella o ‘alguien’ sean más que nadie". Por eso, sin ánimos de polémicas, quisiéramos recordar: el 3 de junio de 1586, el Cabildo de la ciudad dijo «que por cuanto se tiene por su Patrona e Señora a Santa Eufemia... e agora se ha hecho una Imagen de bulto redondo que debió sustituir a otra más antigua, es justo que como a Patrona se lleve en la procesión que esta Ciudad hace del Santísimo Cuerpo de Cristo...», cosa que hacía junto al Cabildo, uno de las dos que, con el Eclesiástico, presidían los grandes actos de la ciudad.

La magna Procesión se incrementó con el Corazón de Jesús, San Isidro, San José y Santa Eufemia. Más adelante, llevaba tal acompañamiento, que el Obispado consideró que tal número "podía distraer la del auténtico Corpus", prohibiendo todas las procesiones añadidas, pero manteniendo la de Santa Eufemia, que representaba al Cabildo Oficial. Años después, se decidió que la imagen de la Patrona estuviera en el altar desde el que se daba la bendición final. Así se mantuvo durante muchísimos años, hasta que la Hermandad encargada de montar el altar, se debilitó, tras la época de esplendor de los 40 del pasado siglo cuando la presidían Carlos Mantilla, Carmen de Rojas Sarrailler, Carlos Blázquez de Lora, y en cargos de honor, el General Varela, su esposa y su hijo.

Miembros de San Sebastián, cuyo párroco era siempre el vicario arcipreste, montaban el altar, hasta que a finales de los 80, aquel bendito vicario y párroco que fue don Antonio López Benítez, encargó a la reorganizada Hermandad de Santa Eufemia, al no haber quien lo hiciera, recuperara el que era considerado "su" altar, montado con ayuda del Ayuntamiento. Desde allí se hacía la bendición y las invocaciones al Santísimo que, por cierto, tampoco se rezaron este año.

Hoy, quien manda, manda, y nosotros lo acatamos (aunque sea por imperativo legal) humildemente, pero en el deseo de recuperar nuestra tradición, confiamos en que antes o después volverá la humilde Patrona al sitio que le fijaron.

Si seguimos rompiendo tradiciones, malo. ¿Cuál será la próxima?


 
El monumento al Capitán Moreno ganará llevándolo a la nueva Plaza de San Luis PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Lunes, 11 de Junio de 2012 17:30

Recordemos, si hiciera falta, que el 10 de agosto de 1810, en un patíbulo levantado en la Plaza del Triunfo de Granada, el glorioso Capitán Moreno fue ejecutado por los franceses, mientras gritaba: "Españoles, aprender a morir por la Patria". Su nombre figura en el Palacio del Congreso, junto a los de Daoiz y Velarde, en una placa de mármol en lugar destacado del Hemiciclo.

 

Homenajes

El 29 de abril de 1910, cuando se aproximaba el primer centenario de su sacrificio, una comisión de notables de la ciudad, se desplazó a visitar a S. M. El Rey, para que aceptara el título de Gran Protector del homenaje en honor del Capitán Moreno. El Rey aceptó y anunció que, en caso de no poder desplazarse a nuestra ciudad para presidir los actos, enviaría un representante oficial.

El 10 de agosto de 1910, tiene lugar el gran homenaje al Capitán Moreno. Lo presidió el Capitán General representando al Rey, junto al Coronel Miguel Primo de Rivera, "mantenedor de los Juegos Florales". Vinieron alcaldes y presidentes de Diputación de varias capitales, representaciones de los Regimientos de Melilla y de Córdoba, de la Academia de Infantería de Toledo y otras personalidades, atendidos por el alcalde y autoridades antequeranas. Con este motivo se inauguró la Escuela de Niños "Capitán Moreno" y se organizó una extraordinaria corrida de toros celebrada el 9 de agosto, con ganado de Surga –que recibió 28 varas y dejó para el arrastre 7 caballos–, para "Machaquito" y "El Gallo" a beneficio del Hospital Civil de San Juan de Dios. Además, se colocó la primera piedra de un monumento que el Ayuntamiento quiso dedicarle en el centro de aquel precioso parque, hoy totalmente cambiado, que formaban el Paseo, "la Negrita" y la tristemente desaparecida "Glorieta de Rojas Pérez".

El 8 de diciembre de 1920, en la Fiesta de la Inmaculada, Patrona de la Infantería Española, se inauguraba, el monumento al Capitán Moreno. La soberbia estatua fue modelada por el escultor antequerano Francisco Palma y resultó espectacular la base de la imagen, debida al arquitecto Daniel Rubio.

 

El Paseo, era muy distinto entonces a ahora, por lo que se destaca el soberbio grupo llevándolo a una Plaza de San Luis para nosotros desaprovechada en la actualidad, para pasar a convertirse en una magnífica entrada desde Sevilla realzando la zona y por consiguiente, el monumento.

