Antes de comenzar mis palabras, y como no puede ser de otra forma, ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos! Un cristiano nunca puede olvidar celebrar la alegría que supone el paso de la muerte a la vida de nuestro Señor Jesucristo, verdadero y único motivo de que llamemos comúnmente “Semana Grande” a nuestra Semana Santa.

Hemos vivido días intensos de una Cuaresma que, más allá de ser un tiempo de preparación de cuarenta días para el Triduo Pascual, se va alargando en el tiempo, incluso abordando fechas anteriores al Miércoles de Ceniza, donde se nos va anunciando con suficiente antelación, las fechas que íbamos a celebrar, mediante actos como la presentación del Cartel y el Pregón de la Semana Santa en Antequera. 
 
Estos actos nos lanzaban ese aviso de todo lo que iba a acontecer a lo largo de la Cuaresma, donde todas las Hermandades de Pasión celebraban sus cultos y actos cofrades –incluso algunas hermandades de Gloria también–, llegándose a respirar un ambiente de intenso trabajo, presencia y convivencia en nuestras Hermandades. ¡Qué bonito es ver como todos los hermanos de una corporación se vuelcan en las cosas que los unen! 
 
El tiempo en Semana Santa ha sido revisado una y otra vez por todos los cofrades, algunos con sustos imprevistos, unos con previsiones adversas y otros con meteorología favorable, que han dado lugar a que, cada cual, haya podido cumplir con su misión de evangelización en Antequera, de llevar la fe a las calles para aquellos que no la viven dentro del templo. 
 
Sin embargo, esa intensidad que tanta envidia me provoca, ese fervor que todos los antequeranos cofrades sentimos en Cuaresma y durante la Semana Santa, cada vez más se va diluyendo al concluir ésta. ¡Qué curioso! ¡Si es cuando más alegres debemos estar!
 
Dolor me provoca el ver que frases como “Feliz Pascua de Resurrección” o “Feliz Pascua” se van perdiendo en el vocablo de los que somos cristianos y cofrades cuando retomamos nuestra actividad ordinaria al acabar la Semana Santa. No sé si es por miedo o vergüenza a la hora de decirlo a otros, vaya a que digan “¿qué dice éste?” o porque –y esto todavía me da aún más miedo– realmente se nos olvide decirlo.
 
Los cristianos debemos recordar intensamente los últimos pasos de Jesús, desde su entrada triunfal en Jerusalén, pasando por la institución de la eucaristía y del sacerdocio que ocurriera en la última cena, siguiendo por la pasión y la muerte en cruz de nuestro Señor, pero, y sobre todo, celebrar con fiesta, alegría y algarabía la Resurrección de Jesús, verdadero motivo de nuestra fe y de nuestro ser cristiano. 
 
Un tiempo de preparación y de intensidad de cuarenta días que hemos dejado atrás, y cincuenta que son los que vienen en esta Pascua que, deberían darnos aún una actividad más intensa a partir de ello. Ahora, “es el turno de las Hermandades de Gloria”de transmitir esto, al igual que muy bien lo han hecho antes las de Pasión, pero no debemos olvidarnos que todos, ante todo, somos CRISTIANOS y,por tanto, tenemos que celebrar todos los tiempos como merecen. 
 
Si no fuese así, creo que estaríamos equivocándonos al celebrar con gloria y júbilo la Pasión, y sin embargo, padeciendo el tiempo de Gloria. ¡Vivamos alegremente la Resurrección de Jesús, llevémoslo a nuestra rutina y a nuestra vida de parroquia, hermandades y cofradías, y celebremos a boca llena el paso de la muerte a la vida de nuestro señor jesús! ¡Feliz Pascua de Resurrección!