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José cierra el Génesis. Sus hermanos, que lo odiaban y envidiaban porque era el hijo al que más amaba Jacob, lo venden a unos mercaderes. Estos lo venden al ministro y jefe de la guardia del faraón. Prosperan los asuntos que se le encargan y gana en relevancia social. La esposa del ministro lo denuncia falsamente de haber intentado yacer con ella y es encerrado. En la cárcel, José adivina los sueños del jefe de los coperos y del de los reposteros. El primero de ellos es repuesto en su antiguo lugar junto al faraón. Cuando éste tiene un sueño que nadie consigue descifrar el restablecido copero se acuerda del hebreo. José interpreta el sueño del faraón y éste, agradecido, lo nombra virrey de Egipto.
 
Bajos sus órdenes, se almacena trigo en los siete años de abundancia que dará sustento a la población en los siete años de hambruna. Sus hermanos de Canaán bajan a Egipto a comprar alimentos. José los reconoce inmediatamente. Lejos de vengarse, –es un hombre de Dios–, les da alimentos gratis, los obliga a volver con su hermano pequeño, les confiesa quién es él y hace traer a su padre con toda su familia a Egipto, donde vivirán y prosperarán lejos de la hambruna. Al morir Jacob-Israel, es enterrado en Canaán en el sepulcro de Abraham e Isaac. José muere en Egipto con el juramento de sus hermanos de que sus restos mortales serán llevados a Canaán.
La historia de José, desde su niñez hasta su muerte, es muy novelesca y apropiada para llevarla al cine. También es muy verosímil. En aquella época dominaba Egipto el pueblo de los hicsos, que sentía simpatía por los hebreos. Y, dada la fertilidad del valle del Nilo, era habitual que los pueblos limítrofes fuesen a Egipto en busca de alimentos en las hambrunas. Con José se abre una nueva fase en la historia del pueblo hebreo, pues vivirá en lo sucesivo varios siglos en un país extranjero, sometido a veces a condiciones de vida muy duras. Esta situación terminará con la intervención de Dios, por medio de Moisés, sacando a su pueblo del cautiverio y conduciéndolo a la tierra prometida.
 
José, como tantos personajes bíblicos, sufre la injusticia de sus semejantes. Pero nunca deja de ser honrado e íntegro, porque él es un elegido de Dios. Todos los asuntos de que se ocupa bajo la tutela del ministro del faraón progresan maravillosamente hasta el punto que Putifar lo nombra mayordomo de su casa y administrador de todos sus bienes, el jefe de la cárcel le confía todos los asuntos y, sobre todo, José, que dice que la capacidad de interpretar los sueños es propia de Dios, interpreta los del jefe de los coperos, del jefe de los reposteros del faraón y de éste último. Todavía más, José dirá a sus hermanos que al venderlo a él no le hicieron un mal, sino que Dios se valió de esa venta para que él fuera a Egipto antes que ellos y su padre, y pudiera así proporcionarles alimentos para la supervivencia de su pueblo en la época de la hambruna.