 
El origen de la Feria de Primavera de Antequera y su sentido hoy en día PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Viernes, 01 de Junio de 2012 18:40

El 24 de abril de 1856, "El Ayuntamiento, deseoso de promover por todos los medios el bien estar y el fomento de los intereses de sus administrados y proporcionar elementos de vida y prosperidad a la industria y la agricultura, ha obtenido del Gobierno de la Provincia autorización para celebrar una feria anual en los días 31 de mayo y 1 y 2 de junio, sin perjuicio de la que por concesión antiquísima tiene lugar del 20 al 22 de Agosto; y ha elegido para el mercado el Cerro de la Cruz y hazas de la Cañada de la Pólvora que por su proximidad y excelente aguadero de la acequia alta, ofrecen cuanta comodidad pudiera apetecerse; y para la colocación de las tiendas da la Trinidad, Cruz Blanca y calle Lucena, hasta las esquinas de Madre de Dios, puntos cuya situación presentan todas las ventajas posibles. La circunstancia de ser dicha feria libre de derechos y la hermosa estación en que ha de verificarse, inspiran a la Municipalidad la esperanza fundada de que la concurrencia será tan brillante como desea, y los negocios tan útiles como se propone. Antequera 24 de Abril de 1856. El Alcalde 1º Constitucional, Francisco Joaquín de Aguilar. Joaquín de Lara, Secretario".

Esta Feria, atrajo a muchos visitantes que asistían a los espectáculos que el Ayuntamiento organizaba, desde corridas de toros, con figuras como Álvaro Domecq, Carlos Arruza, Manuel Álvarez "Andaluz", José Morán "Facultades", "Espartaco", Curro Romero, Rafael de Paula, Miguel Márquez, "El Cordobés" y otras figuras. La Feria se abriría por la Alameda al Paseo, y más a los conocidos como jardines de "La Negrita", con su quiosco y dos grandes palmeras, entonces dotados de un magnífico espacio para "bailes de sociedad" o Flamenco, que se repetían en la lamentablemente destrozada "Glorieta de Rojas Pérez". Es decir que la Feria de Primavera tenía su doble aspecto mercantil y lúdico con sus espectáculos.

Hoy, por la crisis, por el mal ambiente, porque no hay dinero o imaginación, la Feria parece irse extinguiendo, salvo en las exposiciones Agroganaderas, alguna atracción musical y las casetas. ¿Será esto bastante para sacar a los antequeranos a la calle y atraer visitantes? Este fin podremos comprobarlo in situ en el Recinto Ferial.

 
Quién fue el antequerano Vicente Moreno Baptista, el Capitán Moreno PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Viernes, 25 de Mayo de 2012 18:18

Vicente Moreno Baptista, nació en la calle Nueva de Antequera –en el local donde estuvo la panadería de Modesto, sobre cuya fachada una lápida recuerda el hecho– el 7 de enero de 1773.

El 12 de junio de 1792 ingresó en el ejército como soldado distinguido, destinado a la Guerra del Rosellón, donde su valor, rayano en ocasiones en la temeridad le ascienden directamente el 30 de septiembre de 1795 a Cadete de su regimiento, y el 1 de abril de 1799 a Subteniente segundo. En septiembre del año 1800 asciende a Subteniente primero, y aprovecha para solicitar licencia matrimonial y el 9 de diciembre contrae matrimonio con María Teresa Velasco García. El 16 de julio de 1805 asciende a Teniente.

En 1808, Napoleón invade España. Vicente es nombrado ayudante del Segundo Batallón de su Regimiento, el 30 de noviembre de 1808. Sus éxitos militares contra los franceses, le valen ser ascendido el 5 de enero de 1809 a Capitán, volcándose entonces en todas las acciones de "guerrillas" desarrolladas en Sierra Morena. El 8 de febrero los franceses nombran un gobierno en la ciudad de Málaga.

El Capitán Moreno consolida su guerrilla en el baluarte que le ofrecían las alturas de El Torcal de Antequera. El teniente coronel Bellangé al mando del destacamento en Málaga, superado por el terror que sentían sus tropas, le tendió una trampa utilizando un traidor español, que citó en su casa del paraje del Navazo Hondo, a Vicente Moreno, para decirles que esa noche pasarían correos franceses con importantes valijas de documentación. En la noche del 2 de agosto Vicente Moreno y sus 40 hombres, son hechos prisioneros. El francés ofrece a Vicente Moreno su libertad y el grado de coronel en nombre del rey José I si juraba acatar al monarca. Moreno contestó con la célebre frase "el honor de un patriota español no se vende". Posteriormente, lo trasladan a Granada, llevándole a la celda a su mujer e hijos para debilitarle anímicamente ante el llanto constante de éstos. No sirvió de nada. Secó sus lágrimas y les pidió que dejaran de llorar, pues era lo que buscaban los franceses y que marcharan a Ciudad Real donde tenían familia tanto ella como él.

 

Fue ejecutado el 10 de agosto de 1810, gritando: "¡Españoles: aprended a morir por la patria!", y sepultado en el cementerio de la parroquia de San Ildefonso, donde se puede hallar la partida de defunción del párroco, encuadrado en el libro 16 de Entierros, folio 142: "Don Vicente Moreno. Garrote. En la ciudad de Granada, a diez días del mes de agosto de su tarde, falleció delante de la puerta de la Iglesia, Don Vicente Moreno, natural de Antequera, marido de Doña María Velasco y Capitán primero del Regimiento de Málaga, y se enterró en el campo Santo, Feligresía de esta Iglesia parroquial de San Ildefonso en dicho día por la Hermandad de Caridad de dicha Ciudad, y para que conste la firmo".

 
El Patrimonio Antequerano de Santa Eufemia: la procesión, su historia a través de los siglos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Manuel Moreno García   
Viernes, 03 de Septiembre de 2010 17:45

El patrimonio antequerano de Santa Eufemia es copioso y extenso. No hay en Antequera tanto suelo para tanto cielo, porque la Santa pisa estrellas, pisa azucenas y viste oro.

Cuando leo el patrimonio historiográfico de la Santa –TEJADA PÁEZ, ALONSO GARCÍA DE YEGROS, RODRIGO CARVAJAL Y ROBLES, Fray FRANCISCO DE CABRERA... y a nuestros JOSE MARÍA FERNÁNDEZ, TRINIDAD DE ROJAS, JOSÉ MUÑOZ BURGOS y JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS, mi alma se llena de belleza.

Y más, si apreciamos emocionados en el óleo de gran tamaño de MOHEDANO DE LA GUTIERRA y en la escultura de ANDRÉS DE CARVAJAL Y CAMPOS en donde la representación de Santa Eufemia supera la normativa plástica del momento histórico en que se compusieron para conseguir los hitos propios de las verdaderas obras de arte. Y también forman ya parte del patrimonio artístico de Santa Eufemia los carteles realizados en los años 2006 a 2009 por los creadores antequeranos Pepe Romero Benítez, Antonio Montiel, Machuca y Eloy García. Se añaden a estas realizaciones las vistosas piezas de orfebrería –corona y palma– que la imagen luce con lujoso esplendor y el esperanzador trono que estrenará nuestra Patrona Ganadora en la procesión del próximo año 2010.

 

Sin embargo, la capitana mayor del patrimonio de Santa Eufemia es la procesión que se celebra todos los años en vísperas de cada 16 de septiembre que cumple también ahora seis siglos de existencia y aunque en algunos momentos históricos dejó de verificarse por causas muy diversas, no habrá jamás fuerza lo suficientemente crecida capaz de arrancarla del alma antequerana.

 

La procesión de Santa Eufemia

1. Tras la conquista se iniciaron las primeras procesiones de Santa Eufemia por el interior de la Plaza de Armas del Castillo, saliendo la comitiva de la iglesia de San Salvador y regresando a ella.

2. Cumplido el siglo XV la procesión se desplazaba desde San Salvador a Santa María de la Esperanza cruzando solemnemente la Puerta de la Villa.

3. Fueron los bríos artísticos del Renacimiento los que durante el siglo XVI potenciaron la popularidad de la procesión de Santa Eufemia en su recorrido desde su modesta capilla de la Plazuela de Santiago hasta Santa María de la Esperanza.

4. Con el advenimiento del Barroco en lo siglos XVII y XVIII, la procesión alcanzó gran pompa. Abrían entonces el cortejo los heraldos con clarines y trompetas. Y el retumbar de los atabales anunciaba la presencia del Pendón de la Ciudad escoltado por maceros municipales ataviados con vistosas dalmáticas. Los señores Beneficiados, por Decreto Pontificio, llevaban en la procesión sus trajes de Canónigos con alzacuellos morados. Un grupo numeroso del clero regular y conventual y, lo que era más importante, los dos Cabildos Civil y Eclesiástico, con cuyo apoyo y favor se celebraba esta expresión de religiosidad popular. Al final, entre el exquisito olor de las flores y el resonar de los aplausos, la imagen de Santa Eufemia Patrona de la Ciudad. Y al compás de la procesión el vistoso espectáculo de los gules de las candelas.

5. En los tiempos contemporáneos la procesión partía de la Colegial hasta el Convento de las Religiosas Mínimas de San Francisco de Paula y se celebra una Misa solemne con la casulla formada del estandarte que se ganó a los moros. En la festividad del Corpus Christi la imagen de Santa Eufemia ocupó un lugar preferente junto al Santísimo en la Plaza de San Sebastián.

 

¡Benditas sean todas aquellas gestiones que en nuestro tiempo han luchado por resucitar y mantener estas tradiciones que son la esencia misma de Antequera!

Para mí, también forma parte del patrimonio de Santa Eufemia esa banda de color carmesí que cruza el pecho de los miembros de la Hermandad que la acompañan en la procesión y que constituye una auténtica firma de amor. Esta banda me parece que encierra la más devota de las oraciones: "Santa mía, el día en que yo me muera ¿quién cuidará de ti?"

 

También tiene el patrimonio de Santa Eufemia su rostro popular y festivo en la organización de corridas de toros, juegos, cañas y otras diversiones en la Plaza de la Feria de Arriba y en el Coso de San Francisco de Abajo.

 

Bástanos añadir como un elemento relevante del patrimonio de Santa Eufemia el hecho de que muchos historiadores, con un tacto exquisito y con una habilísima discreción, junto a la narración de los hechos rigurosos y objetivos nos han transmitido también leyendas y tradiciones. Sirve de ejemplo cómo la Santa ruega al Señor que la Madina sea conquistada y pase a poder de los cristianos y como dice el Infante:

"Harás que por Patrona de sus muros

Me jure esa Ciudad cuando la ganes".

 

¡Viva Santa Eufemia!

Decir ¡Viva Santa Eufemia! no es lo mismo que decir ¡Santa Eufemia viva! Decir ¡Viva Santa Eufemia! es una aclamación de nuestro espíritu, un conjunto de vítores y aplausos nacidos del corazón. Es como un enjambre de piropos que brotan del alma cuando la imagen de la Santa procesiona la tarde-noche de septiembre por las plazas y calles de Antequera y nos sentimos cerca de los gules de las candelas.

 

 

 
El Infante Don Fernando (IV): con numerosos títulos además de “El de Antequera” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Viernes, 06 de Agosto de 2010 18:32

Don Fernando "El de Antequera", tuvo muchos más títulos, aunque el más conocido fuera el que lleva el patronímico antequerano. Fue Fernando I de Aragón, Fernando de Trastámara, Fernando el Justo y Fernando el Honesto; Rey de Valencia, de Mallorca, de Córcega, de Sicilia y de Cerdeña, duque de Neopatria y de Atenas, conde de Barcelona, del Rosellón, de Cerceña… además de Regente de Castilla. Fue el primer monarca aragonés de la dinastía castellana de los Trastámara, por la rama materna, pues su madre Leonor de Aragón era hermana de Martín I de Aragón «el Humano». Su coronación como tal tuvo lugar el 28 de junio de 1412, tras ser elegido el 5 de agosto, jurar en Zaragoza y el 28 de noviembre, en Barcelona. Duque de Atenas y Neopatria, Señor de Lara, Duque de Peñafiel y Conde de Mayorga; por matrimonio, Conde de Alburquerque y de Ledesma y Señor de Castro de Haro.

Rey de Aragón

En 1410, al morir su tío el rey Martín I de Aragón sin descendencia directa y legítima, Fernando presenta su candidatura a la sucesión del trono aragonés, tras haber previsto lo que podría ocurrir y encargarse de dirigir escritos con sus justificadas pretensiones a los más influyentes nobles aragoneses, de forma que, aunque en un principio se presentan hasta seis candidatos al trono, sólo Fernando y Jaime de Urgel tenían posibilidades reales de éxito. El poderío económico de Fernando, su prestigio militar y su inteligencia política, que le permitió contar con el apoyo de la familia valenciana de los Centelles y de la familia aragonesa de los Urrea, unida a los errores de Jaime de Urgel, entre ellos la conspiración para asesinar al arzobispo de Zaragoza, y al apoyo tanto de Benedicto XIII, como de su confesor, Vicente Ferrer, inclinarán la balanza hacia la candidatura de Fernando, que será refrendado, el 28 de junio de 1412, en el llamado Compromiso de Caspe al ser proclamado rey de Aragón y de los demás estados de la Corona de Aragón. Tras jurar como rey el 5 de agosto en el Palacio de Aljafería de Zaragoza, donde dos de sus antiguos rivales para ocupar el trono, Fabrique de Luna y Juan de Prades, le rendirán pleitesía, se dirigirá a Lérida, donde representantes de su gran rival, Jaime de Urgel, le rinden vasallaje, a cambio del ducado de Montblanch y de la concertación de un matrimonio entre sus hijos Enrique e Isabel. A continuación, Fernando se dirige a Tortosa para entrevistarse con su gran valedor Benedicto XIII quien, el 21 de noviembre de 1412, le invistió como rey de Sicilia, Córcega y Cerdeña a cambio del apoyo real en la disputa que Benedicto mantenía con los otros dos papas que simultáneamente gobernaban el orbe cristiano: Gregorio XII y Juan XXIII, en pleno Cisma de Occidente que dividía a la Iglesia Católica.

 

Una semana después, el 28 de noviembre, Fernando entraba en Barcelona, donde juró los privilegios catalanes. En 1413 durante la celebración de las Cortes Catalanas que él mismo había convocado, recibió la noticia de que Jaime de Urgel se había levantado en armas. Con la ayuda de los estamentos de la nobleza catalana sofoca la revuelta y sitia al conde de Urgel en el castillo de Balaguer, que es tomado el 31 de octubre, tras lo cual el antiguo pretendiente al trono de Aragón fue despojado de todos sus títulos y desterrado.

En las Cortes que había convocado en Barcelona, Fernando tuvo que ceder al denominado pactismo catalán en su relación especial con las Cortes y de la Generalidad de Cataluña. Este movimiento, encabezado por Joan Fillavert, manifestaba que "privilegi atorgat tollent ley paccionada de dret, non val y que privilegi atorgat contra ben publich es nul", por lo que estaban "Decididos a darle antes su vida que la libertad". A pesar de que Fernando tuvo que claudicar ante los consellers, su relación con Fillavert no tuvo que deteriorarse, ya que le nombró albacea de su testamento que otorgó el 10 de octubre de 1415 en Perpiñán. Tras eliminar o neutralizar toda oposición interior, Fernando se dirigió nuevamente a Zaragoza, donde será coronado en 1414 en el Palacio de la Aljafería, tras lo cual dirige su atención a la política exterior.

 

Normalizó la situación interna de Sicilia con el nombramiento en 1415 de su hijo Juan como virrey de Sicilia, logrando acabar con la guerra civil que desde el fallecimiento de Martín el Joven enfrentaba a la viuda de éste, Blanca Navarra, con el hijo ilegítimo de aquel, Fadrique de Luna. Pacificó Cerdeña, pactó una tregua con Génova y firmó tratados de amistad con Egipto y con el reino de Fez (1414).

En el cisma de Occidente, fue fiel a Benedicto XIII, su protector, aunque intentó que renunciase al pontificado, para lo cual se reunió con él en Morella (1414) y en Perpiñán (1415). La intransigencia de Benedicto, unida a la decisión tomada en el Concilio de Constanza que destituyó a los tres papas, hizo que Fernando le abandonara y le retirara la obediencia de sus reinos. El 14 de marzo de 1416 enfermó en Igualada, donde fallecería el 2 de abril, como recogimos en nuestro capítulo anterior.

 

Bibliografía:

- General José Ignacio Gutiérrez

- "Historias de Antequera", de Yegros, C. Fernández y Trinidad de Rojas.

- "La Conquista de Antequera por el Infante Don Fernando". Carlos Martínez Valverde.

- "La Toma de Antequera". Versión moderna de varios textos medievales, por Francisco López Estrada.

- Diccionario General Espasa.

- Fondo editorial de "El Sol de Antequera".

 
El Infante Don Fernando (III): renunció a ser Rey de Castilla para serlo después de Aragón PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Viernes, 06 de Agosto de 2010 18:28

Desde niño, el que sería Infante Don Fernando, se distinguió por su temperamento equilibrado e integridad, lo que hizo que, además de ser conocido como "Don Fernando El de Antequera", pasara a la Historia, como "el Honesto" o "el Justo".

Hay dudas sobre si nació en 1373, según el Cronista de "El Arte de Verificar las fechas"; 1379 –la fecha más aceptada– que señala el autor de "Datos" de Analistas Españoles o 1389, para el experto historiador Flores. Don Fernando tendría, pues, 31 años de edad, cuando conquistó Antequera. Fue hijo del Rey Juan I de Castilla y de la reina doña Leonor, hija de Pedro IV Rey de Aragón. Entró en la historia al morir Enrique III de Castilla, que le nombró albacea del heredero a la Corona el príncipe Juan II, cargo que desempeñó juntamente con la madre del niño, doña Catalina de Lancaster, que se hizo cargo de la regencia de Castilla la Vieja, mientras don Fernando lo hacía de Castilla la Nueva y Andalucía, a principios de 1407.

 

Los altos dignatarios de la Corte, como Juan II sólo tenía dos años, propusieron a su Regente que tomara posesión del trono como Rey. Don Fernando, no sólo lo rechazó con energía, sino que convocó en Toledo a prelados, caballeros, procuradores y nobles, conminándoles a la ciega obediencia y el recto servicio a su Rey Juan II –dando él mismo ejemplo–, al jurarle fidelidad, apartándose de la Corte, con el pretexto de dar nuevos impulsos a la Reconquista, permitiéndole controlar puntos estratégicos. Luego, tomaría sucesivamente Ortegícar, Santillán, Setenil...

En el año de 1408, reúne Cortes en Guadalajara, pidiendo dinero para continuar sus empresas conquistadoras. Tuvo que hacerlo a los mismos que había reprochado su invitación a ocupar el trono, y éstos, en revancha, se lo negaron. Don Fernando, opta entonces por la vía diplomática –en la que fue un gran experto–, firmando una tregua con el Rey de Granada. Durante los dos años que duró, el Infante no llevó a cabo ninguna incursión en terrenos dominados por los musulmanes, pero al expirar el pacto en la primavera de 1410, don Fernando, decide reemprender sus campañas, montando su primer campamento en Córdoba. Allí se planteó la duda de qué enclave conquistar, decidiéndose finalmente por nuestras tierras, y pronunciando su célebre "¡Sálganos el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera!". A partir de ahí, dio comienzo la conquista que le valió el reconocimiento como gran soldado y estratega.

 

Don Fernando es de nuevo protagonista de la Historia, cuando al morir sin sucesión directa el rey de Aragón Martín el Humano, se abría una nueva lucha dinástica por el trono entre seis candidatos: el duque de Calabria, descendiente de Pedro IV por línea femenina; el Conde de Luna, hijo bastardo del rey muerto; Jaime de Urgel, descendiente por línea masculina de un hermano del rey; Juan de Prades, del mismo origen; Alfonso Duque de Gandía y nuestro Don Fernando, hijo de doña Leonor, y nieto de Pedro IV. La cuestión se circunscribió entre los dos nietos, Jaime de Urgel y don Fernando. Se reúne en Caspe un consejo de notables, que proclama Rey de Aragón a don Fernando "El de Antequera" y, tras la intervención, de Benedicto XIII, el 28 de junio de 1412, era entronizado.

 

Pasó a la historia como un hombre que también luchó en los campos de la política dialéctica con catalanes, sicilianos y representantes de zonas de su Reino, pero "un rey de todos", poco amigo de las banderías, magnánimo con los suyos y leal con sus enemigos, citándose como ejemplo el nombramiento del catalán Bernardo de Gualbes como canciller, a pesar de haber sido uno de sus más encarnizados enemigos en Cataluña.

Falleció en Igualada. Según nos dicen, amabilísimamente, en el Archivo Histórico de dicha ciudad, tienen constancia de esa fecha y de incluso la casa donde murió, situada en su céntrica calle Nueva, donde hay colocada una lápida que recuerda este hecho. Nos informan, incluso, de que en los recorridos que hacen los turistas, señalan dicha casa como en la que murió Don Fernando "El de Antequera", justificándonos el por qué de morir en ella: los reyes solían acudir cada año a la localidad de Piera, pero al pasar por Igualada, Fernando se sintió muy enfermo de una dolencia renal, por lo que fue internado en dicha casa, y a pesar de los extraordinarios cuidados a que fue sometido, entregaba su alma a Dios, el 2 de abril de 1416. Dejaba seis hijos de su matrimonio con doña Leonor de Alburquerque, "la Rica Hembra": Alfonso, su sucesor; Juan, que sería Rey de Aragón al morir Alfonso sin descendencia; Enrique; Sancho que sería Gran Maestre de las Órdenes de Calatrava y Alcántara; María, que casó con Juan II de Castilla y fue la madre de Isabel la Católica, y Leonor, que se casó con Eduardo de Portugal.

 

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Bibliografía:

- "Historias de Antequera", de Yegros, C. Fernández y Trinidad de Rojas.

- "La Conquista de Antequera por el Infante Don Fernando". Carlos Martínez Valverde.

- "La Toma de Antequera". Versión moderna de varios textos medievales, por Francisco López Estrada.

- Diccionario General Espasa.

- Fondo editorial de "El Sol de Antequera".

 
La Antequera que conquistó el Infante Don Fernando (II): la Medinat Antaqira PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ángel Guerrero   
Viernes, 23 de Julio de 2010 18:53

Medinat Antaqira sería parecida, en sus mejores épocas, a las ciudades de su tipo, como las del norte africano: el "centro" era la "medina" o ciudad amurallada, con la mezquita, el alcázar y los mercados. Estaba rodeada de una muralla a la que se iban adosando barrios y de cuyas puertas nacían las calles principales que se distinguían, más anchas y empedradas, de las terrizas, tortuosas y con cambios continuos de dirección para lograr sombras contra el sol. Entre ellas, surgían pequeñas plazas con mercados o "zocos". Había "baños públicos", separados los de mujeres de los de hombres. Tenían cementerios independientes para musulmanes, cristianos o judíos, así como hospitales y leproserías.

Las grandes puertas se cerraban por la noche, en que policías armados y acompañados de perros y con faroles en la mano hacían la ronda para garantizar el descanso y evitar a los ladrones. El número de puertas determinaba la importancia de las ciudades.

Los barrios acogían a artesanos y comerciantes que se establecían agrupados, surgiendo calles de los curtidores, tejedores, zapateros, herradores, drogueros, pañeros, cantareros…

 

La vida diaria: el campo

Al amanecer salían al campo los labradores, de secano o regadío utilizando las aguas del Río de La Villa, transportadas por molinos y acequias. Trajeron las moras y los gusanos de seda, arroz, caña de azúcar, palmeras datileras, plantas aromáticas y medicinales y algodón, que se alternaban con los cultivos tradicionales de olivos, cereales, vides –aunque tenían prohibido el vino–, frutales y otros.

A mediodía crecía la animación en las calles, con mercaderes montando tenderetes con alimentos, especias, frutas exóticas, libros, tapices… Los barberos afeitaban en las esquinas y se instalaban puestos de freidurías de masas, aguadores, herbolarios… Completaban la estampa mendigos, ciegos con sus lazarillos, así como narradores de historias o cuentos.

 

Las casas

Las viviendas, muy parecidas, variaban en su interior según la riqueza, pues los ricos habitaban una mansión para ellos solos y los pobres compartían una entre varios. Fachadas lisas, ventanales estrechos y altura de dos pisos. Tras el portón, un zaguán por el que se accedía al patio, con galerías de columnas de mármol y macetas, arriates y pequeñas albercas o fuentes surtidores en medio. Al lado de las galerías habitaciones que servían de dormitorio por la noche y en la segunda planta, las mujeres. Las casas pobres eran por el estilo: puerta, zaguán, patio con pilares de ladrillo y habitaciones laterales ocupadas cada cual por una familia entera. Las mujeres hacían labores domésticas, distrayéndose asomándose a las celosías o en los días de baño acudiendo las amigas juntas.

Los muebles, grandes baúles con los enseres y utensilios; camas con colchones de lana y sábanas bordadas y las cunas, empapadores de cuero. En la cocina, platos, sartenes, ollas de cobre, cestos, con la despensa guardando aceite, harina, miel, vinagre, frutos secos, conservas y otros, todo cerrado con llave que custodiaba el padre. En las comidas, arroz y fritos; poca carne, sólo de animales que "balaran". En cuanto a la bebida, agua con esencias y jarabes hechos de membrillo, manzana, granada, limón, naranja, horchata… En invierno, braseros de carbón, y todo el año pequeños braseritos para incienso y plantas aromáticas. Para alumbrarse, velas de cera, candelabros o candiles.

 

La familia

Poder absoluto del padre que podía tener hasta cuatro esposas "oficiales" y los grandes señores, concubinas, pero en la práctica era muy escasa la poligamia por el costo que suponía.

En las bodas se fijaba la dote que el novio daría a la novia que, por su parte, aportaba ropas, enseres, tapices y otros para el hogar. Firmado el contrato se fijaba la fecha de la boda, consultando antes a un astrólogo que aconsejaba la más propicia. La fiesta comenzaba en casa de la novia, seguía en la del novio y concluía en el nuevo hogar. Ya casada, la mujer no podía enseñar el rostro más que al marido, quedando sometida por completo a su autoridad. Los días de baños se reunían las amigas para charlar y jugar; los viernes acudían a la mezquita y luego a los cementerios, lugar de citas por cierto para las viudas. La influencia de la mujer cristiana, que convivía en las madinas, hizo que poco a poco la mujer musulmana alcanzara logros: mujeres escritoras, poetisas, que no dudaban en denunciar al marido en caso de que la tratara mal y solicitando el divorcio que se concedía si los jueces comprobaban que los hechos eran ciertos.

Las mujeres se adornaban con joyas, bisutería y tras los baños, amplia gama de perfumes densos y dulces como el almizcle, el ámbar negro o los aceites perfumados.

 

Los niños

Cuatro era el número normal de hijos en una familia. La circuncisión se efectuaba al mismo tiempo para un grupo de niños, en medio de una fiesta a la que se invitaban a niños pobres. En la escuela, los niños aprendían a leer y escribir; cálculo y gramática, impartidos por maestros que a veces cobraban un salario o lo cambiaban por la manutención…

 
La Antequera que conquistó el Infante Don Fernando I: las primeras civilizaciones PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ánbgel Guerrero   
Viernes, 09 de Julio de 2010 17:36

Acercándonos ya a las fechas que marcan nada menos que el DC Aniversario de la Incorporación de Antequera al Reino cristiano de Castilla, bueno será referirnos a la ciudad que dio nombre a su conquistador. Para ello, repasando los tratados de F. AZNAR, J. GREUS, CRISTÓBAL FERNÁNDEZ, CABRERA, FERMÍN REQUENA y otros, recordar con brevedad que a la llegada de los romanos en el siglo I, impresionados sin duda por los vestigios megalíticos, la llamaron Antiquaria, del latín "Anticuus".

Sin embargo, no conviene olvidar que hay tesis que pretenden formar el nombre de Antikaria de las voces Antia y Aquaria. La primera, atribuida a un pueblo en cuyos restos creen que se edificase Antikaria y la segunda, procedente de la topografía de la ciudad para expresar la abundancia de aguas, pero la mayoría se inclina a su carácter de "conservadora de antigüedades" por la existencia cerca de ella de los monumentos de Singilia Barba, Nescania, Arastepi, Osqua y Astapa, todas ellas municipios libres.

El caso es que la fundación de Antequera va ligada a la aparición del municipio romano de Antiquaria o Antikaria donde existió el único Colegio de Pontífices de los Césares que hubo en España.

El vacío de datos entre los grandes complejos de la prehistoria y el gran legado romano, no es indicativo para ignorar posibles asentamientos de iberos, tartesios, fenicios y cartagineses, que queda patente en barros y sepulcros hallados en Cerro León, del término de Antequera.

Los germanos destruyeron, junto con Antikaria, Singilia, Nescania, Osqua y Aratispi, dejándolas arrasadas, aunque Singilia siguió habitable, como lo prueba su necrópolis, en uno de cuyos sarcófagos de plomo se encontró una moneda de oro de Witerico (603-610). Lo mismo sucede con Antikaria, en la cual entraron las tropas árabes mandadas por Abdelazis-Ben-Muza-Ben-Noseir, hacia el año 714.

 

El Final de la España romana. Las Invasiones bárbaras y bereberes

El Imperio romano, hundida su economía, débiles sus emperadores, desmenuzada su administración, depreciada la moneda arrastrando al comercio y la industria, acusó una fuerte crisis entre los años 200 y 300 de nuestra Era, crisis que determinó el abandono de las ciudades y una desbandada general hacia el campo, ante la garantía que ofrecía la producción de materias básicas.

Como todo esto debilitó el ejército romano, otrora invencible, las tribus procedentes de Asia empujaban a los pueblos del norte y del este de Europa a buscar otros terrenos donde instalarse, encontrando muy apropiados los de la vieja Roma, a la que invadieron, primero mediante una serie de aparentes "tratados amistosos", pero luego, al comprobar la inexistencia de ejército o su debilidad, como una invasión en toda regla, quemando, arrasando los campos, la ciudades, ganándose el apelativo de "bárbaros", de los que cerca de Antequera tenemos una muestra: en las catas realizadas hace años en el Castillón, sede de Singilia Barba, se aprecian a unos ochenta centímetros de profundidad del suelo, unos costurones de unos cuarenta centímetros, que no son sino las cenizas de esa invasión "bárbara"; a la España Romana, sucede la España Visigoda, establecida en el año 409.

Una vez establecidos, los visigodos introducen cultivos como las espinacas y las alcachofas, pero sin igualar la riqueza agraria lograda por los romanos, agravándose la situación por unas plagas que contribuyeron a la ruina económica. Mientras, los hispano romanos se fueron mezclando con los invasores, en un mestizaje que permitió ocupar las ciudades que permanecían en pie o que se reedificaron.

Al igual que ocurrió a los romanos, los visigodos, que no tenían monarquía hereditaria, se debilitaron en las guerras sucesorias. En el año 710, al morir Witiza, lega la corona a sus hijos Agila y Ardobasto, pero la nobleza consideraba que al ser niños prácticamente, el candidato idóneo era Roderico o Rodrigo, que sería el elegido, pero los partidarios de los hijos de Witiza, no se conformaron y llamaron en su ayuda a los bereberes establecidos al otro lado del Estrecho de Gibraltar, soldados mercenarios a los que prometieron grandes riquezas. En el año 711, don Rodrigo es derrotado en la batalla de laco o Guadalete, pero una vez ganada la batalla los bereberes se dieron cuenta de que podían hacerse fácilmente con la península, despoblada y sin ejércitos organizados, de forma que la indefensión de los pueblos hispano–visigodos, ante la sorpresa de quienes les llamaron en su ayuda–, comprobaron la invasión de España que, en la mayoría del territorio hispano fue pacífica, al no tener ejército que se les enfrentara.

La Historia, como vemos, se repite, y los musulmanes se fueron apoderando de la mayor parte de la España visigoda, salvo un reducto inaccesible en el norte de la península, donde se guareció don Pelayo, cuyo papel sería decisivo unos años más tarde. Pero mientras, como decimos más arriba, hacia el año 714 ya tenemos a los musulmanes en nuestro terreno, transformando la Antikaria romana-visigoda en la Madina Antaqira.

 

(Continuará: II. Los Musulmanes en Antequera)

 
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